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El amor al dinero como posesión –en tanto distinto del amor al dinero como medio para las alegrías y realidades del mundo- será (en el futuro) reconocido como lo que es: un tipo de repugnante enfermedad, una de esas propensiones semi-criminales, semi-patológicas, que uno entrega con cierto estremecimiento a los especialistas en salud mental (J.M.Keynes) |
| VIETNAM: la guerra olvidada |
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| escrito por Juan Carlos Sáez Rodríguez | |
| miércoles, 04 de febrero de 2009 | |
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El 30 de abril de 1975 el mundo pudo presenciar la evacuación de la embajada de Estados Unidos en Vietnam del Sur. A través de la televisión se evidenció que el imperialismo había perdido otra batalla, y apenas tenía tiempo de hacer las maletas. El Ejército Popular de Vietnam del Norte estaba ultimando la toma de Saigón, así que no hubo más remedio que irse con lo puesto y salir con helicópteros. La enésima guerra en Vietnam había terminado, aunque esta vez tampoco sería la última… Impresiones
retrospectivas. Uno de los más impactantes recuerdos de mi infancia,
cuando la tele era en blanco y negro, fue ver en el telediario la noticia que
se repetía todos los días: la guerra del
Vietnam. Eran casi siempre imágenes impresionantes de tiroteos, “aviones supersónicos” arrojando bombas,
despliegues de helicópteros y soldados en pleno combate; traslado de heridos y
cadáveres abandonados. Podían verse en escenarios de tupida selva, así como en
calles repletas de miseria y desolación. La gente menuda de ese lugar contrastaba vivamente con los
robustos soldados made in USA, quienes
se movían en aquellos escenarios con “aires”
que se me antojaban muy similares a los del “séptimo de caballería”, de esas viejas “películas del Oeste” que
ponían en la tele en aquellos tiempos. Pero nadie se explicaba la presencia del
“séptimo” en aquella remota región de
Asia. Antecedentes
históricos. Laos, Camboya y Vietnam
conforman esa región del sudeste asiático conocida como Indochina que sufrieron una larga agonía a partir de la rendición
de Japón en 1945. El conflicto
continuaría hasta bien entrada la década de los noventa, y dejaría cicatrices
imborrables en estos países. También en Estados
Unidos. Para tratar de comprender la situación hay que tener en
cuenta el hecho de que Vietnam es el único país del mundo que
ha derrotado militarmente a tres de los cinco miembros permanentes del Consejo
de Seguridad de Se trata de un país con una historia de más de dos mil
años, cuyos inicios se representan como una colonia de China y no fue sino hasta 1428, tras múltiples y cruentas guerras,
cuando Vietnam consiguió
desembarazarse finalmente de su codicioso vecino del norte. A partir del siglo XVII comenzó la afluencia de misioneros
franceses, quienes llevaron las semillas de la cultura occidental, junto con el
catolicismo, que serviría de contrapunto al budismo como religión autóctona y
mayoritaria de las clases populares. En 1883 Francia toma posesión de Vietnam,
que divide el país en tres departamentos, y le cambia el nombre por el de Indochina. La lucha por la
independencia. La resistencia a la ocupación creció a medida que surgió
el rostro cruel del colonialismo francés, y a principios del siglo XX se hizo
irreversible como elemento renovador de su conciencia nacional, representada
por el movimiento Viet Minh (Liga
por Todo esto culminó en una larga y feroz guerra (1946-1954)
que acabó con la victoria vietnamita en la decisiva batalla de Dien Bien Phu, librada contra la crema
del cuerpo expedicionario francés, que tuvo que salir humillado y derrotado por
el ejército popular del general Vo
Nguyen Giap. El colonialismo francés comenzó a darse cuenta de que sus atávicos
días de gloria entraban en el ocaso. En Pero estas elecciones nunca se llevaron a cabo por la
decisión de Estados Unidos, que
intervino para construir un nuevo país de artificio llamado Vietnam del Sur, alejado de los
parámetros colectivistas del Norte, y
destinado a proyectar la imagen de lo que iba a constituir el escaparate ante
el mundo de su versión de “democracia”
y “libre comercio” en Asia. La época es de plena guerra fría, y el Departamento de Estado
consideraba que el mundo era de su exclusiva competencia. El Secretario de Estado de aquella época es John Foster Dulles, accionista de Foster Dulles obtuvo la celebridad al negarse a
estrechar la mano de Zou Enlai, el
representante chino en John Foster Dulles encarna pues lo más granado de la
casta imperialista, anticomunista y reaccionaria que todavía ostenta el poder
en Estados Unidos. Atrás quedaron los días de vino y rosas de Todo esto se vino al traste con la llegada a la
presidencia de Estados Unidos de Harry Truman, quien estableció su
propia doctrina basada en la confrontación entre la alianza del llamado “mundo libre”, y el “avance” del comunismo en el mundo. Truman fue un presidente convencional y
falto de la audacia necesaria en aquellos días como para hacer que los países
sujetos al colonialismo obtuvieran el apoyo de Estados Unidos en su lucha de liberación nacional, para al mismo
tiempo, alejarlos de “la competencia”,
es decir, los países del llamado “campo
socialista”. La realidad es que apoyó la política colonialista del
gobierno francés nada más terminada Esta política fue decepcionante para todos los pueblos que
anhelaban librarse del colonialismo, y en especial para el pueblo vietnamita,
que se había enfrentado bravamente a la ocupación japonesa, y llevó a la
ruptura de buenas relaciones que había mantenido el Viet Minh con Estados Unidos,
a través de Al finalizar El 2 de Septiembre de 1945 se llevó a cabo un mitin en la
plaza Ba Dinh de Hanoi, que congregó a cerca de medio
millón de personas que acudieron para celebrar la proclamación de
independencia. Los miembros de Sin embargo, la negativa de Francia a aceptar esta realidad política, y el inmediato apoyo
norteamericano condujeron a Dien Bien Phu,
que significaron la desaparición definitiva del colonialismo francés en la
región, y de alguna manera el principio de la intervención norteamericana, que
tomó el relevo. Esto hizo que el pueblo vietnamita entendiera que estaban en
guerra contra Estados Unidos, sin
que hubiera habido roce alguno. El general De
Gaulle tuvo ocasión de confesar a Eisenhower:
“No saben ustedes dónde se han metido…”. La partida de
dominó. Al día siguiente de la rendición en Dien Bien Phu, se reunieron en Ginebra
los representantes de nueve países para tratar de resolver el conflicto. Sin embargo en Washington
comenzó a cundir el nerviosismo, pues no veían el conflicto como una lucha de
liberación nacional, ni siquiera como una contienda civil, sino como un
episodio más del avance del comunismo en el mundo. Este plano ideológico de Washington está presente desde el año
1947, cuando Truman lo apostilló en
el Congreso con relación a la guerra civil griega, para terminar
popularizándose con el nombre de “teoría
del dominó”. Bajo este enfoque el gobierno Eisenhower, centrado en la dinámica ideológica de la guerra fría,
cayó bajo el prisma catastrofista de la tesis de que si caía Vietnam en el comunismo todas las naciones
del Sudeste Asiático seguirían su
ejemplo. De modo que la preocupación del gobierno de Eisenhower no sólo era Vietnam, sino sobre todo la reacción en
cadena consiguiente en toda la región. Y para evitar la caída de la primera ficha de este dominó,
el Departamento de Estado encontró a su hombre: Ngo Dinh Diem, aristócrata católico que había combatido a los
japoneses, pero que se había convertido también en un furibundo anticomunista,
por lo que no gozaba de las simpatías de los líderes del Norte y se pasó los últimos años exiliado en EE.UU. Como se comprobaría más adelante, a los líderes vietnamitas
no les faltaban razones para aborrecer a semejante individuo. Ngo Dinh Diem estableció contactos con
altos cargos de la administración norteamericana, quienes le ficharon como su hombre
de confianza que debía hacer el trabajo sucio. Diem se aprendió bien la lección y
toda vez que recibió de En 1956 Estados
Unidos le otorgó su apoyo político y económico con doscientos setenta
millones de dólares. Pero numerosos informes de Joseph Buttingen, dirigente socialista austriaco,
antiguo amigo y colaborador de Diem,
y conocedor de la realidad del conflicto vietnamita nos muestra el funesto
rostro de su gobierno: “En junio de 1956 Diem organizó dos expediciones masivas
a las regiones que estaban controladas por los comunistas sin el más mínimo
empleo de la fuerza. Sus soldados detuvieron a decenas de miles de personas…
Centenares, tal vez miles de campesinos fueron muertos. Pueblos enteros cuyas
poblaciones no simpatizaron con el gobierno fueron destruidos por la
artillería”. Una mayoría de la población comenzó a comprender en qué
consistía la democracia “made in USA”. Mientras tanto en el Norte,
se veían impelidos a reconstruir el país y a prepararse para un largo conflicto
contra un enemigo muy superior a todos los anteriores, por lo que aconsejaron a
sus militantes del Sur que
construyeran una base revolucionaria, a la espera de tiempos mejores. Dado que la
gran parte de la población rural del Sur
consideraba al Viet Minh un
movimiento patriótico, desde EE.UU.
