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Es prudente no fiarse por entero de quienes nos han engañado una vez. (Descartes)

 
Está en el guión: la crisis la produce el capitalismo mecánicamente Imprimir E-Mail
escrito por José Javier Torija Rodríguez   
Se nos habla de recesión, crisis financiera, crisis económica, crisis social, de refundar el sistema financiero internacional, se nos habla como si todo esto fuese fruto de los malos tiempos de una climatología financiera. Se nos habla como si algo ajeno a la actividad humana nos hace vivir estos malos momentos, escamoteando apuntar a la responsabilidad del sistema.


En toda máquina compleja se cumple la proposición aristotélica de “El todo es más que la suma de las partes”, al que modernamente se le denomina principio holista. Este principio viene a afirmar que la suma de las propiedades y funciones de todas y cada una de las partes es inferior a la suma de las propiedades y funciones de un todo organizado. Una máquina compleja (como un reloj) no se reduce a una colección de piezas o partes sino a la disposición de todas ellas, sabiendo que ninguna de las piezas, en el caso del reloj, tiene en sí misma la medida del tiempo (ni siquiera la manilla) sino que la disposición completa de todos los resortes, engranajes y piezas es la que hace que se comporte como un “todo” organizado que cumple la función para la cual fue diseñada (también podemos elegir un ejemplo de ser vivo –recordando que Descartes tomaba a los seres vivos como máquinas complejas biológicas- y comprobar que el organismo no se reduce a sus componentes: patas, cabeza y tronco.)

 

Análogamente podemos entender a cualquier empresa privada como una máquina compleja cuya finalidad es conseguir beneficios. Pongamos un ejemplo de empresa: una fábrica de ladrillos. Esta fábrica de ladrillos está compuesta de muchas partes: medios humanos, medios materiales, financieros, inmobiliarios, etc… Y la empresa, la fábrica de ladrillos del ejemplo, como ente no se reduce a sus partes, sino que tal y como se dispone las relaciones entre las partes hace que la empresa sea precisamente una unidad orgánica y no un montón de partes inconexas, del mismo modo que un reloj, un ser vivo u otra máquina compleja no se reduce a una mera colección de piezas o partes sino a la disposición organizada que la capacita para la funcionalidad de la unidad de partes en un todo.

 

En el capitalismo, la empresa privada es una máquina compleja cuya finalidad es producir beneficios económicos. Bien, supongamos que la propiedad de una empresa se divide en partes para su negocio de compra-venta en el mercado de bolsa. La división por partes forzosamente no se corresponde a partes físicas, ya que estas son heterogéneas, sino a partes jurídicas equivalentes entre sí llamadas acciones. Supongamos que la empresa de ladrillos del ejemplo la dividimos en 100 acciones. Esto significa que la completa propiedad (como tenencia) de la empresa –esto es, del todo organizado- corresponde distributivamente a las propiedades de cada una de estas 100 acciones. Si las 100 acciones son propiedad de un solo propietario entonces la propiedad entera de la fábrica será de este propietario. Pero como caso general, una vez que la propiedad de la empresa está negociada en el mercado de valores, la propiedad de las 100 acciones pueden corresponder a varios propietarios, en los que cada uno de estos propietarios no tiene porqué tener el mismo número de acciones que los demás, sino de una cantidad propia que ha comprado a cambio de un determinado dinero. ¡Y si las ha comprado es porque alguien se las ha vendido al precio que han llegado a convenir entre ambos! Si no hay cruce de intereses no hay transacción económica y las acciones continúan en manos del propietario anterior. El cruce de intereses se da cuando el vendedor ha conseguido un precio mayor o igual por el que estaría dispuesto a vender esas acciones y cuando el comprador ha conseguido un precio igual o menor por el que estaría dispuesto a comprar esas acciones.

