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El amor al dinero como posesión –en tanto distinto del amor al dinero como medio para las alegrías y realidades del mundo- será (en el futuro) reconocido como lo que es: un tipo de repugnante enfermedad, una de esas propensiones semi-criminales, semi-patológicas, que uno entrega con cierto estremecimiento a los especialistas en salud mental (J.M.Keynes)

 
Blade runner y la razón instrumental Imprimir E-Mail
escrito por José Javier Torija Rodríguez   
«No haré nada para que el Dios de la Biomecánica no me deje entrar en su Cielo»


Confieso que Blade runner es una de mis películas favoritas de Ciencia Ficción. Y lo es a pesar de los muchos defectos que encuentro en ella. Pero eso no es decir mucho, al fin y al cabo las películas de Ciencia Ficción están cargadas de imperfecciones que sacan de la película al espectador más entusiasta. La Ciencia Ficción es un género que me atrae aún así, sobre todo por su potencialidad: No nos vemos obligados por la historia, como ocurre con las películas históricas, en la que el margen del director o es escaso para reproducir con fidelidad o una voluntaria tendenciosidad aboca a la imprecisión y al panfleto. El resto de las películas, por lo general, las que no son históricas ni de Ciencia Ficción, se equilibran en medio de éstas, no son hechos reales pero no quieren distanciarse del plano de lo que podría haber sido la realidad alcanzable. La Ciencia Ficción tiene la máxima potencialidad al abrir el escenario de lo plausible mucho más allá de nuestro mundo conocido. Esta potencialidad es la que permite exponer otro mundo, o, lo que es casi lo mismo, el mundo como debería ser éste.

 

La mayoría del repertorio de películas de Ciencia Ficción desgraciadamente pierde la oportunidad de esto y termina o malreproduciendo este mundo o se dedica a la pura batalla luminosa de los láseres sobre el oscuro espacio, mientras exalta un proscenio lleno de personas que llevan escrito el triunfalismo desilustrado en su rostro. Blade runner es una honrosa excepción.

 

El primero de los fallos acontece nada más comenzar la película, aunque eso sí, poco importante por otro lado, es el de anunciar, en medio de una orquestación intemporal de Vangelis, la fecha: los Ángeles, 2019. ¡Qué escenario para estar fabricado en 1982! Hoy, que ya estamos a 2010, no nos podemos creer que la ciudad sea así para esa fecha. En las películas futuristas hay un deseo de adelantar el futuro hasta nuestros límites vitales ¿Por qué hacen eso? Supongo que cuando fue hecha la película se quería mostrar, no un futuro que no tendremos la oportunidad de ver (un año 3000 por ejemplo), sino uno que vamos a tener la oportunidad de vivir. Bueno, salvemos la imperfección, y alejemos la fecha, después de todo al mismo Shakespeare hay que corregirle el orden temporal en muchas de sus mejores obras si queremos que éstas sean consistentes en cuanto al tiempo.

 

En una Tierra tecnológicamente desarrollada, los hombres han ido perfeccionando su robótica hasta el estadio de los androides a los que llaman “replicantes”, la fase nexus, de la que los nexus-6 eran la última generación de androides más complejos que poseían mayor agilidad, velocidad y fuerza que un humano y al que igualaban en inteligencia. Eran demasiado iguales a los humanos, indistinguibles de éstos, a excepción del complejo emocional que estos replicantes no poseían, aunque aseguraban los expertos que al cabo de un tiempo ellos generaban sus propias respuestas emocionales, motivo por el cual se había puesto un dispositivo biomecánico de seguridad: la fecha de caducidad, con sólo cuatro años.

 

Los nexus-6 habían sido perfeccionados para las utilidades más lucrativas o deseadas por los hombres: militar y de placer. Y estos nexus-6 fueron empleados como esclavos en los planetas exteriores para la explotación de recursos y la colonización, tareas demasiado penosas y arriesgadas para los humanos. Aunque no se dice claramente, parece que esa fue la razón por la que hubo una rebelión de los nexus-6 que se narra al comienzo y que origina la muerte de muchos hombres. Hechos que obligan a los nexus-6 permanecer confinados, por ley, en las “colonias exteriores” sin poder ir a la Tierra jamás, donde están proscritos.

