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El amor al dinero como posesión –en tanto distinto del amor al dinero como medio para las alegrías y realidades del mundo- será (en el futuro) reconocido como lo que es: un tipo de repugnante enfermedad, una de esas propensiones semi-criminales, semi-patológicas, que uno entrega con cierto estremecimiento a los especialistas en salud mental (J.M.Keynes) |
| El advenimiento de la Sociedad post-industrial (1991) de Daniel Bell |
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| escrito por José Javier Torija Rodríguez | |
| miércoles, 14 de julio de 2010 | |
|
El
argumento de Bell tiene la figura de la proporcionalidad. Examina la
sociedad preindustrial y la sociedad industrial y propone una tesis
estableciendo una especie de proporcionalidad: la sociedad preindustrial es a
la sociedad industrial lo que la sociedad industrial ha de ser a la futura,
pero inminente, sociedad post-industrial. La
sociedad pre-industrial se había basado en la obtención de recursos de la
naturaleza de una forma manual y primaria, esto significaba que la renta
obtenida dependía de estos recursos primarios. Pongamos por caso cualquier
época anterior a la sociedad industrial, la riqueza se obtenía principalmente
de la tierra (los recursos naturales), con lo que la distribución geográfica de
riquezas depende de la distribución de la calidad de las tierras. Pero,
¿significa esto que los hombres que vivían en tierras más pobres, poseían
peores rentas? No necesariamente, porque la renta no es sino la división de la
riqueza entre el número de personas, con lo que las buenas tierras permiten una
inmigración cuando están poco pobladas y las tierras con menos recursos invitan
a la emigración con el aumento de población. Y como los movimientos migratorios
dependen de la perspectiva de prosperidad en la época pre-industrial la
producción relativa era homogénea en todas partes dentro de un orden. Así pasó
en la protohistoria cuando el creciente fértil aglutinó una gran cantidad de
población, la renta media no debía ser muy diferente de otras partes del
planeta. Lo excepcional de esta tierra rica es que hubo una producción bruta conjunta
como nunca antes había sucedido y porque se pudieron generar muchos pequeños
excedentes a costa de grandes masas de población que eran pobres (desigual
reparto de la riqueza), se crearon grandes civilizaciones con palacios y
edificios descomunales para este tiempo. En
cambio, la sociedad industrial gira en torno a la maquinaria y a la
optimización económica de los procesos productivos, con lo que se obtienen
bienes fabricados (secundarios). No es que no importen los recursos naturales, ¡claro
que importan!, y de hecho, los bienes manufacturados se deben a una
transformación de los recursos naturales. Pero desde el punto de vista de la
producción la obtención de la manufactura multiplica el producto, de modo que en
una sociedad mecanizada el producto del sector secundario es muy superior al
producto del sector primario. Si además de la ventaja económica per se,
pensamos en que los países que primero llegan a Es
precisamente la optimización económica la que rige este tipo de sociedad,
estratificando en nuevas clases especializadas. Bell separa la sociedad
industrial de la dimensión política y la dimensión cultural de la sociedad, pero
¿el ámbito político puede ignorar que la realidad social está marcada por esta
organización traída por Bell hace
una predicción: en unas décadas después (por la fecha de publicación del libro,
está ya hablando de más o menos este momento actual) va a emerger una sociedad
post-industrial. Si la economía se estructuraba respecto a la producción en
tres sectores: el primario (agropecuario), el secundario (industrial) y el
terciario (los servicios), es el terciario el que va a tener más peso
específico que los otros dos superando al sector secundario, dominante en las
sociedades industriales. Prevée que traerá consigo un cambio en la estructura
social, y en qué medida puede darse va a depender de las otras dimensiones
sociales. Desde
mi punto de vista Bell es interaccionista y entiende que hay tres
dimensiones de lo social: la política, la cultural y la estratificación social
derivada de la sociedad industrial. Si todo influye en todo, y las partes
integradas hay que considerarlas como un todo, pues cada parte interacciona con
las demás, creo que interesa resaltar que no se debe hacer mera tabla rasa pues
el interaccionismo no puede ser mantenido al mismo nivel en todas sus partes,
ya que el ámbito político no puede ignorar que la realidad social está marcada
por esta organización traída por Dado
la sociedad industrial está estratificada, pero en su complejidad está
“desorganizada” (movilidad social, distribución de inteligencia), el ámbito
político puede –y debe- ser el que en la nueva época postindustrial pueda
dirigir y organizar un sistema tan complejo como esta nueva sociedad. El
problema es político y simultáneamente técnico por la utilización de modelos
probabilísticos de predicción en entornos sociológicos complejos. Con lo que la
nueva tarea del político ya no está en el desarrollo práctico de las
ideologías, sino en dar respuesta a los nuevos desafíos de las sociedades
postindustriales, y eso es –básicamente- un problema técnico. Los
políticos habían vivido de las ideologías en el pasado y Bell aunque no
dice que hayan desaparecido, sin embargo, sí menciona que se han agotado. Este
agotamiento induce a Bell a buscar otras nuevas. ¿Qué contenido deben
tener estas nuevas ideologías? La apuesta de Bell en pro de lo
técnico y en contra de las ideologías (a las que considera ya agotadas) me
suscita la pregunta ¿no se trata en el fondo de un nuevo aspecto –una
transformación, si se quiere- de cierta ideología dominante que pretende el
control y el dirigismo de la sociedad en unos tiempos nuevos? La
