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Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo. (Karl Marx) |
| Julián, la pasión de la razón |
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| escrito por José Javier Torija Rodríguez | |
| sábado, 26 de junio de 2010 | |
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[Este artículo es dedicado a Julián Méndez Gorines quien ha fallecido hace poco. En el Nuevo Contramarcha nº 51 se publicó parcialmente este artículo, por razones de espacio. Aquí está el texto completo.] El primer asesinato no lo cometió Caín sobre Abel sino Dios sobre los hombres al crearlos mortales. De hecho, (es) el asesinato que contiene todas las muertes habidas y por haber. Después de esto, ¿qué podían hacer los hombres? Guillotinar a Luís XVI era tan sólo un adelantar la muerte que ya tenía inscrita por mandato divino, claro que quitar la vida a un tirano es contrario a la voluntad divina. ¿Cuántas veces se ha repetido y en todos los lugares del mundo que el hombre que acababa de morir había merecido mil veces la vida y sin embargo ya no volvería a caminar sobre esta Tierra? Y lo mismo moría el bueno que el malo, el justo que el injusto. Es el orden natural. De pequeño los curas me decían: «Dios hace llover sobre
justos e injustos» y de seguido sospechaba que había algo en aquella frase
que no acababa de encajar. ¿Cómo podría Dios permitir el mal? Fueron necesarias
legiones de pensadores al servicio de la religión organizada para articular un
saber legitimador, Pero respecto del orden humano, y con una pasión casi
platónica por la idea de justicia, Julián me dice que al comienzo de
toda costumbre, y en todas las formas adoptadas por el hombre subyace una
antigua dominación, toda construcción de cultura se realiza sobre un principio
de violencia. Y aún cuando la violencia es costosa para mantener el orden
impuesto respecto de otras formas de control más sutiles, la violencia es la
última respuesta cuando fracasan las otras formas de control. De este modo la
violencia es el principio y el fin de la cultura. El problema de las
civilizaciones construidas tras el Neolítico es que hemos construido sociedades
de esclavos y no de hombres libres. Y entonces me cita excepciones honrosas
–independientemente de sus impurezas- como Contra todo este orden temporal, Julián piensa que
este mundo no está bien hecho, y que es muy fácil imaginar mundos mejores que
éste. Y, a pesar de estar convencido de que los tiempos que corren no son
propicios para la causa de la justicia, su acción está siempre acompañada por
una poderosísima esperanza de cambio en el orden del mundo. Y casi incrédulo,
me dice: «Javi, ¿cómo puedes obrar sin esperanza?». La esperanza de Julián no sólo es un deseo sino una
necesidad racional, un intento de buscar una razón necesaria que altere el
devenir de los tiempos. Y pienso que Julián encuentra esa esperanza en
el marxismo adoptando la forma de la poderosa razón que justifica el correr de Si en Julián la esperanza tiene la forma de razón
no es por arbitrariedad sino por algo muy reconocido por todos, por su
principal virtud intelectiva: ser amante de la verdad. Y está convencido que la
verdad sólo la podemos alcanzar por medios racionales. Por eso en cada
conversación con él nos damos cuenta hasta qué punto escucha nuestros
argumentos y los digiere antes de contestar, podemos observar cómo busca la
coherencia, esto es una racionalidad superior en los argumentos. No acepta
peticiones de principio, ni la autoridad en los argumentos, la fortaleza de un
argumento es su autoridad. Respecto de la antinomia entre la verdad de la razón
y la verdad de la fe, Julián apuesta convencido que Para su formación científica elige Su amor a las ciencias tiene que ver con la sed de verdad.
