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La moderación es otra de las palabras que les gusta usar a los agentes de la colonia. Son moderados todos los que tienen miedo o todos los que piensan traicionar de alguna forma. El pueblo no es de ninguna manera moderado. (Ché Guevara. Mensaje a las juventudes, 28 de julio de 1960)

 
Julián, la pasión de la razón Imprimir E-Mail
escrito por José Javier Torija Rodríguez   

[Este artículo es dedicado a Julián Méndez Gorines quien ha fallecido hace poco. En el Nuevo Contramarcha nº 51 se publicó parcialmente este artículo, por razones de espacio. Aquí está el texto completo.]

El primer asesinato no lo cometió Caín sobre Abel sino Dios sobre los hombres al crearlos mortales. De hecho, (es) el asesinato que contiene todas las muertes habidas y por haber. Después de esto, ¿qué podían hacer los hombres? Guillotinar a Luís XVI era tan sólo un adelantar la muerte que ya tenía inscrita por mandato divino, claro que quitar la vida a un tirano es contrario a la voluntad divina. ¿Cuántas veces se ha repetido y en todos los lugares del mundo que el hombre que acababa de morir había merecido mil veces la vida y sin embargo ya no volvería a caminar sobre esta Tierra? Y lo mismo moría el bueno que el malo, el justo que el injusto. Es el orden natural.




De pequeño los curas me decían: «Dios hace llover sobre justos e injustos» y de seguido sospechaba que había algo en aquella frase que no acababa de encajar. ¿Cómo podría Dios permitir el mal? Fueron necesarias legiones de pensadores al servicio de la religión organizada para articular un saber legitimador, la Teodicea, que justificase –aunque fuese torticeramente- la voluntad de Dios sobre el mundo, y que esa voluntad fuera coherente con todo lo sucedido. Así pues, si después de decenas de siglos unos son ricos y otros son pobres, unos mandan sobre otros, no es ni más ni menos porque cada uno está donde debería estar, al fin y al cabo sin intervención divina pero de acuerdo con su voluntad. Por eso el orden humano debería ser un reflejo del orden natural, así reza todo ideal conservador.

 

Pero respecto del orden humano, y con una pasión casi platónica por la idea de justicia, Julián me dice que al comienzo de toda costumbre, y en todas las formas adoptadas por el hombre subyace una antigua dominación, toda construcción de cultura se realiza sobre un principio de violencia. Y aún cuando la violencia es costosa para mantener el orden impuesto respecto de otras formas de control más sutiles, la violencia es la última respuesta cuando fracasan las otras formas de control. De este modo la violencia es el principio y el fin de la cultura. El problema de las civilizaciones construidas tras el Neolítico es que hemos construido sociedades de esclavos y no de hombres libres. Y entonces me cita excepciones honrosas –independientemente de sus impurezas- como la Comuna de París, la revuelta campesina en Alemania o la democracia griega, auténtica y asamblearia.

 

Contra todo este orden temporal, Julián piensa que este mundo no está bien hecho, y que es muy fácil imaginar mundos mejores que éste. Y, a pesar de estar convencido de que los tiempos que corren no son propicios para la causa de la justicia, su acción está siempre acompañada por una poderosísima esperanza de cambio en el orden del mundo. Y casi incrédulo, me dice: «Javi, ¿cómo puedes obrar sin esperanza?».

 

La esperanza de Julián no sólo es un deseo sino una necesidad racional, un intento de buscar una razón necesaria que altere el devenir de los tiempos. Y pienso que Julián encuentra esa esperanza en el marxismo adoptando la forma de la poderosa razón que justifica el correr de la Historia hacia su fin: la destrucción de la desigualdad y la injusticia. Y en algunas conversaciones que tenemos sobre el tema me dice: de acuerdo que no se trata del fin de la Historia, pero sí del fin de un modo de Historia, un fin de la Prehistoria, después comenzará la verdadera Historia.

