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Es prudente no fiarse por entero de quienes nos han engañado una vez. (Descartes) |
| los sexos de la política |
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|
| escrito por José Javier Torija Rodríguez | |
| miércoles, 23 de abril de 2008 | |
|
Si Sin
embargo, las formas políticas de gobierno no se han alternado en ¿Y cómo es
que los hombres se han dejado gobernar por uno solo cuando en la mayoría de los
casos han sido gobiernos crueles y represivos para con ellos? En el origen de
la dominación está la violencia, pues no hay esclavos, ni siervos, ni súbditos si
la relación de sometimiento no está fundamentada en última instancia, ni
nacida, en la violencia. Pero no basta con decir que la sumisión nace de la
violencia si la relación no puede sostenerse indefinidamente por ésta. ¿Entonces,
cuál es la razón por la que el todo
se subordina al uno con la ausencia
aparente de la violencia? Si la
relación de dominación política ha de mantenerse sin violencia, ésta debe
mirarse en el espejo de Podemos
recordar lo que nos dice Homero por
boca de Ulises en De este
modo, en teoría política, allá donde el rey es el soberano –es decir que tiene
el poder de decisión- la sumisión es absoluta, por eso en las monarquías
absolutas europeas de la época barroca el monarca absoluto no está sujeto a
leyes escritas sino sólo a la ley natural o ley divina. La identificación
de la realeza con lo sagrado frente a los súbditos identificados con lo mundano
se basa en la alianza entre el poder político y el poder religioso. Sin
embargo, el rey no es sagrado sin la intervención de Esta unión
entre Ahora el Estado avanza hacia el laicismo, pero
esto no significa la desaparición de Por eso a
veces se dice: “las democracias
occidentales”, o “éste es un país
democrático”, o “en los antiguos
países del Este no había democracia”, y enunciados de ese estilo, pues el
término democracia adquiere un status
mítico al relacionársele con la estructuración política devenida de la
separación de los tres poderes y la separación de Iglesia y Estado, es
decir su origen en Con El nuevo
régimen opera como un sistema político nuevo, pero subordinado, como si fuese la
cara política del Sistema. Para el Sistema la estructura política no es sino
una estructura más dentro de éste, y en cuyo núcleo está alojada la estructura
económica, que predomina sobre las demás, algo que no debemos perder de vista
siempre que hablemos del nuevo régimen como el escaparate político del “Sistema”. Éste, el Sistema,
permite –a nivel político- que el nuevo régimen ofrezca al electorado la
libertad de elegir entre los distintos partidos políticos, y éstos, obrando de
forma independiente entre sí, tratan de ofrecer programas electorales que
seduzcan al electorado y que les permita ganar cuota de poder en
Si se me
permite la analogía, de la misma manera que los seres vivos afinan su
estrategia de supervivencia y evolución generando los sexos y separándolos en
individuos morfológicamente diferenciados (dioicos), en Y el lenguaje del discurso
no es neutral. Toda división epistemológica está comprometida con una
determinada metafísica, pues todo modelo de conocimiento de ciertos objetos
está comprometido con la existencia de estos objetos. Así pues, lo que empieza
siendo el empleo inocente de un conocimiento sobre el ámbito político
(distinción entre qué es la derecha y
qué es la izquierda), está
comprometiéndose –de antemano- con una determinada visión política, pues quien fuerza
la división cognoscitiva (teórica) de izquierda y derecha está apuntando a que esa
izquierda y derecha de las que habla son reales y que coinciden necesariamente con la interpretación
cognoscitiva. La división, que primariamente es epistemológica, se troca en una
división ontológica. Hay un desplazamiento de realidad de lo puramente cognoscitivo
al orden de lo real, socialmente hablando. Y he aquí que el análisis político dominante
debe cumplir dos tareas (que abordamos): la de servir para expulsar toda
crítica profunda del Sistema y la de servir para garantizar una composición del
poder político que sea funcional para el Sistema. En la
primera tarea, hay una violencia ontológica que fuerza a que la izquierda
teórica sea para todos “la izquierda”
(aquella que el Sistema permite, aquella que postula progresos o cambios en
elementos no estructurales), y la extrema izquierda sea para todos lo que el Sistema entiende como “anti-sistema” (aquella que quiere cambiar el sistema, pero
añadiendo subliminalmente que es violenta, que trae el caos,…). Insisto, como
el lenguaje no es neutral, el Sistema presenta a través de sus intermediarios a
determinados partidos como “anti-sistema”
y a determinados otros como “extrema
derecha” o “extrema izquierda”, y
esta presentación no “cae en saco roto”
porque el hombre ingenuo aborrece los extremos. Y lo aborrece porque en su
sabiduría popular reza la máxima siguiente: “Todos
los extremos son malos”, que no es sino una vulgarización perversa de la
prudencia aristotélica que entiende la virtud como término medio entre dos
extremos considerados como vicios. A la que hay que añadir la infundada
afirmación: “Todos los extremos se tocan”.