se instó al gobierno Diem a que se les llamara Vietcong, que significa “comunistas
vietnamitas”, con objeto de desprestigiar a esta formación. Pero esto no sirvió
para sustraer popularidad al movimiento de liberación nacional. Posiblemente lo
que dio más alas al Vietcong fue la
política represiva, carroñera y mafiosa de Diem,
que no paró de cosechar enemigos y muertos por todo el Sur. La magnitud de la represión contra el Vietcong fue tal que obligó a variar la política de Hanoi que aconsejaba entereza a sus
partidarios del Sur y acabó
autorizando ataques contra el régimen de Saigón.
Para aprovechar el fuerte tirón que proporcionaba el
nacionalismo el Partido Comunista creó una organización que aglutinaba a una
amplia base no necesariamente comunista, pero sí dirigida por estos: el Frente de Liberación Nacional (FNL). En 1961 John Fitzgerald
Kennedy accedió a la presidencia de EE.UU.
y recibió información acerca de Vietnam
en el sentido de que si no se producía una intervención del ejército
norteamericano, Vietnam del Sur
caería en manos del Vietcong. En
mayo de ese mismo año De Gaulle volvió
a insistir en el tema, y auguró al nuevo presidente lo que sería la realidad
futura si se producía la intervención: “Predigo
que, paso a paso, se verán ustedes arrastrados a un cenagal sin fondo político
y militar.” Proféticas palabras. Kennedy probablemente no quería una
escalada militar masiva en la región, pero tampoco deseaba una retirada que estimulara
la caída de otras fichas de su particular dominó lo que constituiría, a sus ojos,
un desprestigio para EE.UU. Fue la administración Kennedy
la que desarrolló los programas de contrainsurgencia enviando “asesores militares”, que no eran otra
cosa que pilotos de combate, fuerzas especiales, miembros del ejército y hasta
compañías de helicópteros, con orden de no participar en combates, aunque esto nunca
se cumplió. En 1963 el corresponsal de guerra Richard Tregaskis, que trabajaba para dar propaganda a la política
de “tierra quemada” del ejército norteamericano, entrevistó a un piloto de
helicóptero de combate, quien le dijo: “Allí
abajo tienes zonas vietcongs muy compactas, donde puedes suponer que todos son
enemigos. Los de 362º Escuadrón, sabes, eran unos salvajes. Primero pasaba un
aparato, y cuando la gente salía huyendo el segundo aparato los rociaba bien.”
El eminente profesor de derecho y ex fiscal en los juicios
de Nüremberg, Telford Taylor nos da
otra idea de lo que estaba sucediendo ante tamaña represión cuando los “cerebros de Kennedy” describían el éxodo de los refugiados hacia las
ciudades: “…como “urbanización provocada
y modernización”, eufemismo que supera todo lo imaginable, y que podría
expresarse con el juicio, no tan elegante, atribuido a un general
norteamericano: “Si se les agarra por las pelotas, los corazones y las mentes
vendrán detrás”…” La destrucción era colosal y la detalla el prestigioso
escritor Jonathan Schell, en su libro “The Military
Half”: “En aquel tiempo, es decir, antes
de la gran expansión de la guerra tecnológica en 1968, varias provincias
norteñas fueron destruidas en un 70%, según estimaciones de los periodistas.”