 

Si en Julián la esperanza tiene la forma de razón no es por arbitrariedad sino por algo muy reconocido por todos, por su principal virtud intelectiva: ser amante de la verdad. Y está convencido que la verdad sólo la podemos alcanzar por medios racionales. Por eso en cada conversación con él nos damos cuenta hasta qué punto escucha nuestros argumentos y los digiere antes de contestar, podemos observar cómo busca la coherencia, esto es una racionalidad superior en los argumentos. No acepta peticiones de principio, ni la autoridad en los argumentos, la fortaleza de un argumento es su autoridad. Respecto de la antinomia entre la verdad de la razón y la verdad de la fe, Julián apuesta convencido que la Ciencia aunque no tiene como cometido destruir el imperio de la fe atenta contra sus principios y demostrará que toda fe es una superstición.

 

Para su formación científica elige la Biología y acepta la teoría de selección natural no sólo como el paradigma del saber biológico sino que la acepta también por el poder argumentativo en órdenes sociológicos. Una de nuestras últimas conversaciones precisamente es sobre las derivadas políticas de la sociobiología. Julián no rehúsa de la teoría porque piensa que la verdad debe ser independiente de las convicciones. Uno de sus últimos libros leídos versa sobre el viaje del Beagle y de las controversias entre Darwin y Fitzroy, donde conoce cómo Darwin descubre la teoría poco a poco en la misma medida en que pone en duda sus creencias religiosas para convertirse ateo. Ateo, una palabra que todavía hoy quema la boca, pero Julián declara ser ateo y su palabra sale contundente y fluida.

 

Su amor a las ciencias tiene que ver con la sed de verdad. Reconoce en el método científico –de prueba y error- como el único modo conocimiento que puede aportar verdad al hombre sobre su mundo y que ese conocimiento es independiente y neutral. El libro de Sokal Imposturas intelectuales le confirmará esta tesis. Trabaja en el Hospital Clínico sobre una tesis doctoral que relaciona ciertos marcadores genéticos con cierta enfermedad, y mientras trabaja en su tesis lee otro libro por el que va a modificar su posición respecto de la ciencia: La estructura de las revoluciones científicas de T. Kuhn. A partir de ahí, Julián explora el mundo de la epistemología. Empieza a reconocer que la ciencia no es neutral y que hay una influencia social, de modo que en cierta medida la ciencia es dependiente de la sociedad que lo produce, una idea que bien es compatible con el marxismo. Está entusiasmado y hace un seminario en el Hospital Clínico para sus compañeros médicos sobre método científico aplicando las ideas de paradigma, ciencia normal y ciencia en crisis.

 

¿Cuántas son las facetas de Julián? No sé si conozco todas, pero tiene muchas. En cuanto a ciencia se refiere no sólo está su formación biológica (no en vano conocemos su afición por el montañismo, y más modernamente el submarinismo), es un conocedor de toda la física de vanguardia, desde la crisis de la física a principios del siglo XX que enfrenta a Einstein con Bohr (y que él se posiciona a favor de la interpretación de Copenhagen) hasta las más modernas teorías con sus modelos matemáticos. Le fascina la matemática porque dispone de un lenguaje unívoco y universal además de un conocimiento racional de primer orden, es un conocimiento puramente deductivo. Pero los sistemas matemáticos tienen una sola “pega” se basan en axiomas o principios indemostrados. La pregunta sobre si los axiomas pueden tener una fundamentación más allá de la matemática le lleva a terrenos de la lógica formal. Además, todos conocemos la importancia que Julián otorga al hilo argumentativo y sus deducciones. En informática ¿quién no ha necesitado de su mano de obra para arreglar su ordenador o poner en marcha una página web o simplemente la maquetación de un artículo? Siempre que tiene ocasión promueve trabajos en equipo autogestionados, me acuerdo cuando Julián me propone desarrollar un algoritmo de encriptación, el famoso DES que resultó tener una puerta falsa, y luego investigar alguna variación sobre el modelo, también me acuerdo los desarrollos para la exploración de fractales en lenguajes de medio y bajo nivel.