Con lo que para evitar distinguirlos se les funde en lo mismo. Se desprende de
esta sabiduría popular que el medio es lo bueno, bien izquierda o derecha, pero
en cualquier caso que no sea extrema, por tanto es bueno la moderación política,
ser moderado y no-extremista. Aquel que no concuerde que es buena la moderación
es que es un loco exaltado, un fanático. Esto no
quiere decir que la cosmovisión política ofrecida por el nuevo régimen, que
está propagada por los Medios de Comunicación y que acaba extendida en toda la
sociedad (ya que entiende que no hay nada que deba “salirse del juego político”) sea la única cosmovisión posible. Una
alternativa, entre muchas, podría ser la siguiente: aquella en que las
tendencias políticas estarían definidas por las que postulan el cambio o las que postulan la conservación del Sistema.
En tal caso, la posición en el dibujo de esta nueva línea pondría en la izquierda
a ciertos planteamientos calificados en el esquema dominante como “anti-sistema”, pues son críticas con el
Capitalismo, y en la derecha a los partidos pro-sistema. ¿Qué podría entenderse
en este nuevo esquema por medio y extremo? Desde luego, el hombre ingenuo actual
sería un extremista: al optar por “la moderación política” del esquema anterior
opta por la conservación del Sistema, luego sería extremadamente “moderado” por
preferir la conservación al cambio de las cosas. En cuanto
a la segunda tarea –la de lograr la funcionalidad para el sistema de la
composición del poder político- hay que decir lo siguiente: el análisis
político dominante trata de influir en los resultados, como un factor más que
allane el camino de la gobernabilidad a los partidos hegemónicos, aunque en “las reglas del juego” electoral ya está
en parte adelantado el resultado de composición del Congreso. La tipología de
las leyes electorales, en cuanto a la traducción de votos en congresistas,
podemos resumirlas en tres casos: tipo 1- proporcional, tipo 2 – por ganador en
la circunscripción electoral y tipo 3 – mixto. Israel es
un ejemplo de Estado donde se aplican leyes electorales del tipo 1. El
Parlamento está compuesto por diputados de cada partido político en un número
proporcional al número de votos que han obtenido en todo el Estado. Cada
diputado de un partido político determinado ha sido elegido con un número
semejante de votos a los de los diputados de los demás partidos políticos
representados en Suele
ocurrir que el partido más votado no obtenga –ni con mucho- la mayoría de En
resumen, es cierto que la funcionalidad del gobierno, desde el punto de vista
del ganador partido mayoritario que tiene la tarea de gobernar, se ve mermada
por estas situaciones de debilidad por verse necesitado de pactos con otros y no
poder gobernar en solitario. Sin embargo, esto no supone ningún perjuicio para
el Sistema. Al fin y al cabo todos los partidos con posibilidades apoyan el
Sistema, y en caso de una nueva convocatoria de elecciones por ingobernabilidad
puede que cambie el número de diputados de cada partido, éstos lucharán por obtener
mayor cuota de poder pero no cuestionarán al propio Sistema. Luego, más de lo
mismo. Estados
Unidos y el Reino Unido pueden ser dos de los ejemplos de Estado en donde se
aplican leyes electorales del tipo 2. Para empezar con diferencias respecto del
tipo anterior, aquí el Estado se divide en circunscripciones electorales (que
coinciden con ciertas entidades administrativas). El Parlamento se compone de
los diputados electos en cada una de ellas. Los diputados que salen elegidos en
cada circunscripción son del partido político más votado en ésta. De tal modo
que, aunque en una determinada circunscripción haya un “empate técnico”[4],
un simple “puñado” de votos puede “bascular” la situación haciendo que el
partido más votado se lleve todos los diputados y los demás partidos ninguno. A nivel
práctico, los votantes suelen concentrar sus votos en aquellos partidos
políticos, bien de “izquierdas” o bien de “derechas”, que tengan posibilidades
prácticas de obtener la mayoría. En consecuencia, a nivel estatal, el
Parlamento se fragmenta en dos grupos que corresponden a los dos partidos
mayoritarios, uno de “izquierda” y otro de “derecha”. Es de notar que, si por
alguna causa extraña, en alguna circunscripción sale como ganador otro partido
distinto a los dos mayoritarios, éste no tiene ninguna posibilidad de
intervenir en el gobierno ya que este reparto no-lineal de los diputados apenas