Con todo, las cosas no marchaban bien. La situación
política del Sur se iba deteriorando
de tal manera que hasta los monjes budistas se organizaron frente al gobierno Diem. Kennedy consideró que Diem ya no servía y urdió un golpe de
estado. Así el 1º de noviembre de 1963 Diem
y su camarilla fueron asesinados por los golpistas. A partir de esta acción el
ejército del Sur se convertiría en
la única institución autóctona capaz de sostener el régimen. Tres semanas después el propio Kennedy también era eliminado. Algunos analistas políticos sostienen que el detonante de
este magnicidio fue un entramado de factores, entre los que cabe destacar la
irresolutiva tarea de acabar con De cualquier modo, la política de Kennedy hasta ese instante fue la que sentó las bases de las
siguientes presidencias que llevaron la muerte y la ruina a millones de
personas, excepto para los accionistas de las grandes corporaciones de armas
cuyo futuro se abrió esplendoroso. El incidente de
Tonkín. “A las agresiones
terroristas contra aldeas pacíficas de Vietnam del Sur se ha sumado ahora una
agresión abierta en alta mar contra Estados Unidos.” Así se expresaba el presidente Johnson el 4 de agosto de 1964 cuando
se dirigió al país por televisión, para explicar a continuación cómo fueron los
detalles de tal “agresión”. Para
tranquilidad de todos concluyó su intervención afirmando que, como represalia,
bombarderos norteamericanos ya estaban atacando objetivos en Vietnam. Según la versión oficial algunas lanchas patrulleras de Vietnam del Norte, y sin que previamente hubiera habido provocación alguna, habían lanzado algunos torpedos contra
los navíos de guerra Turner Joy y Maddox, que estaban en el golfo de Tonkín, sin que llegaran a hacer blanco
en ninguno de ellos. Pocos días después, el presidente Johnson solicitó del Congreso un poder que le cediera “tomar cualquier medida que se haga precisa
a fin de evitar cualquier ataque armado contra las fuerzas estadounidenses”. La llamada Resolución
del Golfo de Tonkín fue aprobada por el Congreso de forma abrumadora y
aunque no constituía una declaración de guerra, Johnson la utilizó discrecionalmente con el fin de aumentar la
presencia militar norteamericana en Vietnam. No deja de resultar cuando menos cínico, el planteamiento
descrito como: “sin que mediara
provocación alguna” de la declaración oficial, cuando nadie, ni siquiera el
Congreso, sabía que desde 1961 todo Vietnam
del Norte era objeto de ataques por parte del ejército de Estados Unidos. Por otra parte, los destructores “atacados” no estaban navegando tranquilamente por aguas del golfo,
sino que su presencia se debía a una estrategia secreta denominada “Plan de Operaciones Johnson también engañó a la opinión
pública cuando alegó que habían sido dos ataques diferentes. El último de ellos
nunca fue confirmado, y al final se comprobó que nunca existió. En 2005 el gobierno norteamericano desclasificó un informe
secreto de Tampoco fue cierto que Johnson presentara La gran locura de la guerra no había hecho más que
empezar, pero la mayoría de la gente en Estados
Unidos aún no era consciente de las consecuencias tremendas que marcarían
sus vidas. Una cigüeña no puede
cagar en una botella… Cuando en enero de 1964 el general William Westmoreland llegó a Vietnam
como comandante de las fuerzas norteamericanas, manifestó que tenía clara la
estrategia, que no pasaba por dominar territorios y asegurarlos, sino en matar
a tal escala que el gobierno de Hanoi
se viera obligado a reemplazar sus pérdidas hasta la extenuación, en definitiva,
lo que se conoce como una guerra de desgaste material y humano. Era la solución
militar a la guerra, con el objetivo civil ignorado. Su estrategia partió de una base equivocada, ya que es muy
improbable ganar una guerra de guerrillas en contra de la población. La táctica era rutinariamente igual, esto es, gran
despliegue de divisiones aerotransportadas hacia objetivos lejanos y claramente
imperceptibles por medio de la utilización intensiva de helicópteros. Esta es
la primera guerra en la que este invento gana en protagonismo, ya que si no
hubiera sido por los helicópteros muchos de los heridos en combate habrían
muerto, dado que su tiempo de respuesta en el traslado de las víctimas a los
hospitales de campaña era mínimo. Si no hubiera sido así, la gran mayoría no
habría sobrevivido. Asimismo la presencia masiva de cazabombarderos y también
de los temibles B-52, con sus
grandes cargamentos de bombas de todas clases fue la tónica habitual. Ante esto la estrategia defensiva de Hanoi consistió en potenciar la conocida “ruta Ho Chi Mihn”, un entramado de carreteras, caminos y senderos
de miles de kilómetros que iba desde el Norte,
pasando por la frontera con Laos y Camboya, para llegar finalmente hasta
el Sur, por donde pasaba toda la
logística, armamento y soldados como una gran autopista. Gran parte de esta ruta estaba bajo tierra, donde las
tropas vietnamitas conseguían ocultarse haciendo que para el ejército USA fueran como fantasmas que
desaparecían en mitad de las junglas. El “tío Ho” lo tuvo claro cuando aleccionó
a sus combatientes haciéndoles ver que “una
cigüeña no puede cagar en una botella, así que con nuestros túneles no
deberíamos temer los bombardeos estadounidenses”. Uno de los ejemplos más
paradigmáticos fue el de los túneles de Cu
Chi, localidad cercana a Saigón.
El lugar fue elegido por el ejército norteamericano para construir una de sus
mayores bases… sin saber que bajo sus instalaciones existía una red de túneles
gigantesca, por donde se movía el Vietcong,
y que no fue descubierta hasta 1968. El contraespionaje militar norteamericano fue puesto en
ridículo con este y otros episodios de diversa índole, y durante todo el
conflicto fue a la zaga de las actividades de su enemigo. Vietnam no es más
que un pequeño país de cuarta… La gran escalada de la guerra comenzó en marzo de 1965, y
durante los tres años siguientes el número de soldados norteamericanos se
incrementó hasta llegar más allá de quinientos mil superando con creces los
efectivos norvietnamitas. Todo esto comenzó pocos meses después de ganar Johnson las elecciones. A comienzos de
marzo de 1965 el gobierno Johnson inició
una operación de castigo conocida como “Operation
Rolling Thunder”, consistente en bombardear masivamente el Norte. Esta ofensiva se mantuvo de
forma ininterrumpida… ¡hasta el 1º de noviembre de 1968!; asimismo envió dos
batallones de marines a Danang, que
está en el Sur. Estas fuerzas de
infantería fueron las primeras en entablar combates de una manera no encubierta.
Análogamente a En junio del ´65 los B-52
bombardearon objetivos en el Sur,
en julio Johnson declaró que iba a
enviar otros cincuenta mil soldados más, pero ocultó a todos que seguiría
enviando en secreto más tropas. En abril de 1965 tuvo lugar un hecho importante, y no fue
precisamente en Vietnam, sino a
miles de kilómetros de allí: otra criminal intervención militar, esta vez en República Dominicana. El imperialismo
norteamericano estaba desatado. El gobierno Johnson
había mentido una vez más a todo el mundo argumentando que la intervención se
había efectuado porque había vidas norteamericanas en peligro… cuando en
realidad sólo las hubo cuando llegaron los primeros marines. El verdadero
motivo de la intervención fue el miedo a que se produjera otra revolución
antiimperialista al estilo cubano, lo que no estaba dispuesto a consentir de
ninguna manera. Este hecho alarmó al Comité de Relaciones Exteriores del
Congreso, que se opuso a esta nueva invasión, con el senador demócrata por
Arkansas J. William Fullbright como
presidente del mismo. El Comité criticó la política del presidente Johnson, a quien remitió un informe ese
mismo abril de 1965 en el que, entre otras cosas, se sugería que debían
retirarse lo antes posible de Vietnam,
y que no existía ninguna razón para que no se pudiera aceptar un Vietnam unificado y comunista. Para Lyndon Johnson significó la ruptura total con este Comité y para
Fullbright supuso el vacío político,
incluso el presidente le llegó a tachar de traidor: a Johnson no se le podía llevar la contraria, sin perjuicio de la
propia integridad. Pero la sociedad norteamericana empezaba a movilizarse
paulatinamente y la propia integridad del presidente comenzaba a resquebrajarse.
