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Todos los hombres nacen iguales, pero es la última vez que lo son. (Abraham Lincoln)

 
La duda es pecado Imprimir E-Mail
escrito por José Javier Torija Rodríguez   

«To be, or not to be: That is the question Hamlet cuestionaba la existencia de un fantasma que creía haber visto y que se hacía pasar por su padre muerto. La existencia de Dios se ha puesto en cuestión en miriadas de ocasiones pero ahora tenemos la posibilidad de reabrir esta eterna cuestión con la polémica publicidad que ya está en los autobuses europeos: «There’s probable no God. Now stop worrying and enjoy your life





La polémica puede tomar dos caminos: la de debatir el contenido publicitario o la de buscar la censura publicitaria.

 

Si nos atenemos al contenido, famosa es la apuesta pascaliana acerca de creer o no creer si Dios existe. Pascal viene a proponer:

si crees que Dios existe puede que ocurra dos cosas que exista o que no exista;

si existe: ganas (pues Dios te premia por ello),

si no existe: no ganas, pero tampoco pierdes por ello.

 

Y si crees que Dios no existe,

si existe: pierdes (pues Dios te castiga por ello),

si no existe: no pierdes, pero tampoco ganas.

 

Conclusión: es mejor creer que Dios existe que creer lo contrario. Aunque sea sólo por interés, merece la pena creer en su existencia.

 

La apuesta pascaliana se basa en dos presupuestos complementarios:

(1) Si Dios existe premia a quien crea en su existencia.

(2) Si Dios existe castiga a quien no crea en su existencia.

Estos presupuestos, aún existiendo Dios, son dudables. Una cosa es lo que los humanos decimos sobre lo que hace o puede hacer Dios (aunque quien lo diga sea un teólogo) y otra muy distinta es lo que en realidad haga o pueda hacer. Durante la Historia, algunas autoridades en materia de teología católica han tratado de vincular la no creencia en Dios con el castigo divino. Pero, por otro lado, ¿un Dios que es fundamentalmente Amor, según se desprende del Nuevo Testamento, castigaría a cualquier hombre que no haya llegado a la convicción de su existencia? ¿No sería una contradicción al hallar una prueba de rencor divino frente a los pobres mortales que, por sus limitaciones, no han llegado a convencerse?

 

Algunas demostraciones de la existencia de Dios son muy conocidas como la de San Anselmo o las de Santo Tomás, y son muy variadas tanto como las pruebas en sentido contrario, de las cuales muchas también son muy conocidas como la Bertrand Russell o la de Sartre. E incluso existe también una contrapuesta atea como la de George Hamilton Smith que examina, como la de Pascal, a la pura conveniencia de creer o de no creer. 

 

¿Pero, en qué consiste la polémica publicidad que ha conducido a este revuelo que aún no ha concluido? La publicidad propone una afirmación y una exhortación: «Probablemente Dios no existe. Deja tus preocupaciones y disfruta tu vida»

 

Las afirmaciones son frases dogmáticas, y en lo que respecta a su contenido proposicional por parte de quien las hace no admiten duda. De tal manera que cuando alguien afirma «Dios existe» este alguien propone ante otro (aquel a quien o quienes se lo dice) que da por verdadero el contenido de su afirmación, esto es, que Dios exista. Verdadero aquí significa correspondencia entre el plano ontológico y el plano lingüístico, o más vulgarmente correspondencia entre lo real y lo afirmado.

 

Sin embargo, las proposiciones por el hecho de ser dogmáticas no se hacen más verdaderos sus contenidos. Éstos pueden corresponder –o  no- con lo real, y eso independientemente de cómo lo digamos y quién lo diga. Bien, es cierto que una afirmación dogmática suele ser el modo más sencillo para ser rotundo en una polémica. De hecho, las polémicas son el resultado de la pugna dialéctica entre proposiciones normalmente dogmáticas contradictorias.