deja posibilidades a la aparición de partidos-bisagra. Como
resumen, este tipo de ley está planificada para que exista el binarismo
político. Lo que supone la reducción máxima que puede hacerse de una pluralidad
sin caer descaradamente en el partido único. La supresión de la pluralidad hace
que muchas capas de la población no se sienta representada y no acuda a votar o
vaya a votar con el poco entusiasmo de votar al candidato que no es el que
quiere que no gane. Lo que implica que en donde existe este tipo de ley
electoral, la abstención es alta. El Sistema queda satisfecho pues por un lado
la población tolera el binarismo y por el otro la alternancia funcional de los
dos partidos mayoritarios supone una continuidad del Sistema, sin posible
discusión. España es
un ejemplo de Estado donde se aplican leyes electorales del tipo 3. Igual que
en los Estados en donde se aplican el tipo 2, el Estado está divido en
circunscripciones electorales, y a cada una de éstas le corresponde un número
determinado de diputados. Pero se diferencian en que los diputados elegidos por
circunscripción de un determinado partido son proporcionales al número de votos
obtenidos y, a diferencia del tipo 1, las circunscripciones no tienen un número
proporcional de diputados respecto del censo electoral (población). A nivel
práctico, aunque menos pronunciado que en el tipo 2, los votantes concentran el
voto en “el voto útil”, que es votar por el partido de “derecha” o “izquierda”,
según su preferencia, que tenga más posibilidades prácticas de obtener al menos
la mayoría simple. Esto ocurre en las circunscripciones con menos diputados,
pues los partidos minoritarios tienen pocas posibilidades de obtener ni uno
solo. Sin embargo, en aquellas circunscripciones con más diputados existen más
posibilidades de estos partidos minoritarios de obtener algún diputado, y todo
esto con un coste mayor de votos por diputado que para los partidos
mayoritarios. Como
consecuencia de todo esto, la composición parlamentaria puede permitir dos
tipos de gobierno: 1- Cuando
el partido mayoritario (bien de “derecha”, bien de “izquierda”) tiene la
mayoría absoluta, suficiente para gobernar en solitario sin problemas de
pactos, y en este caso se da un gobierno unipartidista como en el caso de leyes
de tipo 2. 2- Cuando
no hay mayoría absoluta del partido más votado, éste se ve forzado a gobernar
buscando pactos con los partidos-bisagra. En este caso, los partidos-bisagra no
son de ámbito estatal sino regional (partidos nacionalistas). Imaginemos
por un momento un caso hipotético de Estado con leyes del tipo 1 y pudiésemos
escamotear a los votantes que tras las elecciones vamos también a aplicar leyes
del tipo 3 (de este modo nos aseguramos que los votantes votan engañados
respecto de cómo se empleará su voto) El mismo evento electoral daría lugar a
dos Parlamentos compuestos de forma diferente según apliquemos una ley
electoral u otra. Al aplicar las leyes del tipo 3 tendríamos las siguientes
variaciones: Aumento importante de los partidos mayoritarios de la “izquierda”
y de la “derecha” de ámbito estatal, una importantísima reducción de los
diputados de partidos minoritarios de cualquier sexo (signo) político de ámbito
estatal y una espectacular emergencia de partidos nacionalistas que apenas si
habrían obtenido representación aplicando la ley del tipo 1. Es fácil advertir,
a la inversa, el porqué es muy difícil cambiar de ley electoral del tipo 3 al
tipo 1: En un Parlamento resultante de leyes electorales del tipo 3 los
partidos mayoritarios de ámbito estatal tendrían que aprobar unas leyes que
recortarían su propia cuota de poder, lo cual es harto difícil, tendrían que
aprobarlas en contra de los partidos nacionalistas (sus socios para gobernar
cuando no tienen mayorías absolutas) que quedarían “barridos” del Parlamento. Y
todo esto para beneficiar la presencia de partidos minoritarios de ámbito
estatal, que además rivalizarían con ellos respecto de sus propio electorado,
que estarían obligados a ir en coalición con ellos cuando formaran gobierno, y
que su electorado pueda cambiar su voto porque ellos pueden “hacerlo mejor” y
con la posibilidad añadida de quedar relegados a ser minoritarios. Existen
tantos intereses de los partidos políticos beneficiados por esta ley que parece
muy improbable que se cambien las leyes electorales en España hacia las de tipo