A pesar de que Johnson era
partidario de incrementar los derechos civiles, su “maldita guerra” le estaba costando un precio que nunca hubiera
imaginado: los estudiantes que comenzaban a manifestarse contra la guerra le
increpaban al grito de: “Eh, Johnson, ¿a
cuántos niños has matado hoy?”. Pero no se puede entender esta etapa política sin
mencionar a un personaje clave: Robert
McNamara. Robert McNamara ejerció el cargo de secretario de
estado desde 1961 hasta Procedió como el gran planificador de la expansión del
imperialismo norteamericano, y por tanto hay que considerarle como uno de los
máximos responsables políticos de todo aquel desastre. En el año 1995 publicó
sus memorias en las que afirma que EE.UU.
cometió una “terrible equivocación”
al intervenir, y que ya en 1965 había comentado “en privado” que la guerra no se podía ganar. Cuando MacNamara
habla de esa “terrible equivocación”
no piensa que fue una tremenda injusticia para el pueblo vietnamita, ni
siquiera para con todos aquellos muchachos norteamericanos a quienes envió a
ese infierno, sino que la “terrible equivocación”
fue continuar con una guerra que no podían ganar. La “terrible equivocación” entonces estuvo en la derrota, y nunca en
la colosal injusticia. El cinismo, la desvergüenza, el abuso de poder y la
ausencia de ética entre los “cerebros de Kennedy” alcanzaron cotas muy
elevadas. De forma análoga hemos sido testigos de las declaraciones
de George W. Bush en las que afirma
haber “cometido un error” al haber
concedido crédito a sus expertos del Pentágono, cuando le aseguraron que había “armas de destrucción masiva” en Irak, lo que fue el desencadenante de
la invasión a este país. El presidente Barak
Obama, ha confeccionado su primer
gobierno y ha mantenido en el cargo al jefe del Pentágono. Con frecuencia
ocurre que hay actitudes por las que parece que no pasa el tiempo. MacNamara también afirma que en realidad
sabían muy poco sobre Vietnam, quizá
para justificar su fracaso. Sin embargo esa no es la opinión de Evelyn Colbert, quien desde 1962 hasta
1974 trabajó para Otro miembro del Departamento de Estado y experto en el
tema Vietnam Paul Kattenburg aconsejó en una reunión del Consejo de Seguridad Nacional
en agosto de 1963, que lo mejor sería “largarse
mientras todavía se pudieran salvar los muebles.” Pero tampoco su opinión
fue escuchada ya que el resto del Consejo estaba convencido de que el continuo crescendo en la potencia de fuego
norteamericano obligaría al gobierno de Hanoi
a aceptar cualquier acuerdo
conforme a los intereses del Departamento de Estado. A fines de 1963 Kattenburg redactó otro informe en el
que esencialmente expuso que los survietnamitas iban a perder la guerra en el
plazo de un par de años, ya que no querían luchar. Tras estas disquisiciones Kattenburg fue transferido a un puesto
diplomático en Guyana, adonde enviaban a gente que estorbaba. A fin de cuentas y según Johnson: “Vietnam no es más
que un pequeño país de cuarta” además de que “no hemos llegado tan lejos para dejarlo ahora…” La altanería imperialista, el exceso de confianza y el
desprecio al pueblo vietnamita y norteamericano fueron los ejes que dominaron
su visión política, y esto a la larga le costaría su mandato. El frente interior:
la lucha por los derechos civiles y la resistencia a la guerra. La sociedad norteamericana de la década de los sesenta se
fue desperezando poco a poco del dogmatismo de los años posteriores a La guerra fría como componente ideológico cumplió una
función práctica en la sociedad norteamericana de posguerra, de modo que no se
puede explicar como una simple paranoia de las masas. A este respecto, el comprometido historiador
norteamericano William Appleman Williams,
dibuja esta función y anota que, tras Esto no sólo iba dirigido hacia el pueblo norteamericano,
sino también a sus dirigentes. Según cuenta Townsend Hoopes, que fuera Subsecretario de Es el planteamiento típicamente imperialista de la “conspiración
internacional”, acompañado de acciones violentas para acabar con el “mundo
libre”. Noam Chomsky nos apunta que esta ideología,
visto desde la perspectiva actual, dio excelentes resultados como técnica para
movilizar a la opinión pública norteamericana en apoyo de la política nacional.
De esta manera, los programas industriales de producción militar, que generaban
empleo a una parte considerable de la población, fueron sin duda un factor primordial
para el mantenimiento de un sistema económico basado en el capitalismo de
estado militarizado. El poder abrigaba la esperanza de llevar a cabo en Vietnam un esfuerzo moderado, duradero
y políticamente asumible, en el que estuvieran involucradas las nuevas
generaciones como mano de obra económica y carne de cañón en el frente. Pretendía
poder asustar una vez más a éstas, y volver a la dorada pasividad de la década
de los cincuenta. Sin embargo, la ideología anticomunista ya no calaba entre
los estudiantes y activistas del movimiento relacionado con las cuestiones del
racismo y la guerra. Por eso esta estrategia no dio los resultados previstos y
así la intervención en Vietnam dio
lugar a una de las más grandes movilizaciones contra la guerra que se conocen
en EE.UU. Hagamos un poco de
historia. Mientras se libró Por lo que respecta a Vietnam
el movimiento contra la guerra se intensificó a medida que lo hacía ésta. Así
en abril de 1965, cuando habían transcurrido ya cuatro años de actividades
bélicas más o menos encubiertas, se congregó la primera protesta nacional en Washington a la que acudieron unos
veinticinco mil manifestantes, y cuatro años más tarde en 1969, ya había un
clamor de varios millones de ciudadanos que exigían la retirada de las tropas
al gobierno. Los presidentes Johnson
y Nixon hicieron muchas declaraciones
en el sentido de que el movimiento contra la guerra no influiría en la toma de
sus decisiones, pero en Frente a todas estas protestas se maquinaron múltiples
planes para atacar, difamar, censurar y desacreditar al movimiento pacifista. Destacados escritores y pensadores afines al movimiento
como Noam Chomsky, Bertrand Russell y otros, vieron cómo
sus libros y artículos de prensa eran censurados, prohibidos o simplemente
ignorados. Los medios tampoco se salvaron, y muy pocos periodistas pudieron
informar sobre lo que sucedía tras las líneas enemigas en Vietnam del Sur, hasta la retirada en 1973. Hollywood tampoco se libró y desde 1964
hasta 1972 únicamente produjo Boinas
Verdes, protagonizada por el inefable John
Wayne. Rodada en un tono reaccionario y violentamente anticomunista trataba
de convencer, de forma algo patética, a los espectadores de la necesidad de la intervención
militar norteamericana en Vietnam como
tampón del comunismo, y de que el ejército
norteamericano era el verdadero defensor del “mundo libre”. Es cierto que la televisión difundió a diario
informativos, pero en contra de lo que se pueda decir acerca de que la
cobertura periodística influyó negativamente en el ánimo de la gente, todas las
imágenes y comentarios estuvieron controlados por las fuerzas armadas, y
raramente aparecieron escenas salvajes o especialmente violentas. De modo que
si eso es cierto, únicamente los altos mandos del ejército serían los
responsables de ese supuesto desánimo. Pero para presenciar escenas violentas nada mejor que
salir a las calles, donde los incidentes no cesaban. El más grave tuvo lugar el
23 de julio de 1967 en Detroit,
donde la policía cargó contra un club social en el que un grupo de personas
celebraba el regreso de Vietnam de
dos soldados. Aquello provocó una semana de interminables saqueos e incendios
que destruyeron unos mil trescientos edificios, que dejaron sin casa a más de
cinco mil personas. El subsiguiente asalto de cinco mil efectivos de Estas acciones del poder, lejos de acobardar al
movimiento, sirvieron de espoleta para ulteriores protestas ciudadanas en un
continuo y progresivo incremento, que condujo a levantamientos en todo el país.