 

En cuanto a otras disciplinas, por ejemplo en la lingüística critica la ambigüedad de los lenguajes ordinarios respecto del lenguaje matemático, se muestra favorable a un lenguaje universal en el que todos los hombres podamos entendernos, por eso le gustaría que fuese el esperanto, pero añade que desgraciadamente el inglés tiene todas las posibilidades de serlo, que es el lenguaje vehicular de los negocios a nivel mundial. Respecto de la literatura, creo que el último libro que tiene entre manos es el de Creación, donde se pone en debate las ideas filosóficas primigenias donde abundan las interpretaciones religiosas y tiene como contrapunto a Demócrito el mayor valedor del materialismo en la antigüedad. Una asignatura pendiente (¿la única?) es la poesía, sabe de su importancia, pero sin entrar en ella. En cambio es una grata sorpresa su amistad con el teatro, recuerdo cuando me dice: «debatimos acerca de cuál método elegir si el de Stanislavski o el de Brecht. Al final nos decidimos por el teatro de Bertolt Brecht» Sin embargo, el naturalismo no es una objeción artística para Julián puesto que habla en algunas ocasiones del cine de Ken Loach. En general, su concepción del arte es la siguiente: todo arte debe mover a la subversión, todo lo que es simplemente decorativo no es arte. No he hablado con él acerca de cómo ve al surrealismo y su trasgresión de la realidad, pero creo que el verismo no le debe agradar, por lo menos en la medida en que no contenga simbolismo.

 

¿Y qué decir de la música? Sin maestros que le abran camino, de forma autodidacta, Julián explora la música instrumental (la llamada música clásica) y más tarde la ópera, que acapara casi en exclusiva sus audiciones. En su optimismo por la tecnología y la ciencia me dice: «gracias a la ciencia, podemos tener la posibilidad de escuchar la ópera, algo que sólo estaba reservado a unos pocos». Busca nuevas versiones para compararlas, depura sus gustos y acaba por renunciar a los artificios como el vibrato y prefiere las voces sin dobleces como Studer, Callas o Jo y destrona a Sutherland. Prefiere la interpretación que transmite al chorro de voz, prefiere a Di Stefano y a Kraus que a Domingo o Pavarotti. Verdi y Rossini, en general la ópera italiana. De Wagner me dice: «A mí me gusta y al Andrés le apasiona, pero cuando escucho el funeral de Sigfrido, no puedo evitar sentir que es un funeral vikingo y deja de gustarme» A lo que trayéndole el texto de un biógrafo suyo le digo, «Pero no, Julián, eso es lo que han querido que pensáramos de él. Nos lo han robado. Wagner acaba de participar en la revolución de Dresde, el anillo no es sino la plasmación de lo que no pudo ser, el hombre en su bastardía renuncia a los dioses, los desafía y provoca su caída». A lo que Julián empieza a reconsiderar. 

 

¿Y cómo no? La Política. El compromiso político y sindical de Julián es indiscutible y está a la vista de todas las miradas. El marxismo forma parte del alma política de Julián, sin embargo, eso no impide que en una ocasión hablando de los errores filosóficos de Lenin me diga «no hay que adorar las vacas sagradas» lo que significa que el marxismo no opera en él como una doctrina sino como instrumentación para un nuevo orden, si las interpretaciones de los fundadores están enmarcadas en un tiempo pasado habrá que renovarlas. Desde luego que Julián no es más marxista que Marx pues no pretende la universalidad de su creencia política, por eso tiene encuentro con los compañeros anarquistas en el sindicato Solidaridad Obrera de corte anarcosindicalista. Lo que demuestra que Julián tiene una racionalidad práctica que supera a su racionalidad teórica. En cuanto a la cuestión nacionalista, Julián se muestra siempre contrario, tanto a los nacionalismos periféricos como a los centrales, ambos son localismos comparado con su carácter universalista (ya decía Séneca que el sabio sólo tiene como patria el mundo). En los terrenos de la libertad pienso que Julián es partidario de la libertad sin límites, contrario a la dominación de un hombre sobre otro, apela siempre a la cultura de esclavos que hemos construido, que la religión ha fomentado una moral de esclavos (recuerdo que Julián se lleva el texto Así hablaba Zaratustra en un viaje a los montes Atlas) y que la liberación del hombre no podría darse por la bondad o generosidad de los poderosos sino por la conquista de nuestros derechos. Otro concepto importante en Julián es el concepto de orden, entiende que la ideología dominante identifica la ausencia de poder (ya sea anarquismo o comunismo) con falta de orden y en último término con el caos, que la ausencia de medios policiales y estatales provoca la guerra de todos contra todos. Pero Julián responde que esa es la justificación para el Leviatán y que no necesitamos a alguien que nos dirija y ordene pues ellos –los que mandan- son tan hombres como nosotros, y en consecuencia nosotros podemos ser dueños de nuestros destinos sin necesidad de amos.