 

La afirmación «Dios sí existe» y la afirmación «Dios no existe» son tan dogmáticas una como otra. Y a pesar de que –desde un punto de vista formal- la proposición «probablemente Dios no existe» es también una proposición dogmática puesto que también es una afirmación, sin embargo, su carácter dogmático es mucho más ligero debido a su aspecto semántico: Mientras que la afirmación «Dios no existe» está comprometida con que Dios no exista realmente, la afirmación «probablemente Dios no existe» está comprometida con que sea meramente probable que Dios no exista. ¿Qué quiere –en definitiva- decir esto? De momento, y en un sentido lógico, decir que «probablemente Dios no existe» es tanto como decir que «probablemente Dios existe.» Cualquiera –sea de la creencia que fuera- no debe discrepar, en un sentido lógico, de esta polémica primera frase. No se afirma ni se niega dogmáticamente nada y, en consecuencia, nadie debe sentirse aludido por una frase así. Al revés: todas las creencias –ya sean a favor o en contra- están representadas. No hay lugar a polémica cuando todo está puesto en el ámbito de lo posible.

 

Sin embargo, sí, ciertos creyentes a los que les ha molestado esta publicidad han producido una falsa polémica sobre la licitud publicitaria del anuncio. ¿Qué es lo que les ha molestado? ¿No será todo el problema que estos ciertos creyentes no están dispuestos a tolerar que alguien pueda formular la no existencia de Dios aunque sea sólo como mera hipótesis, como mera posibilidad? Entonces, ¿qué actitud deberían tomar ante la afirmación de Nietzsche “Dios ha muerto”? ¿Echarían al fuego El Anticristo, Así hablaba Zaratustra, Más allá del Bien y del Mal,…? Toda la obra nietzscheana es pública ¿habría que suprimirla? Y por supuesto también todos aquellos textos científicos o no en los que se pueda explicitar o deducir de ellos cualquier expresión de ateísmo. No cabe duda que son totalitarios estos individuos “meapilas” que están dispuestos a tener una actitud beligerante incluso hacia proposiciones abiertas, pretendiendo violentar la libertad de creencia. Porque aquí no se trata estrictamente de creer o no creer en la existencia de Dios, eso lo puede llevar cada uno dentro; no, lo que aquí se trata es de censurar cualquier expresión que pueda sostener –aunque sea en la mera probabilidad- que Dios no exista.  

 

La segunda frase de la discordia “Deja tus preocupaciones y disfruta tu vida” es mucho más polémica que la primera. En primer lugar porque de creer en Dios no se sigue necesariamente la preocupación y ausencia de disfrute de la vida: Hombres con mucho poder que son cristianos confesos (por tanto creyentes) parecen gozar de la vida sin preocupaciones al respecto. Y en segundo lugar porque de una creencia atea tampoco se sigue necesariamente una vida con ausencia de preocupaciones: Sartre afirmaba en Las palabras «… el ateísmo es una empresa cruel y de largo aliento: creo que lo he llevado hasta el fondo.» La segunda frase publicitaria no es ya un asunto de ateísmo versus teísmo sino de exhortación a abandonar una actitud que ha sido identificada con el Cristianismo a saber: el mundo entendido como un valle de lágrimas, el sacrificio de Cristo (modelo para el cristiano), la renuncia de los placeres del mundo o el castigo divino de enviar al Infierno las almas condenadas en el Juicio Final. En fin, la mayoría de los cristianos han renunciado a la mayoría de estos presupuestos y, por esa razón, esta segunda frase a mi juicio es un poco estéril.

 

Personalmente creo no obstante que la cuestión de la existencia o no de Dios es muy importante, tanto como para afectar nuestra perspectiva individual sobre la vida en función de cómo elegimos la respuesta, y que eso nos afecta a todos. O a casi todos, sé que algunos sostienen que es un pseudoproblema y, en consecuencia, que no merece atención alguna, esta es una opinión respetable, pero también la creo minoritaria.

 

Es cierto que esta cuestión –o pseudocuestión- siempre ha quedado en el ámbito de los sabios ya sean éstos teólogos, filósofos o científicos (quienes suelen pronunciarse al respecto), pero ahora se brinda la oportunidad de bajar el debate al no versado en teodicea, en metafísica o en ciencia.

 

Sin embargo, creo que tal debate no se va a producir, pues ciertos creyentes quieren la censura de este debate transformándolo en otro debate distinto: si se debe hacer una publicidad así o no, si es una falta de respeto a las creencias, etc… Por mi parte, animo a las personas a que reflexionen seriamente sobre el contenido y no sobre cuestiones periféricas.

 


 
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