En medio de toda esta atmósfera insurreccional el 4 de
abril de 1968 en Memphis, Tennessee fue asesinado Martin Luther King, el más carismático
de los líderes pacifistas y uno de los más valiosos luchadores por los derechos
civiles de Estados Unidos, quien ya
había denunciado exactamente un año antes de su asesinato a su país como “el mayor generador de violencia en el mundo
de hoy”. Martin Luther King vapuleó sin
tregua al poder evidenciando que la “guerra
contra la pobreza”, que constituía uno de los ejes de la política interior
de Johnson, iba reemplazándose por la
“guerra de Vietnam”; que los recursos
sociales eran desviados hacia una guerra que no tenía justificación alguna,
añadiendo que “las promesas de Su ideología pacifista no caía en contradicción con sus
declaraciones públicas, que eran bombas de gran potencia contra la línea de
flotación del poder más reaccionario y llevaban al delirio a sus seguidores,
que ya no eran únicamente negros. La serenidad arrolladora de su coherencia política
constituía la esencia de su éxito al frente de millones de ciudadanos que veían
en él al líder que era la suma y el reflejo de sus voluntades. Su asesinato conmocionó al país, fijó las portadas de toda
la prensa internacional y provocó graves tumultos en más de ciento veinte
ciudades norteamericanas trasladando la protesta incluso hasta las bases
militares del país y de Vietnam, con
un saldo de al menos cuarenta y seis muertos, y un número no determinado de
heridos. A fines de agosto de 1968 en Chicago, sede de la convención nacional demócrata, se convocó otra
protesta nacional contra la guerra. El alcalde Richard J. Daley, que fue puesto en evidencia por el cronista del
prestigioso Chicago Tribune Mike Royko por prácticas de corrupción
en su libro “The Boss” en 1972, movilizó
a toda la policía y Guardia Nacional de Illinois,
convirtiendo la ciudad en un verdadero cuartel en pie de guerra. A pesar de este escenario tan poco tranquilizador los
manifestantes no se arrugaron y llenaron las calles. La represión fue tan desmedida
que a muchos les pareció que estaban viviendo una auténtica guerra civil. El periodista Stewart
Alsop, que durante mucho tiempo había defendido la intervención militar en Vietnam, escribió: “En Chicago, por primera vez en mi vida, comenzó a parecerme posible
que alguna forma de fascismo estadounidense realmente se diera aquí”. Entretanto, la convención demócrata nominó a Humbert Humphrey, quien no dio ninguna
prueba de que daría un curso diferente a la política de su predecesor, y se
negó a apoyar una propuesta de paz. Por su parte, los republicanos eligieron a Richard Nixon, el hombre que perdió la
carrera presidencial a manos de John
Kennedy en 1960. Por medio de una inteligente propaganda los republicanos
habían logrado cambiar la imagen sombría y poco fiable de Nixon, y convertirlo en un candidato moderado y conciliador. Nixon se comprometió a unir a la nación
y explotó el desencanto hacia la guerra de Vietnam:
“Cuando la nación más fuerte del mundo
queda atada cuatro años a una guerra en Vietnam sin un final a la vista,
entonces es el momento de que EE.UU.
tenga una nueva dirigencia”, dijo al país. También prometió dar a la guerra
un “final honorable”, aunque no dijo
cómo lo haría. Ante esta ofensiva electoral en Estados Unidos, y La larga sombra de Nixon
tuvo que ver con esta revelación, al enviar un representante suyo a Saigón, y asegurar a Van Thieu que tendría todo el apoyo con Nixon en el poder. Richard Nixon ganó las elecciones por una
diferencia de menos de medio millón de votos. La guerra iba a continuar otros
seis años más y dejaría un saldo de otros veinticinco mil norteamericanos
muertos y, al menos, otro millón de vietnamitas y cientos de miles de laosianos
y camboyanos. El 21 de noviembre de 1967, el
general William Westmoreland,
comandante de las fuerzas de EE.UU. en
Vietnam, informó en rueda de prensa a
sus propios medios que los comunistas eran “incapaces
de montar una ofensiva importante.” Pero el 31 de enero de 1968 unos
ochenta mil soldados de Vietnam del
Norte y del Vietcong lanzaron un
ataque coordinado y masivo contra cientos de objetivos en Vietnam del Sur. Fue un ataque sin precedentes que resultó ser el
más sangriento de la guerra. Las mentiras de Johnson quedaron al descubierto: el
enemigo que estaba a punto de ser derrotado se convirtió de improviso en un
adversario con la fuerza y la organización necesarias como para colocar a las fuerzas
norteamericanas a la defensiva. La táctica empleada por el
general Giap consistió en organizar
una serie de ataques de distracción. El más sonado tuvo lugar en la remota base
de Khe Sanh a diez kilómetros de la frontera con Laos. Westmoreland y su
servicio de contrainteligencia, una vez más, mordieron el anzuelo y se movilizaron
fuerzas hacia esa dirección. Lyndon Johnson
sufrió un ataque de ansiedad cuando se enteró que veinte mil soldados del Norte habían sitiado la base
norteamericana defendida por seis mil marines, y obligó a su estado mayor a jurar
que no se repetiría un nuevo Dien Bien
Phu. Pero mientras esto ocurría miles de soldados vietnamitas estaban
ocupando objetivos en los principales pueblos y ciudades del Sur. La estrategia consistió en
lograr un levantamiento general contra el gobierno de Saigón y hacer ver a los norteamericanos que después de tantos años
de “avances” y “grandes victorias”, Vietnam
del Norte todavía estaba en condiciones de realizar un desafío
espectacular, que obligara a pensar que todo el poderío militar norteamericano no
ofrecía seguridad al régimen del Sur.
El Vietcong fue incluso capaz de
cercar y casi tomar la embajada norteamericana en Saigón. En Hue, la antigua ciudad imperial, los marines tardaron casi un mes
en desalojar casa por casa al Vietcong.
