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El sabio tiene como patria el mundo. (Séneca)

 
El advenimiento de la Sociedad post-industrial (1991) de Daniel Bell Imprimir E-Mail
escrito por José Javier Torija Rodríguez   
El argumento de Bell tiene la figura de la proporcionalidad. Examina la sociedad preindustrial y la sociedad industrial y propone una tesis estableciendo una especie de proporcionalidad: la sociedad preindustrial es a la sociedad industrial lo que la sociedad industrial ha de ser a la futura, pero inminente, sociedad post-industrial.



La sociedad pre-industrial se había basado en la obtención de recursos de la naturaleza de una forma manual y primaria, esto significaba que la renta obtenida dependía de estos recursos primarios. Pongamos por caso cualquier época anterior a la sociedad industrial, la riqueza se obtenía principalmente de la tierra (los recursos naturales), con lo que la distribución geográfica de riquezas depende de la distribución de la calidad de las tierras. Pero, ¿significa esto que los hombres que vivían en tierras más pobres, poseían peores rentas? No necesariamente, porque la renta no es sino la división de la riqueza entre el número de personas, con lo que las buenas tierras permiten una inmigración cuando están poco pobladas y las tierras con menos recursos invitan a la emigración con el aumento de población. Y como los movimientos migratorios dependen de la perspectiva de prosperidad en la época pre-industrial la producción relativa era homogénea en todas partes dentro de un orden. Así pasó en la protohistoria cuando el creciente fértil aglutinó una gran cantidad de población, la renta media no debía ser muy diferente de otras partes del planeta. Lo excepcional de esta tierra rica es que hubo una producción bruta conjunta como nunca antes había sucedido y porque se pudieron generar muchos pequeños excedentes a costa de grandes masas de población que eran pobres (desigual reparto de la riqueza), se crearon grandes civilizaciones con palacios y edificios descomunales para este tiempo. 

 

En cambio, la sociedad industrial gira en torno a la maquinaria y a la optimización económica de los procesos productivos, con lo que se obtienen bienes fabricados (secundarios). No es que no importen los recursos naturales, ¡claro que importan!, y de hecho, los bienes manufacturados se deben a una transformación de los recursos naturales. Pero desde el punto de vista de la producción la obtención de la manufactura multiplica el producto, de modo que en una sociedad mecanizada el producto del sector secundario es muy superior al producto del sector primario. Si además de la ventaja económica per se, pensamos en que los países que primero llegan a la Revolución Industrial desarrollan una ventaja armamentística y logística respecto de las sociedades pre-industriales, podemos caer en la cuenta que son los países que pueden crear un emporio colonial por todo el mundo que les garantice la ininterrupción de las materias primas y la incorporación de otras nuevas procedentes de los rincones más alejados del planeta.

 

Es precisamente la optimización económica la que rige este tipo de sociedad, estratificando en nuevas clases especializadas. Bell separa la sociedad industrial de la dimensión política y la dimensión cultural de la sociedad, pero ¿el ámbito político puede ignorar que la realidad social está marcada por esta organización traída por la Revolución Industrial, e incluso, debe ponerse a su servicio?

 

Bell hace una predicción: en unas décadas después (por la fecha de publicación del libro, está ya hablando de más o menos este momento actual) va a emerger una sociedad post-industrial. Si la economía se estructuraba respecto a la producción en tres sectores: el primario (agropecuario), el secundario (industrial) y el terciario (los servicios), es el terciario el que va a tener más peso específico que los otros dos superando al sector secundario, dominante en las sociedades industriales. Prevée que traerá consigo un cambio en la estructura social, y en qué medida puede darse va a depender de las otras dimensiones sociales.

