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Cuando alimento a los pobres me llaman santo. Cuando pregunto por qué los pobres no tienen alimento, me llaman comunista. (monseñor Hélder Cámara, obispo de Olinda y Recife)
 
Juan Goytisolo tendrá que esperar Imprimir E-Mail
escrito por Pablo M. Fernández Alarcón   

A la triste memoria de Javier Verdejo. Por ejemplo…


Juan Goytisolo tendrá que esperar”. Así espetaba la noticia el periodista de Radio Nacional de España: Margaret Atwood acababa de ganar el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y 50.000 € de prestigio uno detrás de otro.



Pero había algo más. En vez de reseñar los indiscutidos méritos de la escritora canadiense –si los ignoraba no seré yo quien le culpe- hacía una reflexión sobre el papel de Juan Goytisolo en la historia de la literatura española, ya saben, uno de los más importantes autores de los años sesenta, el realismo, etc. y –para mayor sorpresa- lo comparaba con Camilo José Cela –el otro gran representante de bla, bla, bla… que, sin embargo, éste sí, había alcanzado todos los reconocimientos…


Y hasta ahí la sorprendente y efímera reseña (en el siguiente boletín ya había recobrado Margaret Atwood su merecido protagonismo). Pero así, sin apenas buscarlo, quedaba planteada a la selecta audiencia una cuestión sin resolver: ¿Por qué? ¿Hay tanta diferencia en calidad literaria entre los dos autores que justifique su diferente reconocimiento y popularidad?


Cada quién tendrá su respuesta. Quiero tan solo ofrecer –la ocasión en estos casos es verdaderamente calva- dos pasajes de ambos autores que, curiosamente, se me vinieron en ese momento a la cabeza. Se trata de pasajes heterogéneos, elegidos por mí como lector interesado parcial –¿quién puede no serlo?- y sin otra pretensión que la de ofrecer una imagen que puede juzgarse más o menos correcta pero que, modestamente creo que arroja algo de luz sobre el diferente tratamiento de ambos autores, especialmente por la industria, la prensa y los jurados. Y un poco también, tal vez, sobre la sociedad española en general.


Pero en suma, no es más que otro divertimento literario en el que los escritores escriben y los lectores juzguen lo que les de la gana..


El primero es un pasaje de Goytisolo, del primer capítulo de su novela Señas de Identidad,1 publicada por vez primera en 1966. En él, Álvaro Mendiola -el protagonista-, glosa “el recuerdo sardónico de unas voces de su adolescencia”.


Las voces decían:


“’Nosotros no tenemos la culpa en realidad no sabíamos nada cierto que en el 39 adherimos masivamente a la Falange o al Requeté y vestimos a nuestras hijas de Luceros o Margaritas y a nuestros hijos de Flechas o Pelayos pero lo hicimos por razones de puro patriotismo como reacción lógica contra los desórdenes funestos de antes desórdenes que ni tan siquiera hoy ningún hombre de buena fe puede negar si equivocación hubo nació por exceso de amor a nuestro país y en la mayoría de los casos nuestra actuación política fue breve justo el tiempo preciso para organizar un poco las cosas después de aquella lucha terrible e inútil que tanta sangre debía costarnos a unos y a otros y pasado el primer entusiasmo efímero nos retiramos a una vida prudente y discreta enteramente consagrada a la familia y los negocios, creyendo a pie juntillas en el cuadro idílico que nos pintaban los diarios convencidos de que la victoria de Hitler abría una época de paz progreso y prosperidad para las naciones sin darnos cuenta del reverso de la medalla de su profundo orgullo y menosprecio hacia los valores espirituales y terrenos secularmente defendidos por la Iglesia Católica error excusable si se tiene presente que terminada nuestra guerra fratricida pensábamos ante todo en el futuro económico del país en reconstruir inmuebles y fábricas fomentar el comercio y desarrollar la industria a fin de proporcionar trabajo y pan a millones y millones de compatriotas indigentes muchos de los cuales dicho sea en honor de la verdad habían combatido a nuestro lado o habían dejado al caer viuda e hijos suponiendo cándidamente que los políticos profesionales resolverían las cosas a su debido tiempo y restablecerían la monarquía cuando fuera necesario una monarquía liberal con Estamentos y Cámaras respetuosas del bien común y la libre empresa atenta a la justicia distributiva aconsejada en las Encíclicas papales ajenos por completo a los abusos de una represión cuya existencia desconocíamos confiando ingenuamente en la probabilidad y el civismo de los hombres que regían los destinos del país sacrificándonos también cuando las circunstancias lo imponían sometidos como estábamos a un racionamiento tan extremo que su propio rigor nos obligaba a menudo a eludirlo no por nosotros dispuestos siempre a servir con lealtad los intereses superiores de la patria sino a causa de nuestros pobre hijos reducidos a comer una exigua porción de 150 gramos de pan diarios en tanto que los felices poseedores de una cartilla de tercera recibían 400 sin hablar de la penuria de los restantes productos que muy a nuestro pesar debíamos agenciarnos de estraperlo como todo el mundo menesterosos incluidos pero se trata como vemos de pecadillos menores casi insignificantes y difícilmente se puede encontrar el justo cualesquiera que fueren su extracción social y sus orígenes libre de culpa él mismo para lanzar la primera piedra restaurar los partidos nacionales entronizar de nuevo los Borbones tal nos parece hoy la solución oportuna dada la coyuntura hostil a los regímenes totalitarios y la subversión roja que nos amenaza estos cinco años de postguerra española han sido igualmente duros para todos para los vencedores como para los vencidos para los ricos como para los pobres por eso se impone hoy la fórmula dúctil y equitativa la abertura al diálogo el pacto que garantice el respeto a las personas y a los bienes el borrón y cuenta nueva salutífero preludio de la paz en los espíritus y del anhelado y firme apretón de manos…’”