Durante ese tiempo los norvietnamitas masacraron a casi tres mil civiles que
habían identificado como colaboracionistas y defensores del régimen de Saigón. Los medios de comunicación del
ejército de Westmoreland denunciaron
esta masacre ante la opinión pública mundial, con el consiguiente escándalo. Cabe imaginar que muchos
japoneses reaccionaron de forma muy similar ante la venganza de los
nacionalistas chinos en la década de 1930. En la obra de John H. Boyle “The Road to Sino-Japanese Collaboration” se detalla:
“Los comandos de ejecución de los
nacionalistas chinos empezaron a eliminar, en las zonas costeras ocupadas, a
colaboracionistas notorios o sospechosos de serlo de muy variadas maneras
destinadas a aterrorizar a quienes cooperaran con el enemigo”. Con todo, el
terrorismo de la resistencia china, o de la francesa, por poner otro ejemplo,
no suscitó en el mundo la exigencia de bombardeos masivos de las fuerzas
resistentes. Pero la subsiguiente
contraofensiva de los ejércitos combinados de EE.UU. y Vietnam del Sur
provocó una auténtica carnicería. Las fuerzas comunistas tuvieron más muertos
en esta ofensiva que las que tuvo el ejército de los Estados Unidos en toda la guerra. Para poder vencer al Vietcong, el ejército imperial desató todo su odio y
potencialidad en una serie de ataques aéreos y de artillería masivos sobre
infinidad de áreas densamente pobladas. Destruyeron todo lo que asomó a su paso
y asesinaron a más de catorce mil civiles survietnamitas. El alcalde
norteamericano de la localidad de Ben
Tre lo dejó bien claro: “Ha sido
necesario destruir al pueblo con el fin de salvarlo.” Esta declaración no
es más que el epígrafe de toda la guerra. “ Johnson además, no sólo rechazó la petición de Westmoreland de enviar 206.000 soldados
más, sino que lo destituyó fulminantemente. El nuevo enviado del “César” sería el general Creighton Abrams. La vietnamización. En 1969 Nixon asumió la presidencia y sabía que ni el Congreso, ni la
opinión pública le permitirían aumentar la presencia militar en Vietnam. Ya había más de 525.000
soldados, y sólo en 1968 habían muerto más de 14.000. No era asumible desde el
punto de vista político semejante sacrificio. No obstante, ni Nixon ni su flamante asesor de
seguridad nacional, Henry Kissinger,
estaban dispuestos a que Vietnam del Sur
tuviera un régimen comunista. El objetivo era reducir las bajas y esto sólo
se lograría disminuyendo los efectivos. Para ello se ideó un plan basado en dos
fases: primero se daría paso a un lento proceso de retirada de las fuerzas de
infantería, que estaba destinado a desactivar el impacto del movimiento contra
la guerra, y a la vez reforzar el ejército de Vietnam del Sur. El otro paso consistiría en aumentar la presión
sobre Vietnam del Norte por medio de
bombardeos intensivos y extender la guerra a Camboya y Laos, lugares
donde la presencia de tropas del Vietcong
era evidente. De modo que Nixon
lanzó su programa de “vietnamización”
en la primavera de 1969, que básicamente consistía en lograr que el régimen de Saigón se mantuviera, sin el apoyo
incesante y sempiterno del ejército de los Estados
Unidos. El problema era cómo conseguir esto sin que el régimen se viniera
abajo, así que la solución pasaba por reforzar el ejército del Sur de forma masiva. El programa de “vietnamización” contaba con que la
lenta disminución en intensidad de la guerra haría que se aminoraran las
exigencias de una retirada inmediata, por parte de la opinión pública. A Nixon le hubiera encantado que su “vietnamización” se pareciera a la intervención del Pacto de Varsovia en Checoslovaquia en el ´68, como de nuevo
anota Chomsky, en cuanto que ésta
fue relativamente incruenta, rápida, y fue tolerada por una parte importante de
la población. Además tuvo éxito al imponer el control de colaboracionistas
checoslovacos y de este modo las tropas soviéticas pudieron ser retiradas. Sin embargo, el carácter brutal
y poco inteligente del tándem Nixon-Kissinger
no encontró la equivalencia, como corrobora el pacifista religioso Doug Hostteter, que trabajó como
voluntario de De manera habitual se producían importantes flujos de
refugiados cuando entraban en alguna localidad tropas norteamericanas y
survietnamitas, reunían a los pobladores y los obligaban a irse con las tropas.
A las personas que se escapaban y las que se resistían, simplemente las
mataban. En determinados lugares donde no podían llegar con helicópteros y
llevarse a los lugareños, se conformaban con destruir toda la zona, y arruinar
las cosechas con herbicidas. Otras zonas las consideraban al azar y las señalaban en
los mapas militares con las siglas “H + I” (harassment and interdiction) o
fuego de hostigamiento y prohibición, sin otros objetivos precisos. Un aspecto particularmente siniestro de la destrucción
ecológica y económica fue el intensivo uso de defoliantes contra los bosques de
madera dura que rodeaban el norte y oeste de Saigón, a lo que el portavoz del Pentágono Jerry Friedheim replicó:
“Algunas partes de la economía del Vietnam del Sur, particularmente la
industria forestal y los pequeños granjeros, pueden salir beneficiados con la
defoliación. Algunas partes de los bosques de madera dura han sido destruidos y
ahora pueden ser explotadas. La defoliación permite un acceso fácil, de modo
que las brigadas de trabajadores pueden entrar y sacar la madera.” Ante esta cínica declaración Chomsky le respondió: “Este
portavoz habría podido añadir que estas ventajas aumentarán durante muchos años,
ya que según estimaciones del equipo de El anatema contra los pueblos de
Indochina sería ejercido con mayor
determinación, y así, el 18 de marzo de 1969 se dio luz verde a Estos ataques estaban destinados
a destruir emplazamientos del Vietcong
en Camboya, pero el objetivo
primordial era demostrar a Hanoi que
Nixon era aún más despiadado que Johnson. El asesor de Nixon, Bob Haldeman describió esta política como “la teoría del loco”: “[quiero lograr] ...que los norvietnamitas crean que he llegado a un punto que puedo
hacer cualquier cosa con tal de terminar la guerra. Haremos que llegue a sus
oídos algo así como: “Por Dios, saben que Nixon está obsesionado con los
comunistas. Cuando está enfadado no podemos contradecirlo, y tiene el dedo
apoyado en el botón nuclear”, y el propio Ho Chi Minh estará en París
implorando la paz.” Para desgracia de Nixon y Kissinger, estos bombardeos tuvieron tanto éxito como todos los
anteriores, y tampoco suscitaron el llanto del “tío Ho”, así que el
Congreso los puso fin en el verano de 1973. Pero su consecuencia más
importante fue que puso en contra del imperialismo a toda la población
camboyana que había sufrido los bombardeos, y una gran mayoría fueron a
engrosar las filas de los Jemeres Rojos,
que hasta entonces era un modesto movimiento comunista con muy pocos
militantes. Con todo, Nixon logró
encubrir estos ataques negando los escasos artículos de prensa que lo
denunciaban, y sólo tres años más tarde, cuando estalló el caso Watergate y el bombardeo salió a la
luz, todavía era un episodio desconocido para la mayoría de los ciudadanos. En el verano de 1969, mientras
que los bombardeos secretos estaban en su apogeo, y Nixon anunciaba a bombo y platillo las primeras reducciones de
efectivos, Kissinger diseñaba Pero esto tampoco impresionó a