 

Desde mi punto de vista Bell es interaccionista y entiende que hay tres dimensiones de lo social: la política, la cultural y la estratificación social derivada de la sociedad industrial. Si todo influye en todo, y las partes integradas hay que considerarlas como un todo, pues cada parte interacciona con las demás, creo que interesa resaltar que no se debe hacer mera tabla rasa pues el interaccionismo no puede ser mantenido al mismo nivel en todas sus partes, ya que el ámbito político no puede ignorar que la realidad social está marcada por esta organización traída por la Revolución Industrial, es más, se pone a su servicio, y lo mismo ocurre con el ámbito cultural pues la ideología dominante en una sociedad impregna e interpreta la cultura misma. En definitiva, quiero decir que, a grandes rasgos, la economía “manda” sobre el orden político y el cultural, aunque estos órdenes completan la visión de la estratificación de clases. Por el contrario, Bell pretende que el sistema económico se somete al sistema político, algo que me ha planteado dudas.

 

Dado la sociedad industrial está estratificada, pero en su complejidad está “desorganizada” (movilidad social, distribución de inteligencia), el ámbito político puede –y debe- ser el que en la nueva época postindustrial pueda dirigir y organizar un sistema tan complejo como esta nueva sociedad. El problema es político y simultáneamente técnico por la utilización de modelos probabilísticos de predicción en entornos sociológicos complejos. Con lo que la nueva tarea del político ya no está en el desarrollo práctico de las ideologías, sino en dar respuesta a los nuevos desafíos de las sociedades postindustriales, y eso es –básicamente- un problema técnico.

 

Los políticos habían vivido de las ideologías en el pasado y Bell aunque no dice que hayan desaparecido, sin embargo, sí menciona que se han agotado. Este agotamiento induce a Bell a buscar otras nuevas. ¿Qué contenido deben tener estas nuevas ideologías? La apuesta de Bell en pro de lo técnico y en contra de las ideologías (a las que considera ya agotadas) me suscita la pregunta ¿no se trata en el fondo de un nuevo aspecto –una transformación, si se quiere- de cierta ideología dominante que pretende el control y el dirigismo de la sociedad en unos tiempos nuevos?

 

La movilidad social comporta desorden, ¿acaso es malo ello, y en qué sentido y para quién eso es un desorden? Se pretende dirigir y que no haya movilidad social, que no hayan desplazamientos en las capacidades y habilitaciones, esto es, los ricos deben seguir siendo ricos, poseedores de los medios productivos y de control, para que el orden permanezca. Pero como Bell pretende que estamos en fase de cambio, demostrado por el continuo desgaste de las relaciones sociales basadas en la propiedad y de las estructuras de poder centralizadas (las élites de Pareto), los nuevos ricos –interpreto- no se basan en la posesión tangible, ni el poder continúa centrado, más bien la propiedad se difumina y el poder se democratiza, esto es, se anonimizan. Pero claro, esto es tan sólo la tendencia, Bell no predice en qué forma se va a materializar estas nuevas clases sociales e insiste que es un momento de transición.

  

Y aunque admite con fuerza la necesidad del elemento técnico, se opone al determinismo tecnológico, pues entiende que el sistema político “manda” sobre el sistema económico, oponiéndose en cierta medida, por tanto, a las conocidas tesis de Max Weber y Karl Marx en este punto. Entiende que los cambios en la estructura social se originan debido a decisiones políticas, y si este origen no queda suficientemente claro se debe a la poca previsibilidad de sus respuestas ante ellas. Y lo mismo respecto de la cultura, entendiendo que los cambios culturales son autónomos y no dependen de la estructura social.

 

La distribución de la riqueza y el poder está en cuestión desde hace tiempo en esta sociedad en transición. Éstas ya no son dimensiones de clase, dice, sino valores solicitados y conseguidos por las clases. Presupone que el poder político controla la distribución de ambos y hace surgir –dice- surgir élites temporales, diciendo con ello que no existe una continuidad de poder y propiedad. El argumento de Bell se basa en que las clases son ahora menos estancas y puede darse ascensos (y descensos) en la escala social. Y en cierto sentido es verdad que mucho se ha avanzado en cuanto el acceso al conocimiento (antes la universidad era coto de familias privilegiadas e Internet posibilita el acceso al conocimiento a todos), y existen mejoras indudables de la calidad de vida de muchos descendientes de clase trabajadora por la profesionalidad o la especialización.