movilidad social comporta desorden, ¿acaso es malo ello, y en qué sentido y
para quién eso es un desorden? Se pretende dirigir y que no haya movilidad
social, que no hayan desplazamientos en las capacidades y habilitaciones, esto
es, los ricos deben seguir siendo ricos, poseedores de los medios productivos y
de control, para que el orden permanezca. Pero como Bell pretende que
estamos en fase de cambio, demostrado por el continuo desgaste de las
relaciones sociales basadas en la propiedad y de las estructuras de poder
centralizadas (las élites de Pareto), los nuevos ricos –interpreto- no
se basan en la posesión tangible, ni el poder continúa centrado, más bien la
propiedad se difumina y el poder se democratiza, esto es, se anonimizan. Pero
claro, esto es tan sólo la tendencia, Bell no predice en qué forma se va
a materializar estas nuevas clases sociales e insiste que es un momento de
transición. Y
aunque admite con fuerza la necesidad del elemento técnico, se opone al
determinismo tecnológico, pues entiende que el sistema político “manda” sobre
el sistema económico, oponiéndose en cierta medida, por tanto, a las conocidas
tesis de Max Weber y Karl Marx en este punto. Entiende que los
cambios en la estructura social se originan debido a decisiones políticas, y si
este origen no queda suficientemente claro se debe a la poca previsibilidad de
sus respuestas ante ellas. Y lo mismo respecto de la cultura, entendiendo que
los cambios culturales son autónomos y no dependen de la estructura social. La
distribución de la riqueza y el poder está en cuestión desde hace tiempo en
esta sociedad en transición. Éstas ya no son dimensiones de clase, dice, sino
valores solicitados y conseguidos por las clases. Presupone que el poder
político controla la distribución de ambos y hace surgir –dice- surgir élites
temporales, diciendo con ello que no existe una continuidad de poder y
propiedad. El argumento de Bell se basa en que las clases son ahora
menos estancas y puede darse ascensos (y descensos) en la escala social. Y en
cierto sentido es verdad que mucho se ha avanzado en cuanto el acceso al
conocimiento (antes la universidad era coto de familias privilegiadas e
Internet posibilita el acceso al conocimiento a todos), y existen mejoras
indudables de la calidad de vida de muchos descendientes de clase trabajadora
por la profesionalidad o la especialización. Sin
embargo, el argumento está forzado por cuanto no es lo habitual ni la norma. E
incluso me atrevería a más, es poner el carro delante del caballo.
Primero hay que observar que cuando se argumenta que hay mejoras de calidad de
vida es porque se está comparando dos momentos distintos en el tiempo de una
misma sociedad, un momento antiguo (el de la sociedad industrial) en el que la
clase trabajadora tiene pésimas condiciones de vida y en la práctica nulo
acceso al conocimiento y otro momento actual y venidero (el de la sociedad
post-industrial) en el que la clase trabajadora ha ganado nivel de vida,
conocimientos y derechos. Las condiciones de esos momentos son completamente
distintas, tanto que pudiera parecer que hay dos Capitalismos distintos. ¿Lo
son? El Capitalismo se guía por una razón: el beneficio, o lo que es lo mismo,
el incremento del capital[1],
y el capital busca la forma máxima de multiplicarse por unidad de tiempo. La
forma máxima de multiplicarse el dinero a finales del siglo XIX en los
comienzos del desarrollo de la sociedad industrial no tiene nada que ver con la
forma máxima de multiplicarse el dinero en nuestros días. De tal modo que,
aunque sea cierto el diferencial de nivel de vida de la clase trabajadora, este
diferencial es un efecto colateral del Capitalismo, al menos, si puede contarse
como beneficioso desde luego no es el efecto buscado, que lo que verdaderamente
busca es la multiplicación del dinero, o lo que es lo mismo la acumulación y
concentración de riqueza en menos manos. Y
de todos modos aunque otorgáramos –como hace Bell- como bondad esa
distribución del conocimiento en todas las clases sociales a esta sociedad tecnológica
y post-industrial eso no significa que haya una traducción directa en el nivel
de vida o ascenso en la escala social. Por poner un ejemplo bien claro, frente
al argumento de Bell, no tendrían las mismas oportunidades –pongamos por
caso- los hijos de Botín que los hijos de un trabajador de una sucursal
del Banco Santander, las posibilidades de que el hijo de Botín
trabaje en una sucursal urbana y el hijo del trabajador termine al frente del
Banco son más bien escasas por no decir que son nulas. De modo que, aunque es
cierto que la sociedad del Antiguo Régimen tenía clases estancas, con el
Capitalismo aunque son menos estancas continúan teniendo un alto grado de
estanqueidad. Pero
no debemos extrañarnos del avance en materia de clases sociales al comparar el Anciano
Régimen con la sociedad burguesa surgida tras [1] El ciclo del dinero es, de una forma didáctica, capital invertido en un momento t1, se convierte cuando llega t2 de la realización del ciclo en capital resultante, que es la suma del capital invertido + beneficio. Pero como el beneficio se puede poner en función del capital invertido, entonces el capital resultante es el capital invertido multiplicado por un factor de plusvalía (o excedente de la producción, o revalorización, o del beneficio, como se quiera llamar). Si volvemos a reinvertir en un proceso realimentado del cicho del dinero, obtenemos lo siguiente: capital invertido = capital invertido x factor de plusvalía elevado a n ciclos de reinversión. [2] No obstante, el rey tiene la posibilidad de nombrar nuevos nobles, así en los últimos doscientos años de anciano régimen en Francia se multiplicaron por diez los títulos nobiliarios otorgados por el rey a cambio de dinero. |
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