los dirigentes del Norte, de modo
que Nixon tuvo que suspender la
operación, debido también a que se habían convocado nuevas manifestaciones para
protestar contra esta escalada. Entonces Nixon
y Kissinger urdieron un
operativo que consistió en la invasión terrestre sobre Camboya. En una aparición televisiva el 30 de abril de 1970 Nixon habló de realizar una “incursión” en territorio camboyano a
fin de destruir los “cuarteles militares”
de los comunistas, y así más de ochenta mil soldados norteamericanos y
survietnamitas penetraron en territorio camboyano, donde a pesar de que se
confiscaron muchas armas, no se encontró ningún cuartel militar y el ejército
norvietnamita evitó el combate. Lo que consiguió fue aumentar el
apoyo norteamericano a Lon Nol, el
general camboyano que recibió el dictado de Washington, y por medio de En los Estados Unidos, la invasión a Camboya
causó indignación, y en consecuencia hubo una avalancha de protestas
estudiantiles en más de cien universidades. Alrededor de treinta edificios de
los oficiales de reserva fueron incendiados. Nixon, en un alarde de diplomacia, agitó más las aguas calificando
a los estudiantes en huelga como “holgazanes”,
y envió a Esto desencadenó mayores
protestas, incluso el Congreso votó a favor de cortar los fondos al ejército en
Camboya, aunque luego se retractó,
lo que no impidió que el apoyo a la escalada bélica de Nixon retrocediera cada vez más. Poco antes de ganar las
elecciones, Nixon realizó estas
declaraciones al New York Times: “No podemos tener una política exterior con
Vietnam atado al cuello. En seis meses solucionaré esto.” Año y medio después su política
hizo la guerra más larga y cruenta, a la vez que generaba unos métodos aún más
autoritarios bajo su presidencia introduciendo nuevas medidas para espiar y
sancionar a quienes considerara enemigos políticos. Watergate. Una mayoría de la gente ignora
que el caso Watergate no empezó en
la campaña presidencial de 1972, sino que su origen se remonta a la guerra en Vietnam. Nixon tomó desde sus primeros días medidas ilegales para combatir a
los que consideraba oponentes a su política criminal. Encargó la redacción de
una lista negra de estos “enemigos”, en la que figuraban unas doscientas
personas vinculadas a la política, activistas del movimiento contra la guerra,
artistas y periodistas que se habían declarado contrarios a la intervención en Vietnam. Para ello Nixon utilizó a A pesar de que el asunto Watergate abarcó decenas de delitos, la
gente suele asociarlo únicamente al torpe robo de documentos que se produjo en
la sede del partido demócrata en 1972. La posterior investigación que se llevó
a cabo a lo largo de los siguientes dos años desveló que el mismo Comité para En 1971 un ex funcionario de
Departamento de Defensa Daniel Ellsberg hizo
públicos unos documentos secretos sobre la trayectoria de la guerra en Vietnam, desde los comienzos hasta la
presidencia de Johnson conocidos
como los Papeles del Pentágono. Kissinger se convenció de que Ellsberg era un auténtico peligro, no
sólo porque este documento ponía al descubierto todas las mentiras que las
anteriores presidencias habían contado sobre la guerra sucia en Vietnam, sino porque también podría
salpicar la canallesca política de Nixon.
De modo que el presidente ordenó a John
Ehrlichman, Asistente para Asuntos Internos, que hiciera “lo que hubiera que hacer” para evitar
que Ellsberg siguiera difundiendo
secretos del gobierno. Ehrlichman
formó un operativo compuesto por “fontaneros”, que “reparaban las
filtraciones”, coordinados por el Comité para Pero los delitos seguían
saliendo ante la opinión pública, y ante cada nueva revelación Nixon siempre declaraba que era
inocente, y para que otros pagaran su culpa de dedicó a cesar a algunos de sus
principales asesores como Bob Haldeman
o John Ehrlichman. Finalmente la investigación
comprobó que Nixon había grabado la
mayoría de sus conversaciones privadas, que eran pruebas decisivas de su
incriminación, y La salida a la luz de esas
pruebas supuso el principio del fin de su facinerosa carrera política. La moral se desmorona. Durante los primeros años de
guerra los dirigentes políticos y militares norteamericanos prometían derrotar
al comunismo, y lograr un Vietnam del
Sur “independiente”. A partir de Claro que esto no iba a ser sencillo,
ya que era muy probable que el Congreso no lo autorizara, y menos aún la
opinión pública. Así que encomendaron la tarea a las tropas de Vietnam del Sur. Sería la primera
prueba de fuego de la “vietnamización”. El ejército imperial se limitaría a prestar apoyo aéreo y fuego de cobertura. En febrero de 1971 alrededor de
quince mil soldados del Sur invadieron
Laos, con artillería, helicópteros,
cazas y B-52 norteamericanos en lo
que denominaron Operación Lam Son 719.
Este ejército fue interceptado por cinco divisiones de Vietnam del Norte y, lo que en principio iba a ser una ofensiva de
tres meses, acabó con una derrota sin paliativos en sólo unas semanas. A pesar
de que los norvietnamitas tuvieron miles de bajas por la cobertura artillera y
aérea norteamericana, el ejército del Sur
sufrió más de ocho mil muertos en sus unidades de élite. Pero la campaña agresiva en Laos por parte de Estados Unidos fue de tal magnitud que ha quedado en la historia
como el país más bombardeado del planeta. Con todo, Nixon apareció por televisión en abril para anunciar que “la vietnamización ha sido un éxito”. La patente realidad era que la
desmoralización de los ejércitos imperialistas era un hecho extendido. Los
datos de deserción en el ejército USA,
se multiplicaron por cuatro entre 1966 y 1971, y los del ejército del Sur eran alrededor de ciento veinte mil
por año. Las fuerzas comunistas también tuvieron cerca de veinte mil desertores
cada año, pero su voluntad de combatir nunca disminuyó. Un fiel indicador del desgaste
de la moral en las tropas del ejército de los Estados Unidos fue el llamado “fragging”, es decir, la agresión de
los soldados hacia sus jefes. El ejército informó que se produjeron 126 casos
en 1969, 271 en 1970 y 333 en 1971, que se pueden considerar aumentos
espectaculares habida cuenta de la reducción de efectivos a partir de esos
años, y además que no se pueden considerar cifras fiables, ya que la realidad
es que debieron ser mucho mayores, al atribuirse muchas bajas a “fuego
accidental” o simplemente muerte en combate. Otro caso que ejemplifica la
caída de la moral de la tropa lo constituye el sorprendente aumento del consumo
de drogas. La marihuana era fácil de conseguir y muy barata, y en un estudio de
1969 al menos una cuarta parte de los soldados norteamericanos la consumían. El
ejército arrestó ese mismo año a mil cada semana, pero dado que la heroína era
más fácil de esconder que la fragante marihuana se produjo un alza en el
consumo de esta otra sustancia. El ejército realizó un informe en 1974 sobre
este hecho revelando que en aquellos primeros años setenta nada menos que un 34
por ciento de los soldados se habían enganchado a la heroína durante su
estancia en Vietnam. En 1971 el general Creighton Abrams estaba desesperado: “Tengo batas blancas por todas partes:
psicólogos, consejeros sobre el consumo de drogas, especialistas en desintoxicación
y en rehabilitación… ¿Es esto un maldito ejército o un hospital psiquiátrico?