El texto de Cela no es, por contra, un texto de propósito exactamente literario, no siendo fácil determinar –no sé que diría Cesar Vallejo sobre tan espinoso asunto- si público o privado: Se trata de una Instancia2. En este caso, pública por su cauce, discreta por su contenido. Tal vez sólo por ello ha pasado mucho más desapercibida de lo que merece su indudable calidad literaria.


Nuestro ilustre Nóbel le dio entrada en el Registro de la Jefatura del Servicio Nacional de Seguridad de La Coruña en fechas muy relevantes según hemos visto en el texto anterior: un 4 de abril de 1938.


Aunque ha aparecido en otras fuentes yo recomiendo, si es posible, leerla con total confianza en el estupendo y vengativo trabajo del insigne periodista del Arriba, de El Alcázar y, posteriormente, de los Servicios Informativos de Televisión Española, Don Miguel Jiménez Marrero -por más señas “falangista de la primera hora”- titulado Crónica de Medio Siglo3 donde, entre otras muchas cosas de gran interés, la reproduce con total exactitud:

EXCELENTÍSIMO SEÑOR COMISARIO GENERAL DE INVESTIGACIÓN Y VIGILANCIA.

El que suscribe, Camilo José Cela y Trulock, de 21 años de edad, natural de Padrón (La Coruña) y con domicilio en esta capital, Avenida de la Habana 23 y 24, Bachiller Universitario (Sección de Ciencias) y estudiante del Cuerpo Pericial de Aduanas, declarado Inútil Total para el Servicio Militar por el Tribunal Médico Militar de Logroño en cuya Plaza estuvo prestando servicio como soldado del Regimiento de Infantería de Bailén (nº 24), a V.E. respetuosamente expone:

Que queriendo prestar un servicio a la Patria adecuado a su estado físico, a sus conocimientos y a su buen deseo y voluntad, solicita el ingreso en el Cuerpo de Investigación y Vigilancia.

Que habiendo vivido en Madrid y sin interrupción durante los últimos 13 años, cree poder prestar datos sobre personas y conductas, que pudieran ser de utilidad.

Que el Glorioso Movimiento Nacional se produjo estando el solicitante en Madrid, de donde se pasó con fecha 5 de Octubre de 1937, y que por lo mismo cree conocer la actuación de determinados individuos.

Que no tiene carácter de definitiva esta petición, y que se entiende solamente por el tiempo que dure la campaña o incluso para los primeros meses de la paz si en opinión de mis superiores son de utilidad mis servicios.

Que por todo lo expuesto solicita ser destinado a Madrid que es donde cree poder prestar servicios de mayor eficacia, bien entendido que si a juicio de V.E. soy más necesario en cualquier otro lugar, acato con todo entusiasmo y con toda disciplina su decisión.

Dios guarde a V.E. muchos años.

La Coruña a 30 de Marzo de 1938. II Año Triunfal.”

En suma, saque el lector sus conclusiones literarias y juzgue incluso, si así lo desea, si de ello se pudiera sacar algún esclarecimiento en las diferentes carreras y reconocimientos de tan importantes representantes de la literatura española de posguerra, el realismo social y bla, bla, bla…

1 En la edición que tengo delante, un poco rara, en las págs. 32 y 33. Ed. Joaquín Moriz, 3ª Ed. México, 1973.

2 http://www.cgt.es/elmortero/social/cela.jpg

3 Miguel Jiménez Marrero Crónica de Medio Siglo. Colección “Biografía y Memorias”. Nº 10. Ediciones DYRSA, Madrid 1988. Págs. 298 y 299.


 
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