 

Así Blade runner es la historia de seis de estos nexus-6 que, por algún motivo que va desvelándose progresivamente, se arriesgan a ir a la Tierra, a pesar de la proscripción. Para perseguir a los nexus-6 la policía tiene hombres especializados, que se llaman “Blade runner”, y que su misión es acabar con los replicantes. Cierto blade runner se convierte en el verdadero protagonista de la película al ser encomendado en la tarea de descubrir a estos nexus-6, darlos caza y retirarlos (verbo usado cada vez que uno de estos androides eran ejecutados).

 

El blade runner es reclutado en esta misión aún cuando él había abandonado por escrúpulos morales en las acciones de “retiro” o asesinato de los nexus-6. La narración de la película se hace a partir de los pensamientos del blade runner, algo que refuerza el carácter subjetivo de la película, pero también nos obliga a reflexionar con él. Siendo un recurso por el que el guionista y el director de la película pueden valerse y dejar su postura clara al respecto.

 

Hay un personaje oscuro y desagradable que es Brian, el jefe de policía de Los Ángeles que se dedica a los casos de los replicantes, a los que llamaba despectivamente “pellejudos”, este personaje es dibujado con alguno de los autodefectos que los norteamericanos son capaces a admitir de su sociedad a saber, en este caso, es chantajista y racista. Y el director hace el paralelismo entre la discriminación por raza a la discriminación por ser androide, el jefe de policía ahora se dedicaba a combatir a los replicantes, pero «éste pertenecía a la clase de policía que solía llamar chimpancés a los negros», igualando la dignidad del replicante a la del negro en su calidad de sub-humano.

 

La investigación del blade runner acerca de los perseguidos nexus-6 le lleva a buscar en las fotos que éstos coleccionan, pues los nexus-6 presentan un enorme deseo de coleccionar fotos. De uno de los nexus-6, que no llega a conocerse en la película, se dice que había muerto en un campo electromagnético de una valla que protegía la Tyrell Corporation, mientras que trataban de llegar a su interior. La Tyrel Corporation es la empresa que fabrica a estos replicantes, y que por ser el lugar de su creación se sospecha que es allí a donde se dirigen los nexus-6 por alguna razón. Allí, el doctor Tyrell, el diseñador del cerebro, el creador de la mente, de los nexus-6 le revela al blade runner el sentido de la obsesión de los nexus-6 por coleccionar fotos. En realidad se trata de fotos de familia, recursos que les dota de un pasado para tener una consistencia emocional. Y además Rachel es presentada, Rachel es una nexus-6 que consiguió infiltrarse en la Tyrel Corporation y descubierta, pero a la que el doctor Tyrell ha implantado recuerdos de su sobrina para reprogramar su identidad[1], y creando una ontología desplazada en la mente del replicante que permita canalizar sus comportamientos.  

 

El pasado era lo que les faltaba para ser humanos pero los nexus-6 terminan teniendo, conforme avanza la película, más sentimientos humanos que los propios humanos. Curiosamente, el antagonista, Roy, el líder de los nexus-6, se va convirtiendo en el coprotagonista, mientras el blade runner va comprendiendo más y más que los nexus-6 son iguales que los humanos pues buscan las mismas respuestas que nosotros: cuánto tiempo nos queda, de dónde venimos, a dónde vamos …

 

Como no podía ser de otro modo, Roy, el líder de los nexus-6 termina llegando ante el doctor Tyrell.

 

- «¿Puede el Creador reparar lo que ha hecho?». Con estas palabras, Roy empieza el encuentro con el doctor Tyrell.

- «¿Te gustaría ser modificado?»

- «¿Y quedarme aquí? Pensaba en algo más radical».

- «¿Qué? ¿Qué es lo que te preocupa?»

- «La muerte».

- «La muerte. Me temo que eso está fuera de mi jurisdicción…»

- «Yo quiero vivir más, padre».

- «La vida es así. […] Tú fuiste formado lo más perfectamente posible».

- «Pero no para durar».

- «La luz que brilla con doble intensidad dura la mitad de tiempo. Y tú has brillado con muchísima intensidad, Roy. Mírate, eres el hijo pródigo. Eres todo un premio».

- «He hecho cosas malas».

- «Y también cosas extraordinarias. Goza de tu tiempo».

- «No haré nada para que el Dios de la Biomecánica no me deje entrar en su Cielo». Y mientras le besa, lo mata.