Reconoce en el método científico –de prueba y error- como el único modo
conocimiento que puede aportar verdad al hombre sobre su mundo y que ese
conocimiento es independiente y neutral. El libro de Sokal Imposturas
intelectuales le confirmará esta tesis. Trabaja en el Hospital Clínico
sobre una tesis doctoral que relaciona ciertos marcadores genéticos con cierta
enfermedad, y mientras trabaja en su tesis lee otro libro por el que va a modificar
su posición respecto de la ciencia: La estructura de las revoluciones
científicas de T. Kuhn. A partir de ahí, Julián explora
el mundo de la epistemología. Empieza a reconocer que la ciencia no es neutral
y que hay una influencia social, de modo que en cierta medida la ciencia es
dependiente de la sociedad que lo produce, una idea que bien es compatible con
el marxismo. Está entusiasmado y hace un seminario en el Hospital Clínico para
sus compañeros médicos sobre método científico aplicando las ideas de
paradigma, ciencia normal y ciencia en crisis. ¿Cuántas son las facetas de Julián? No sé si
conozco todas, pero tiene muchas. En cuanto a ciencia se refiere no sólo está
su formación biológica (no en vano conocemos su afición por el montañismo, y
más modernamente el submarinismo), es un conocedor de toda la física de
vanguardia, desde la crisis de la física a principios del siglo XX que enfrenta
a Einstein con Bohr (y que él se posiciona a favor de la
interpretación de Copenhagen) hasta las más modernas teorías con sus
modelos matemáticos. Le fascina la matemática porque dispone de un lenguaje
unívoco y universal además de un conocimiento racional de primer orden, es un
conocimiento puramente deductivo. Pero los sistemas matemáticos tienen una sola
“pega” se basan en axiomas o principios indemostrados. La pregunta sobre si los
axiomas pueden tener una fundamentación más allá de la matemática le lleva a
terrenos de la lógica formal. Además, todos conocemos la importancia que Julián
otorga al hilo argumentativo y sus deducciones. En informática ¿quién no ha
necesitado de su mano de obra para arreglar su ordenador o poner en marcha una
página web o simplemente la maquetación de un artículo? Siempre que tiene
ocasión promueve trabajos en equipo autogestionados, me acuerdo cuando Julián
me propone desarrollar un algoritmo de encriptación, el famoso DES
que resultó tener una puerta falsa, y luego investigar alguna variación sobre
el modelo, también me acuerdo los desarrollos para la exploración de fractales
en lenguajes de medio y bajo nivel. En cuanto a otras disciplinas, por ejemplo en la
lingüística critica la ambigüedad de los lenguajes ordinarios respecto del
lenguaje matemático, se muestra favorable a un lenguaje universal en el que
todos los hombres podamos entendernos, por eso le gustaría que fuese el
esperanto, pero añade que desgraciadamente el inglés tiene todas las
posibilidades de serlo, que es el lenguaje vehicular de los negocios a nivel
mundial. Respecto de la literatura, creo que el último libro que tiene entre
manos es el de Creación, donde se pone en debate las ideas
filosóficas primigenias donde abundan las interpretaciones religiosas y tiene
como contrapunto a Demócrito el mayor valedor del materialismo en la
antigüedad. Una asignatura pendiente (¿la única?) es la poesía, sabe de su
importancia, pero sin entrar en ella. En cambio es una grata sorpresa su
amistad con el teatro, recuerdo cuando me dice: «debatimos acerca de cuál
método elegir si el de Stanislavski o el de Brecht. Al final nos
decidimos por el teatro de Bertolt Brecht» Sin embargo, el
naturalismo no es una objeción artística para Julián puesto que habla en
algunas ocasiones del cine de Ken Loach. En general, su concepción del
arte es la siguiente: todo arte debe mover a la subversión, todo lo que es
simplemente decorativo no es arte. No he hablado con él acerca de cómo ve al
surrealismo y su trasgresión de la realidad, pero creo que el verismo no le
debe agradar, por lo menos en la medida en que no contenga simbolismo. ¿Y qué decir de la música? Sin maestros que le abran
camino, de forma autodidacta, Julián explora la música instrumental (la llamada
música clásica) y más tarde la ópera, que acapara casi en exclusiva sus
audiciones. En su optimismo por la tecnología y la ciencia me dice: «gracias
a la ciencia, podemos tener la posibilidad de escuchar la ópera, algo que sólo
estaba reservado a unos pocos». Busca nuevas versiones para compararlas,
depura sus gustos y acaba por renunciar a los artificios como el vibrato y
prefiere las voces sin dobleces como Studer, Callas o Jo y
destrona a Sutherland. Prefiere la interpretación que transmite al
chorro de voz, prefiere a Di Stefano y a Kraus que a Domingo o
Pavarotti. Verdi y Rossini, en general la ópera italiana.