Los oficiales tienen miedo de mandar a sus hombres al campo de batalla, y los
soldados no les obedecen. ¡Dios mío! ¿Qué ha pasado?”. Lo que había sucedido era que la
tropa estaba harta de la guerra, y que estando al tanto de las conversaciones
de paz, nadie quería ser el último en morir en Vietnam. Conversaciones en París y bombardeos para navidad. En 1972 Nixon realizó un viaje a China
y se reunió con Mao Zedong. Fue un
viaje que sorprendió a todo el mundo, y estaba destinado a acentuar la tensión
entre La respuesta de Vietnam del Norte le llegó a Nixon en forma de ofensiva militar
apenas un mes de concluir su periplo. Treinta divisiones, con el apoyo de
doscientos carros de fabricación soviética entraron en el departamento de Quang
Tri, al tiempo que otros setenta mil soldados atacaron en las montañas del
centro y al noreste de Saigón. Sólo
el poder aéreo de Finalmente, tras cuatro años de
inútiles negociaciones en París, en
el otoño de 1972 se alcanzó un acuerdo entre Hanoi y Washington en
virtud del cual Estados Unidos
retiraría sus tropas de Vietnam,
pero Van Thieu se opuso, ya que
dicho pacto convenía en dejar que las tropas norvietnamitas permanecieran en el
Sur, lo que le dejaría en situación
de clara desventaja. Entonces Kissinger
presentó una nueva lista de condiciones, que desencadenó un aluvión de
contrapropuestas por parte de la delegación norvietnamita, que consideró hacer
las maletas y regresar a Hanoi. Ante esta reacción a Nixon no se le ocurrió nada mejor que
lanzar más de 36.000 toneladas de bombas sobre Hanoi en lo que se conoció como el “bombardeo de Navidad”. Tras el criminal bombardeo ambas
partes volvieron a reunirse y acordaron lo mismo que en octubre. Así es como lo
percibió Daniel Davidson, miembro de
la delegación norteamericana en las conversaciones de paz: “Lo imperdonable de la política de Nixon y Kissinger, a mi entender,
fue el bombardeo de Navidad de Hanoi, que no nos sirvió para nada. El acuerdo
que teníamos con Vietnam del Norte antes del bombardeo de Navidad era el mismo
que tuvimos después del bombardeo. Es evidente que el único propósito era que
el gobierno del Sur se uniera. Así que matamos gente para que nuestro aliado se
uniera al acuerdo.” El bombardeo incluyó, entre
otros múltiples objetivos civiles, la destrucción del principal hospital de Hanoi, el Bac Mai, y compuso el triste
colofón de la aventura imperialista de Estados
Unidos en Vietnam. El fin. Toda vez que la presencia militar
norteamericana desapareció de Vietnam
del Sur la historia siguió su curso,
que no fue más que la consolidación del proyecto de unificación nacional, la vieja
aspiración tan deseada por Vietnam del
Norte. Para terminar de lograrlo sólo debían acabar con el podrido régimen
de Van Thieu, pero los dirigentes de
Hanoi fueron muy prudentes, y no les
interesaba atacar de forma inmediata, ya que podrían provocar el regreso de las
tropas de Estados Unidos si se producía alguna violación
de los Acuerdos de París, de modo
que se dedicaron a reforzar su presencia en las regiones que controlaban. Mientras tanto en los Estados Unidos el Congreso obligó al
gobierno Nixon a reducir el apoyo
económico al Sur de tres mil
doscientos a setecientos millones de dólares, lo que provocó un desequilibrio en
la economía de un país acostumbrado a la inyección de dólares desde hacía lustros,
que hizo que aumentaran el desempleo y la inflación, con las consiguientes
protestas contra el gobierno Thieu,
que se mostró aún más represor, con lo que su apoyo popular, siempre precario,
fue cayendo hasta que prácticamente sólo fue apoyado por el ejército. Con la caída de Nixon en 1974 los comunistas
vietnamitas vieron la posibilidad de acabar con Thieu, y así en enero de 1975 comenzaron la ofensiva final. Tras
tomar la provincia de Phuoc Long, las montañas del centro del país y amplias
zonas meridionales, el ejército survietnamita se descompuso y como consecuencia
se generó el pánico en un sector de la población que temía las represalias de
los vencedores. El 29 de abril de 1975 numerosas
personas acudieron a la embajada de Estados
Unidos en Saigón, para conseguir
salir del país y de este modo unas siete mil fueron evacuadas en helicópteros
desde la capital, que ya estaba siendo tomada, hasta los navíos de Días antes Van Thieu fue sacado del país en un vuelo secreto de Epílogo. La intervención norteamericana
para los pueblos de Indochina no fue
ninguna aventura, sino una durísima prueba a la que se vieron sometidos durante
demasiado tiempo, y que dejó un poso agrio e imborrable en el destino de sus
sociedades. La enorme cantidad de víctimas es inconcebible, y al cabo de la
tercera generación todavía se pueden observar las secuelas en forma de
recuerdos y vidas rotas, cuerpos mutilados, sociedades fragmentadas, enormes
extensiones de terreno devastado donde cualquier forma de vida es simplemente
inviable, y seres humanos que aún nacen con deformidades monstruosas, resultado
de las miles de toneladas de dioxinas esparcidas y escondidas tras el inocente
nombre de “agente naranja”. La criminal intervención
norteamericana siempre tuvo desde el poder la incuestionable consideración de la
lucha contra el comunismo, enfrascada en la ideología del “mundo libre”, que era capaz de asimilar, no sin cierta crítica,
episodios del calado de My Lai, paradigma
del asesinato masivo e indiscriminado de ciudadanos inocentes. Al hilo del planteamiento de Noam Chomsky, quien afirma que nadie
puede imaginar que ¿Qué hubiera sucedido si esto
realmente hubiera pasado, y cuál habría sido la respuesta del mundo, y la de Estados Unidos? Si se reflexiona sobre este
particular quizás podríamos aprender algo interesante sobre el estado de la
civilización occidental. Por lo que respecta a Vietnam, su destino ha sido
decepcionante, ya que todo el sacrifico de la guerra únicamente ha servido para
enmarcar su proyecto nacionalista, pero ha hecho bastante poco por establecer
un socialismo digno pareciéndose cada vez más al modelo económico chino. En 1978 el ejército de Vietnam desalojó del poder en Camboya a los Jemeres Rojos y al año
siguiente fue China quien invadió Vietnam, acabando en la práctica con la
falacia de la “teoría del dominó”; y
nuevamente el general Giap los barrió
con una excelente estrategia militar. Actualmente es uno de los países
en desarrollo del tablero mundial, con fuerte crecimiento económico, pero su
mano de obra, la que trabaja para las multinacionales, es la más barata del
mundo. Pobre balance para tal sacrificio. Tras el descalabro en el sudeste
asiático la agresividad del imperialismo norteamericano se tornó más enconada,
si cabe, y centró su atención hacia el continente sudamericano, donde se
gestaban movimientos antiimperialistas y socialistas con gran fuerza social,
especialmente en la región denominada “cono sur” latinoamericano. Sus máximos exponentes fueron Chile, Argentina y Uruguay
países en los que surgió una nueva generación llamada a impulsar movimientos de
renovación radical del poder político, y lo más importante, del poder económico
y social. Y fueron los mismos precursores
del horror y la devastación en Vietnam,
Laos y Camboya los que diseñaron la “Operación
Cóndor”, el famoso operativo destinado a erradicar por medio del terror, el
asesinato masivo y el aplastamiento de la legalidad institucional, esos cambios
tan demandados. ¿Es este el “mundo libre” que prometieron los apologistas del imperialismo? Los crímenes del imperialismo son
indescriptibles. No tienen justificación, ni perdón. Y sería tremendamente
injusto relegarlos al olvido, por cuanto que el olvido es omisión,
indiferencia, indolencia y por último, no-existencia. |