 

Roy culpa a su dios de haberlo creado mortal, se rebela contra él. Tal es la libertad y rebeldía humana del replicante.

 

La muerte de Roy, en mitad de una lluvia incesante es la escena más conmovedora quizás de la película, cuando después de perdonar y salvar la vida a su cazador, al blade runner, le dice:

 

- «He visto cosas que no creeríais. […] Rayos de grial cerca de la Puerta de Tannhauser. … Todos esos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia». Y muere.

 

Una reflexión terrible del destino del hombre (y de los replicantes, que poseían un alma semejante) conjugando los elementos de esperanza, el grial, la Puerta de Tannhauser[2], … la salvación. Pero esos momentos posibles y experimentados en la vida se pierden como «lágrimas en la lluvia» con la muerte y el pasar de los siglos, recuerda la pasión inútil sartreana del hombre por ser Dios y convertirse inmortal.

 

Avanzando hacia el término de la película, sólo uno de los nexus-6 queda, Rachel, el blade runner despierta a una relación emocional con ella, y al final trata de salvarla de su “retiro”. Me he dado cuenta de que circula dos versiones diferentes de la película en cuanto a su final: Una de ellas termina en el mismo momento de que el blade runner escapa con la nexus-6, quedando con un final incierto, la otra sigue incorporando una información añadida y una reflexión. La información es que la nexus-6 no tenía la fecha de caducidad (muerte) de los cuatro años, prescritos en la fabricación, y luego la reflexión de quién sabe cuánto más podría vivir, ellos escaparon juntos y vivirían juntos sin conocer cuándo vendría la muerte a ambos.  

 

Como toda obra artística, las películas se elaboran comunicando mensajes al espectador, trata de decirles cosas, la historia o el hilo argumental es sólo el medio por el que se materializa. ¿Qué nos sugiere Blade Runner? En primer lugar nos advierte de un riesgo del uso de la razón instrumental, el dominio tecnológico avanza a ciertos grados de complejidad que lo que tenemos entre manos ya no son simplemente objetos, la robótica mezclado con la genética da lugar a seres vivos que, aunque construidos por el hombre, tienen su lugar como seres vivos y su derecho a existir una vez que existen. La temática no es original en la Ciencia Ficción, pues Frankestein tematiza el desarrollo instrumental hasta el punto de llegar a terrenos que sólo era coto de Dios.


Blade Runner también sugiere el fracaso de la Tecnología entiendida como medio -por tanto, neutral- al servicio del hombre cuando ésta se emancipa respecto del control humano e inaugura un desarrollo al margen del hombre. Frankestein también es un ejemplo. Corremos el riesgo de que la Tecnología escape al control del hombre y se desarrolle paralelamente por sus propios procedimientos: Los nexus-6 que se rebelan contra el hombre, los defectos involuntarios en el proceso de reanimación creando el monstruo de Frankestein o el dispositivo de guerra nuclear que termina escapando del control y produce la guerra atómica en Telefono rojo, volamos hacia Moscú. En definitiva, nos sugiere la no neutralidad de la Tecnología e invita a la reflexión de qué es lo que estamos haciendo. 


 

Desde Francis Bacon, el pensamiento occidental ha desarrollado una Ciencia para manipular el Mundo, en definitiva la razón instrumental. ¿Cuál es la finalidad de la razón instrumental? Pues de esto es lo que estamos hablando.

 

Si entendiéramos la instrumentación como neutral, como medio, el instrumento no tiene calificación moral, no es ni bueno ni malo, así un martillo –pongamos por caso- que golpea un clavo o a una cabeza humana está desprovisto de todo propósito en sí mismo, ya que el propósito (clavar un clavo o matar a una persona) queda pendiente de la finalidad que está en el lado del agente que obra, el martillo es simplemente el instrumento, un medio sin finalidad específica[3]. Pero, ¿hasta qué punto podemos admitirlo para todos los productos tecnológicos del hombre? Mi posición es claramente que no, que la razón instrumental verdaderamente tiene una finalidad, algo que trataré de explicar desde aquí hasta el final del artículo.