1. Max Weber ya nos advertía de la nueva
primacía de la esfera económica sobre la esfera política, el Sistema, cuyo
núcleo es económico, si es que no nos hemos olvidado, ha sido capaz de
convertir Como los
partidos que tienen posibilidades de obtener el poder político se reducen a
dos, que además son los que están encumbrados por los Medios de Comunicación
con beneplácito del poder económico, resulta que el Sistema se autorreproduce,
y ya pueden haber las leyes electorales del tipo que sean, porque a través del
sistema binario (que es resultante en todas las elecciones) “todo permanece atado y bien atado”, el Sistema continúa porque el
poder político deja intactas las bases económicas. Para mayor ironía el Sistema
se legitima porque la población acude a votar y “quien ha ganado hoy ha sido la democracia” ¿no es lo que nos dicen
ganadores y vencidos en cada evento electoral? Se trata de que vayan con obediencia a votar satisfaciendo "el deber de todo buen ciudadano". Gana la democracia, gana el ciudadano, pero quien gana realmente es el
Sistema, que se autoperpetúa. Se puede
contraargumentar que si hay una alternativa contra el Sistema, que se presente
a las elecciones como un partido más. Pero es un argumento falaz: - Primero
porque para ser admitido en el club de los partidos que pueden presentarse a
las elecciones sus objetivos han de ser “democráticos”,
según el lenguaje del Sistema, es decir que no pongan en cuestión al sistema
representativo, y todavía menos al Sistema mismo. - Segundo,
que al ser un partido enemigo del Sistema tendría que sobreponerse a la
denostación de todos los Medios de Comunicación quienes están al
servicio del poder económico, por tanto del Sistema. - Tercero,
que en caso extraño de que obtuviera la mayoría simple, no se le permitiría
gobernar, ya sea porque estaría siempre a punto de volver a ser ilegalizado por
ir contra el Sistema, bien porque habría una coalición de todos los demás
partidos vetando el gobierno, en este sentido podemos recordar el caso italiano
durante la guerra fría, el PCI nunca
pudo acceder al gobierno porque lo impidió el
Pentapartido (coalición de los demás partidos, incluido el Partido Socialista) - Cuarto,
que en el caso todavía más extraño de que obtuviera una mayoría absoluta,
tampoco se le permitiría gobernar. ¿Cómo? Hay varias formas, puede usarse “el
modo argelino”: cuando los primeros avances del recuento de votos da al FIS (Frente Islámico de Salvación)
el 80% de los votos, el Sistema empieza a mostrar su oscura identidad, cuando
el ejército interrumpe “la fiesta de la
democracia” y ahí se acaba la voluntad popular. Cuando años más tarde, con
los dirigentes del FIS encarcelados,
el FIS ilegalizado, ya pueden
hacerse nuevas elecciones con partidos domésticos. También puede usarse “el
modo chileno”: Salvador Allende
habiendo ganado en las urnas no “tocó” el sistema político del nuevo régimen,
pero “tocó” “lo intocable”: el sistema económico (nacionalización –entre otras-
de los recursos estratégicos del país que proporcionaban divisas), con lo que Pinochet tuvo la bendición de hacer
“una santa cruzada contra el comunismo”. Si se nos contraargumentara de que han
existido casos en que ha habido un cambio de sistema político por las urnas, como el caso
alemán, diríamos que el ascenso al poder de Hitler a través de las urnas supuso el cambio de sistema político,
es cierto, con la abolición de la democracia representativa de Ya estamos
advertidos, en este sentido también, por
Max Weber que nos ha declarado quién es el que tiene el monopolio de la
violencia. Ahora, que alguien trate de abolir Concluyendo,
el espíritu de El nuevo
régimen tiene su propio discurso autolegitimador. Si en todo lenguaje las
palabras son significantes que apuntan a significados, el lenguaje en política
modifica la relación primaria entre significante y significado que acaba por no ser
neutral, ya que detrás de las palabras hay un interés implícito que ha
terminado por desplazarlas a ciertos otros significados, creando una ontología
ficticia pero reconocida como verdadera por todos. Cuando se dice que “aquí hay democracia” todos interpretan
exactamente eso; que hay democracia, pero el referente real es la democracia
representativa, cuando se habla de “soberanía
popular” el referente real es el poder de los partidos surgidos de esta
democracia indirecta y son, en definitiva, quienes tienen el poder de decisión.