 

¿Qué hace que una persona compradora llegue a comprar una cantidad de acciones de una empresa por una cantidad de dinero? Por lo pronto, como objeto de la compra-venta, la esperanza de conseguir beneficios económicos de esas acciones (ya sea por dividendos sucesivos, por plusvalías en la venta, por otras vías o mezcolanza de algunas de ellas, poco importa.) Nadie compra unas acciones si está seguro de perder parte del dinero invertido, por el contrario, cree que la compra le será beneficiosa porque le revertirá una cantidad mayor que la invertida.

 

De momento se puede advertir algo que no encaja bien en este mecanismo. Cada propietario pretende conseguir beneficio económico con la inversión: si esas acciones serán valoradas mejor en un futuro (razón por la que compra el comprador) ¿por qué se deshace de ellas el vendedor? O dicho de otro modo: si el vendedor intercambia esas acciones por un determinado dinero, es porque está convencido que es más beneficioso económicamente deshacerse de las acciones y emplear de otro modo el dinero, entonces ¿por qué el comprador quiere comprar las acciones por ese dinero si el vendedor está convencido de lo contrario en materia de beneficios económicos? ¿La diferencia psicológica de pareceres entre comprador y vendedor lo justifica? La paradoja la podemos matizar, por ejemplo, en tres formas:

 

1- Ambos, comprador y vendedor, están convencidos de que esas acciones son un buen negocio para el futuro, pero al vendedor le urge vender porque necesita consumir ese dinero. En este caso no hay contradicción. Pero es un caso puntual que tiene poco interés revisar. Pasemos a ver otros casos.

2- El comprador y el vendedor tiene percepción diferente del valor de las acciones con respecto del dinero. Si admitimos esto, estamos admitiendo que no hay un valor objetivo de las empresas en un momento determinado.

Réplica pro-capitalista: Es verdad que el comprador supone que el valor de la acción será mayor (que el de su compra) y que el vendedor menor (que el de su venta), pero ni comprador ni vendedor marca el valor objetivo de la acción. El valor de la transacción de compra-venta de las acciones ha marcado el valor de mercado en el instante en que se efectuó, y éste valor es objetivo, luego la empresa tiene un valor objetivo y el mercado, de forma general el foro donde intervienen todo el volumen de compradores y vendedores, es quien establece ese valor objetivo.

Contrarréplica crítica: ¿Cómo, entonces, puede explicarse los desplomes de los valores o los repuntes en breves espacios de tiempo? Dado un momento, o una empresa vale lo que el mercado está marcando en ese momento o vale lo que marca en el momento posterior, si fuese correcta la tesis pro-capitalista siempre habría pequeñas diferencias de valor en incremento de tiempo pequeños, pero como hay –en ocasiones- diferencias abruptas, implica que falsa esa tesis.

Réplica pro-capitalista: No hay grandes cambios de cotización si no hay grandes cambios de percepción general en el mercado. Una noticia puede ser revulsivo para los valores de las acciones.

3- El vendedor considera que, aunque las acciones que tiene de tal empresa pueda producir beneficio económico en un tiempo por venir, el empleo del dinero vendiéndolas y comprando acciones de otra empresa que tiene perspectiva de mayor ganancia produce más beneficio económico. En tal caso, ¿por qué el comprador va a comprar las acciones de una empresa que tiene menos perspectiva de ganancia que las acciones de otra, por qué no se dirige directamente a comprar estas otras?

Réplica pro-capitalista: El mercado corrige rápidamente el cambio de perspectiva en cuanto al diferencial de beneficios económicos esperados. La oferta y la demanda pone el precio “justo” a lo largo del espectro empresarial, ninguna empresa está cara ni barata. Por tanto, la inversión en una o en otra empresa tiene que ver con las decisiones individuales. En principio los movimientos individuales de circulación de capital (por ejemplo deshacer posiciones en empresas de un sector en declive para tomar posiciones en empresa de otro sector en auge) responde a estrategias individuales, pero el mercado confirmará la estrategia de los buenos inversores y castigará las malas estrategias. “El mercado pone a cada uno en su sitio”.