De Wagner me dice: «A mí me gusta y al Andrés le apasiona,
pero cuando escucho el funeral de Sigfrido, no puedo evitar sentir que
es un funeral vikingo y deja de gustarme» A lo que trayéndole el texto de
un biógrafo suyo le digo, «Pero no, Julián, eso es lo que han querido
que pensáramos de él. Nos lo han robado. Wagner acaba de participar en la
revolución de Dresde, el anillo no es sino la plasmación de lo que
no pudo ser, el hombre en su bastardía renuncia a los dioses, los desafía y
provoca su caída». A lo que Julián empieza a reconsiderar. ¿Y cómo no? Tal es el optimismo antropológico de Julián, el
hombre tiene en sus manos la capacidad de cambiar el orden que ha construido,
lo puede destruir para construirlo nuevamente pero de otra manera. Por eso le
atrae la antropología, su concepción del hombre es cercana al materialismo
cultural, aunque en los últimos tiempos debate el significado de materialismo.
Los primeros acercamientos de Julián a la antropología lo hacía desde la
perspectiva darwinista, donde concibe al hombre como una continuidad de lo
biológico, de tal modo que lo específicamente humano es simplemente la
diferencia específica propia de la especie. Sin embargo su posición la
modifica, mantiene que las capacidades humanas proceden del legado zoológico no
de ninguna ascendencia angelical, pero hay elementos no explicables desde el
ámbito puramente biológico, pudimos tener la ocasión de expresarse en este
sentido cuando hace un seminario sobre Biología adaptativa, creo recordar que
orientado a Kropotkin. Que En fin, está claro que no sólo le interesa la ciencia, y,
sin embargo, a pesar de su cultura diversa son pocos sus escritos –al menos que
yo sepa- parece siempre promover los diálogos, lo que le convierte en un
Sócrates moderno. Recuerdo perfectamente el día en que nos conocimos, se
acercaba El alma de Julián es viajera, con su corazón de
deseo de cambiar el mundo viaja a distintos lugares del planeta, encuentra
personas en todos los lugares con los mismos deseos de cambio. Lo que afirma su
carácter universalista, la aspiración a grandes ideales de salvación humana,
una salvación no en otro mundo sino en éste. Su actitud de donar no sólo sus
órganos sino todo su cuerpo a la facultad habla por sí misma Hablar de la excepcionalidad de Julián es una
vaguedad, pero si hablamos de aquello que lo hace excepcional nos sorprende
que tantas cosas excepcionales se den en un ser humano. Todas aquellas
virtudes éticas: que es profundamente sincero y dispuesto a decir lo que piensa
en el foro que fuera o cualquiera que sea su interlocutor, es fácil saber lo
que de él puede esperarse porque es transparente y no tiene doblez, en él
confluye honradez y honestidad, lo que quiere para sí no quiere que los demás
se vean privado de ello, tiene generosidad y universalidad, en definitiva y en
una sola palabra: solidario. Me habla de la caridad (virtud
cristiana) y de la tolerancia (virtud de la democracia representativa) y me
dice que son ejercitadas desde arriba, la solidaridad sin embargo se practica
de igual a igual. A pesar de que todos le otorgamos una poderosa
racionalidad, y aún más, le otorgamos que en él impera la racionalidad sobre
todo lo demás, pienso que esto no es así. Creo que en él prima lo irracional,
los elementos biológicos y volitivos, que proceden de las tripas (si se permite
esta expresión). Y si bien es cierto que conversando con él es difícil
transgredir el plano racional, creo, sin embargo, que su pasión es la razón.
Fundamentalmente veo a Julián apasionado, Julián no es flemático,
como cabe esperar de los ultra-racionalistas. Julián es todo corazón y
su corazón dirige su razón. Así lo veo yo. |
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