 

Tal es el optimismo antropológico de Julián, el hombre tiene en sus manos la capacidad de cambiar el orden que ha construido, lo puede destruir para construirlo nuevamente pero de otra manera. Por eso le atrae la antropología, su concepción del hombre es cercana al materialismo cultural, aunque en los últimos tiempos debate el significado de materialismo. Los primeros acercamientos de Julián a la antropología lo hacía desde la perspectiva darwinista, donde concibe al hombre como una continuidad de lo biológico, de tal modo que lo específicamente humano es simplemente la diferencia específica propia de la especie. Sin embargo su posición la modifica, mantiene que las capacidades humanas proceden del legado zoológico no de ninguna ascendencia angelical, pero hay elementos no explicables desde el ámbito puramente biológico, pudimos tener la ocasión de expresarse en este sentido cuando hace un seminario sobre Biología adaptativa, creo recordar que orientado a Kropotkin. Que la Biología no puede explicar la Historia y que la modificación del entorno incorpora factores que desestabilizan el equilibrio adaptativo. Finalmente todos hemos visto cómo Julián no pretende sobrevivir a cualquier coste, no al coste de perder su memoria asociativa, la que identifica con su yo humano, es decir no resignarse a verse reducido en su especificidad humana.  

 

En fin, está claro que no sólo le interesa la ciencia, y, sin embargo, a pesar de su cultura diversa son pocos sus escritos –al menos que yo sepa- parece siempre promover los diálogos, lo que le convierte en un Sócrates moderno.

 

Recuerdo perfectamente el día en que nos conocimos, se acercaba la I guerra del golfo, éramos varias personas y Julián era nuevo en el círculo, recuerdo que yo estaba hablando de la historia reciente en el Líbano y cómo intervino Julián al respecto. Aquello fue un ajuste fino de dial, nos caímos muy bien. Y desde entonces somos amigos.

 

El alma de Julián es viajera, con su corazón de deseo de cambiar el mundo viaja a distintos lugares del planeta, encuentra personas en todos los lugares con los mismos deseos de cambio. Lo que afirma su carácter universalista, la aspiración a grandes ideales de salvación humana, una salvación no en otro mundo sino en éste. Su actitud de donar no sólo sus órganos sino todo su cuerpo a la facultad habla por sí misma

 

Hablar de la excepcionalidad de Julián es una vaguedad, pero si hablamos de aquello que lo hace excepcional nos sorprende que tantas cosas excepcionales se den en un ser humano. Todas aquellas virtudes éticas: que es profundamente sincero y dispuesto a decir lo que piensa en el foro que fuera o cualquiera que sea su interlocutor, es fácil saber lo que de él puede esperarse porque es transparente y no tiene doblez, en él confluye honradez y honestidad, lo que quiere para sí no quiere que los demás se vean privado de ello, tiene generosidad y universalidad, en definitiva y en una sola palabra: solidario. Me habla de la caridad (virtud cristiana) y de la tolerancia (virtud de la democracia representativa) y me dice que son ejercitadas desde arriba, la solidaridad sin embargo se practica de igual a igual.

 

A pesar de que todos le otorgamos una poderosa racionalidad, y aún más, le otorgamos que en él impera la racionalidad sobre todo lo demás, pienso que esto no es así. Creo que en él prima lo irracional, los elementos biológicos y volitivos, que proceden de las tripas (si se permite esta expresión). Y si bien es cierto que conversando con él es difícil transgredir el plano racional, creo, sin embargo, que su pasión es la razón. Fundamentalmente veo a Julián apasionado, Julián no es flemático, como cabe esperar de los ultra-racionalistas. Julián es todo corazón y su corazón dirige su razón. Así lo veo yo.



 
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