Contrarréplica crítica: Las fuerzas que componen el mercado son asimétricas grandes y pequeñas. Y las grandes son competidoras entre sí. Los grandes inversores (como bancos y entidades financieras) tienen alianzas estratégicas con otros grandes inversores y su voluntad inversora o desinversora puede mover el mercado de cotizaciones. Luego los valores nunca serán objetivos sino dependientes de las luchas entre las grandes concentraciones de poder financiero.

Réplica pro-capitalista: El caso es que quien invierte contra el mercado causa su propia ruina. La mala estrategia queda castigada, es una cuestión de supervivencia y selección. El mercado selecciona a los mejores.  

 

Bueno, sirva esta introducción para pasar a exponer gráficamente el problema de la crisis financiera desde la óptica del desplome de los valores:

 

Supongamos que en un tiempo anterior t1 dado, las 100 acciones de la fábrica de ladrillos de nuestro ejemplo están en manos de los propietarios llamados A1, A2, A3, …, An y la cotización de la acción es C1. Bien, en un tiempo t2 posterior, las mismas 100 acciones están en manos de los propietarios llamados P1, P2, P3, …, Pm y la cotización de la acción es C2. Supongamos, además, que las cotizaciones C1 y C2 son muy desiguales, en los que C2 es mucho menor que C1, por concretar algo: C2 es un 50% de C1, esto significa que el valor de mercado de la fábrica en el tiempo t2 es un 50% de la misma fábrica en un tiempo anterior t1. Si t1 y t2 son lo suficiente cercanos tenemos un caso de desplome de un valor de cotización. En ese breve espacio de tiempo algunos propietarios anteriores no habrán vendido y permanecerán como propietarios posteriores y otros propietarios anteriores habrán vendido con lo que se añadirán nuevos propietarios (y sus variantes: algunos propietarios que deshacen sólo parte de sus acciones, otros las aumentan, unos lo venden todo y otros son nuevos en la compra, en fin todas las posibles variantes.) Lo importante es quedarnos con la idea siguiente: Simplemente que las propiedades han cambiado de manos. ¿No es ese el espíritu del capitalismo, el de cambio de propiedades en la compra-venta? Implementemos el ejemplo de la fábrica de ladrillos a todas las empresas, estaremos en un caso generalizado de desplome, la llamada crisis financiera (desde la óptica del mercado de valores.) En el caso general como en el caso ejemplar tenemos la repetición del mismo esquema: momento anterior y momento posterior, propietarios anteriores y propietarios posteriores, cotizaciones anteriores y cotizaciones posteriores.

 

El capitalismo consagra unos de los pilares de la mayoría de las sociedades humanas históricas: la propiedad privada. En la crisis financiera no hay ninguna crisis de la propiedad privada (como institución.) ¿Por qué llamar crisis financiera a que el dinero de unos propietarios posteriores haya quedado atrapado en forma de propiedad de parte de una empresa que se ha desplomado su valor? Al fin y al cabo, el capitalista atrapado en este juego no ha perdido su dinero puesto que tiene la propiedad privada de las acciones que ha comprado. Ahora bien, si antes liberaba el dinero con la compra-venta para reinvertirlo en el siguiente ciclo de compra-venta, ahora debe conformarse con la propiedad con la esperanza lejana de que un día vuelva a repuntar o liberarlo a costa de asumir las pérdidas. Si antes nadie le puso ”una pistola en el pecho” para comprar esas acciones a sobreprecio, ahora nadie le va a poner “una pistola en el pecho” para venderlas a "bajoprecio". Por tanto, usando la ideología pro-capitalista, el mercado ha puesto a cada uno en su sitio, ha seleccionado a los propietarios anteriores como los buenos inversores que han vencido en su estrategia de liberar su dinero y de poder reinvertir con el doble de fuerza cuando han caído al 50% las cotizaciones. Este paso del flujo económico de unas manos a otras y que avanza en sentido de la concentración de la propiedad en menos manos es el capitalismo. Cuando el mercado no tiene grandes convulsiones este flujo simplemente es más lento, cuando hay convulsiones hay algunos que son expulsados (como en un juego de póker.) Quedan los mejores jugadores. Y en las llamadas crisis salen del juego muchos jugadores y, en cambio, otros se consolidan con mayor poder capitalista. Luego, ¿a qué viene a formar tanto escándalo porque algunos capitalistas se arruinen? Cuando se arruinan algunos capitalistas, el capitalismo como sistema sale más reforzado porque el mecanismo de selección ha funcionado. No hay crisis, el capitalismo las produce mecánicamente en su lógica del mercado. ¡El capitalismo es así, que se cumplan las reglas del juego, y que los que han sido expulsados del juego que se pongan a sembrar tomates!