 

Sin embargo, el argumento está forzado por cuanto no es lo habitual ni la norma. E incluso me atrevería a más, es poner el carro delante del caballo. Primero hay que observar que cuando se argumenta que hay mejoras de calidad de vida es porque se está comparando dos momentos distintos en el tiempo de una misma sociedad, un momento antiguo (el de la sociedad industrial) en el que la clase trabajadora tiene pésimas condiciones de vida y en la práctica nulo acceso al conocimiento y otro momento actual y venidero (el de la sociedad post-industrial) en el que la clase trabajadora ha ganado nivel de vida, conocimientos y derechos. Las condiciones de esos momentos son completamente distintas, tanto que pudiera parecer que hay dos Capitalismos distintos. ¿Lo son? El Capitalismo se guía por una razón: el beneficio, o lo que es lo mismo, el incremento del capital[1], y el capital busca la forma máxima de multiplicarse por unidad de tiempo. La forma máxima de multiplicarse el dinero a finales del siglo XIX en los comienzos del desarrollo de la sociedad industrial no tiene nada que ver con la forma máxima de multiplicarse el dinero en nuestros días. De tal modo que, aunque sea cierto el diferencial de nivel de vida de la clase trabajadora, este diferencial es un efecto colateral del Capitalismo, al menos, si puede contarse como beneficioso desde luego no es el efecto buscado, que lo que verdaderamente busca es la multiplicación del dinero, o lo que es lo mismo la acumulación y concentración de riqueza en menos manos.

 

Y de todos modos aunque otorgáramos –como hace Bell- como bondad esa distribución del conocimiento en todas las clases sociales a esta sociedad tecnológica y post-industrial eso no significa que haya una traducción directa en el nivel de vida o ascenso en la escala social. Por poner un ejemplo bien claro, frente al argumento de Bell, no tendrían las mismas oportunidades –pongamos por caso- los hijos de Botín que los hijos de un trabajador de una sucursal del Banco Santander, las posibilidades de que el hijo de Botín trabaje en una sucursal urbana y el hijo del trabajador termine al frente del Banco son más bien escasas por no decir que son nulas. De modo que, aunque es cierto que la sociedad del Antiguo Régimen tenía clases estancas, con el Capitalismo aunque son menos estancas continúan teniendo un alto grado de estanqueidad.

 

Pero no debemos extrañarnos del avance en materia de clases sociales al comparar el Anciano Régimen con la sociedad burguesa surgida tras la Revolución Francesa y Americana y la Revolución Industrial. Las clases sociales del Anciano Régimen eran estancas porque la clase social a la que se pertenece se debe al nacimiento, al linaje, algo que está predeterminado desde que el periodo de gestación en el vientre de la madre[2]. Las clases sociales en la sociedad capitalista depende de la acumulación de riqueza familiar, la ruina económica de una familia en el Capitalismo supone el descenso de la escala social, al contrario que en el Anciano Régimen donde un aristócrata arruinado sigue mereciendo ser tratado como un señor por un burgués podrido de riquezas.



[1] El ciclo del dinero es, de una forma didáctica, capital invertido en un momento t1, se convierte cuando llega t2 de la realización del ciclo en capital resultante, que es la suma del capital invertido + beneficio. Pero como el beneficio se puede poner en función del capital invertido, entonces el capital resultante es el capital invertido multiplicado por un factor de plusvalía (o excedente de la producción, o revalorización, o del beneficio, como se quiera llamar). Si volvemos a reinvertir en un proceso realimentado del cicho del dinero, obtenemos lo siguiente: capital invertido = capital invertido x factor de plusvalía elevado a n ciclos de reinversión.

[2] No obstante, el rey tiene la posibilidad de nombrar nuevos nobles, así en los últimos doscientos años de anciano régimen en Francia se multiplicaron por diez los títulos nobiliarios otorgados por el rey a cambio de dinero.

 
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