La democracia originaria, la clásica, no tiene que ver con este sentido moderno
que consiste en un sistema representativo basado en el sufragio universal y en
los partidos políticos. Los tres poderes “separados”: el ejecutivo, el
legislativo y el judicial son interdependientes en realidad. Son los partidos
electos, representados en la cámara, los que legislan. De los partidos electos
surgen los gobiernos, el ejecutivo. Y en cuanto al tercer poder, el judicial,
éste ha de interpretar las leyes que surgen del legislativo. El esquema
derecha-conservadora e izquierda-progresista está usado por el sistema binario
como un efecto performativo que genera una sensación en el electorado de
diversidad. Las categorías “derecha” e “izquierda” son apropiadas por el
sistema, desplazados sus contenidos, e instrumentalizados por el régimen
político para su autoconsolidación. La
libertad queda atrapada en el discurso. Aquí libertad política no es que un
determinado partido pueda estar legalizado o no (permiso de una completa
pluralidad, algo que tiene su importancia), o que se pueda expresar, por
ejemplo, si queremos que haya rey o no (la libertad de expresión tiene también su
importancia). No se trata de eso. Los hombres desde el Neolítico hemos formado
sociedades de esclavos, con un poder creciente de dominación, un poder que ha
aprendido cómo usar las armas de la persuasión y la seducción para que los
propios dominados mantengan la relación de dominación, sin el coste de la
violencia continua. Nunca hemos formado sociedades de hombres libres, o si las
hemos empezado construir ya se han encargado de aplastarlas por medio de la
violencia. Lo que hemos construido podemos destruirlo, para construirlo de
nuevo. Aquí libertad política sería cuando la voluntad política esté basada
real –y no sólo formalmente- en la soberanía popular, y se tenga la
permisividad de cambiar la estructura de la sociedad que ha construido, cuando
quisiera. Hay una
nueva relación entre verdad y poder. El poder se impone como verdad, y una vez
que es asumida como verdad, ésta supone la legitimación del poder, pues el
valor de verdad queda ligado a la construcción de modelos de realidad
superimpuestos y su consciente legitimación. No importa que cada partido luche
por su cuota de poder, sirviendo a sus propios intereses, porque todos los
partidos tomados en conjunto sirven al Sistema, quien a su vez les legitima,
deslegitimando a los que ponen en cuestión el Sistema llamándolos “anti-sistema” (curiosamente, los
partidos legitimados por el sistema que consolidan al sistema no son llamados “partidos del Sistema”, aunque lo sean). ¿Qué queda
del lema ilustrado? ¿Solidaridad? Absolutamente nada. ¿Igualdad? El sistema
representativo declara que es el mejor de los sistemas posibles, se
autoadjetiva como “democrático” y se identifica como “la última razón”. ¿Ser la última razón? Pero, en
definitiva, ¿no es eso el fundamentalismo? La baza del sistema representativo
ha sido adjudicar a los totalitarismos la falta de libertad y de la imposición
de una verdad. Si como tal entendemos al totalitarismo, y el sistema
representativo es en la práctica un sistema binario que plantea dos partidos,
no alternativos, sino complementarios que forman parte de un solo sistema
excluyente, de una sola verdad, hay que concluir que el sistema representativo
es totalitario. Al
comienzo del artículo decíamos que [1] La palabra “Dios” procede del griego, del sustantivo irregular Ζεύς, Διός, que designa al dios Zeus, hijo del dios Cronos. [2] Según los países, la estructura puede ser bicameral. [3] Estamos ya bien acostumbrados a
ver en los medios de masas gráficos que simbolizan al arco parlamentario o la
intención de voto en porciones coloreadas de azul y rojo. La asociación,
aparentemente neutral, derecha con el color azul e izquierda con el color rojo refuerza
la impresión de diferenciación y, por tanto, refuerza un tipo concreto de pluralidad
aparente, el binarismo político. Sin embargo, el binarismo político, entendido
como un sistema binario es un tipo de unidad con dos polos, pero unidad al fin
y al cabo.
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