 

Ahora que algunas entidades financieras se han desplomado vemos cómo distintos estados intervienen para recapitalizarlos con dinero público. ¿Por qué? ¿Acaso los especuladores capitalistas cuando sacaban plusvalías compartían su negocio con el resto de la sociedad? ¿Por qué ahora se tiene que recapitalizar con dinero público empresas que tienen pérdidas si la selección del mercado las ha pulverizado? ¿No se han pulverizado empresas de los países del Este porque no eran competitivas en las reglas de juego capitalistas? ¿Por qué intervenir para salvar a ineptos e ineficaces capitalistas, empresas poderosas que fueron incapaces de ser máquinas que producían beneficios? ¡El capitalismo es así, que se cumplan las reglas del juego! ¿O vais ahora a hablar de cambiarlo? Ahora se habla de refundar el sistema financiero internacional. Pero no se trata de ningún cambio en el sistema, ¡faltaría más!, sino un simple cambio de panorama porque, ciertamente, el sistema capitalista tiene algunos males en sí mismo y que se ponen de relieve en ciertos momentos, y aunque no solamente, unos de esos momentos son los momentos de crisis.

 

Hasta ahora, considerando la lógica de la compra-venta de valores, no habíamos hallado mayor mal que la selección entre capitalistas. Pero hay más, ¡cómo si no!, cuando hay un desplome general no sólo se acaba con los malos jugadores capitalistas sino que se acaba la confianza que tienen los buenos jugadores capitalistas para la reinversión en un nuevo ciclo de compra-venta, ya que no hay lugar en dónde poner el capital que tenga perspectivas de sacar plusvalías a corto plazo. Resulta ahora que el clima es malo para estos buenos jugadores que deciden dejar el dinero “calentito” antes de arriesgarse: ¡Pobrecitos! Mientras el dinero esté parado está libre aunque ocioso y no genera plusvalías, es decir que consideran que “palman” ya que no ganan.

 

Y, por otro lado, las empresas que todavía no tienen problemas económicos derivados de la crisis empiezan a hacer todo aquello que hubiera parecido inmoral hacer en tiempo de bonanza: los despidos, la regularización de empleo –en realidad desregularización del empleo o regularización del desempleo-. Sí, los gerentes de muchas empresas al unísono aprovechan que “pintan en bastos” para deshacerse de gran parte de la plantilla, de tal modo que lo que empieza siendo una crisis financiera de capitalistas se deriva en crisis económica que se deriva en crisis social. ¿Y quién es el responsable de todo esto? El mecanismo capitalista que conlleva algunas ventajas para algunos pero males para la mayoría ¿o no?

 

El origen de la crisis nos vienen repitiendo que se debe a los impagos por endeudamiento de los ciudadanos que han comprado vivienda en Estados Unidos. Esto ha hecho caer poderosas empresas financieras. En España, desde hace años venimos viendo cómo “el sector del ladrillo” ha venido siendo “el motor de la economía” con lo que ha habido un efecto llamada de un gran volumen de capitales que tenían la esperanza de sacar pingües plusvalías. La inflación de los precios de los inmuebles ha venido incrementándose a ritmos desproporcionados, poco le ha importado a esta banda de especuladores que haya tenido las consecuencias que estamos viendo, con tal de conseguir sus beneficios. Lo que se necesitaban es más compradores a los que engañar, y si hay más compradores pues… ¡más madera; esto es la guerra! Se trataba de hacer creer a los compradores que siempre se gana mucho dinero comprando una vivienda y que, por muy mal que vaya, nunca caería el precio sino que, a lo peor, se mantendría. Claro que se duda cuando algo puede hacernos perder, pero no dudamos si nos garantizan que no va a haber minusvalías. ¡Cuántos infelices habitamos sobre esta tierra! ¡Cómo nos han engañado!


Era muy fácil escuchar conversaciones donde se jactaban diciendo algo parecido a: yo tengo un piso que vale 60 millones y cuando lo compré fue por 33. Hoy en día pocos compradores ya dicen mi piso vale tal o cual. Y es que un piso, en principio, vale para vivir. Si no tienes más que uno, que es donde vives, como es mi caso, no vale tal o cual dinero porque si lo vendes te quedas sin casa. Y si compras una tienes que pagar el precio elevado porque si tu casa vale cual la otra vale pascual. Confieso que me dio miedo –en medio de la vorágine de precios- vender mi casa y comprar otra cuando los precios estaban subiendo. Particularmente era partidario de que los pisos bajasen, incluido el mío, porque quería comprar uno más grande.


Esto que puede parecer raro después de todo lo que pasaba, sin embargo para mí se fundaba en el sentido común, hacía un razonamiento semejante a éste: si mi actual casa vale 1000 en un momento dado y quiero venderla para comprarme una el doble de grande que vale 2000, he de pagar 1000 para poder comprarla y vivir en esta nueva casa. Si suben los precios al doble mi casa vale 2000 ¡qué bien! Pero la casa nueva 4000 con lo que si quiero vivir en ella debo pagar 2000 ¡Justo el doble que antes! Ahora bien, si bajan los precios a la mitad, mi casa sólo vale 500 ¡qué mal! Pero la otra sólo 1000, con lo que sólo pagaría 500 ¡Justo la mitad que antes y cuatro veces menos que si suben al doble! Luego si tenemos una sola casa para vivir y queremos vivir en una mejor, por tanto más cara, deberíamos estar interesados en que las viviendas bajen de precio, no que suban. Si tenemos una casa para vivir y no queremos vivir en una mejor, nos es indiferente que suban o bajen, viviremos tranquilamente en nuestra casa mientras fuera ya puede haber la tormenta de precios que haya. Sólo para aquellos que dispongan de más de una casa para poder proceder especulativamente podrían estar interesados en que los precios suban.


Pero lo cierto es que parece que los grandes capitales han abandonado “el negocio del ladrillo”, son los “propietarios anteriores”, los “nuevos propietarios” son los que se quedan empantanados con una casa sobrepreciada. Los capitalistas “que no han abandonado el barco” son los malos capitalistas filtrados y venidos a menos. Desgraciadamente, los compradores que adquirieron su casa sobrevalorada para vivir en ella creyeron que ese era el precio que había que pagar y aceptaron comprar a ese sobreprecio, pero ya lo dicen los apologetas del capitalismo: “el mercado pone a todos en su sitio”, sin embargo los que compran una casa para vivir no lo hacen especialmente por negocio y los tiburones ya se ocuparon de hacerlos creer que todo va bien mientras que abandonaban ordenadamente “el negocio del ladrillo”. Para colmo, la presión de las hipotecas y la regulación del empleo se ceban sobre estos perdedores de la crisis.

 

La concentración de la propiedad privada en menos manos pasa por un diferencial de fuerzas ya que las fuerzas son asimétricas. Pero también pasa por un diferencial en la información privilegiada, la información privilegiada hace posible que el tiburón se quede hasta el último momento y su antelación permite preparar el engaño de la última transacción: aquella que ha llegado a la cotización más alta (todavía en la subida) más allá de la cual sólo hay precipicio.

 

La única refundación del sistema financiero internacional pasa por cambiar el sistema, otro mundo es posible, toda refundación dentro del sistema sólo son refuerzos de éste. Es la vieja receta contra la crisis: intervención del Estado allí cuando el mercado es incapaz de reactivar la economía. A principios del XX, el estado nacional para salvar su propia economía, y ahora, a principios del XXI, la comunidad de los estados para salvar la economía mundial.
 
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