 

Sabido es que la instrumentación es consustancial al hombre. Pensemos en el hombre de todos los tiempos, siempre lo pensamos utilizando objetos como útiles y herramientas. Retrotraígamonos al Paleolítico Inferior, el hombre trata de manejar objetos que encuentra para nuevos usos y, en un paso más, la modificación de objetos para su adecuación al uso deseado le hace merecedor del título de homo faber. No en vano el primer hombre es calificado antropológicamente como homo habilis en virtud de su capacidad de fabricar los primeros instrumentos. Los australopitecinos, ascendientes más cercanos no son considerados del género homo por no tener esta capacidad. Quiere decirse que, en este momento (desde el primero que el hombre es hombre) ya, necesariamente, el hombre se ha hecho proyectivo, porque para convertir un objeto que se encuentra por ahí, que está “en bruto”, en un objeto que disponga de unas cualidades diferentes y adecuadas a sus deseos y necesidades, es preciso disponer de un psiquismo proyectivo y de poseer una especie de conocimiento o intuición formal[4],[5].

 

Pero, lo que comenzó como un factor multiplicativo de supervivencia[6], ya que los antecesores de hombres eran un ser vivo más entre los seres vivos, llegó un momento en que sin rivalidad, superando la vida confinada en un único ecosistema, el hombre realizó –gracias a este factor- la mayor de las revoluciones, la Revolución Neolítica por la que fue capaz de transformar el entorno. Esta transformación del entorno es, de principio a fin, una transformación instrumental.

 

La agricultura, la ganadería, la roturación de las tierras, la eliminación de especies vegetales y animales que no le son provechosas son parte de la transformación que el hombre hace sobre el medio ambiente, para construir un nuevo medio para sí. Todos los medios técnicos usados contienen esa finalidad.

 

Pero con el Neolítico el hombre no tiene más enemigo que el propio hombre, homo hominis lupus. El control se da simultáneamente hacia la naturaleza (transformación del medio) como hacia el propio hombre (la dominación). Todo el desarrollo de la historia del hombre, toda civilización, se ha vertebrado hacia esos dos aspectos a controlar. Ambos aspectos coinciden en el uso tecnológico, sin este uso, el control no tendría sentido.

 

De modo que el diseño de la instrumentación, su empleo, la plasmación de las obras tienen finalidad en sí mismas, en eso reside la razón instrumental. Pongamos un ejemplo, si en una ciudad de una sociedad con diferencia de clases hay guardias (privados o públicos) que protegen los barrios ricos de posibles malos visitantes, el empleo de un diseño de ciudad de tal modo que por sí misma diferencie las clases sociales sin necesidad de guardias, indica que el uso de su arquitectura no es neutral y sirve a unos intereses muy claros. Pongamos otro caso, si en una fábrica hay capataces o vigilantes para garantizar a través de su control la producción, a salvo del sabotaje, el pillaje, o simplemente la pérdida de tiempo de sus empleados, el empleo de un diseño de fábrica de tal modo que el trabajador se crea vigilado sin necesidad de vigilantes, indica que no es neutral y sirve a unos intereses muy definidos.   

 

En definitiva, la razón instrumental no sirve al hombre en general, sino que sirve a parte de esos hombres para el control del Mundo y del resto de los hombres. Se podría contraargumentar que la Tecnología ha servido para que las sociedades se hallan vuelto más igualitarias y democráticas. Pero  la anonimización de la propiedad y del poder, no son sino espejismos de ausencia de propiedad o ausencia de poder. Puede que la Ford sea una sociedad anónima, lo que no equivale a que no tenga propiedad. Puede que los Estados Unidos sea oficialmente una república presidencialista que rota a través de elecciones sus presidentes, pero eso no significa que se haya diluido su poder. Es verdad que antes la empresa se identificaba con su propietario y fundador o con su heredero legítimo. Es verdad que antes hubo épocas en el que el rey estaba identificado con el Estado[7]. Es verdad que cuando se personalizan las cosas cobran más claridad. Nada más lejos de la realidad, precisamente la propiedad y el poder se han concentrado más que nunca en la Historia. El efecto de anonimización, o dicho de otro modo, el efecto de despersonalización es el último logro de la tecnologización.



[1] La identidad de quién es uno mismo depende completamente de la memoria asociativa de la continuidad de los recuerdos pasados.

[2] Alusiones a elementos de las óperas wagnerianas. No es que sean originales de Wagner, pero sí coinciden en éste. El grial como la sangre de Cristo muerto para redimir a los hombres, sería portadora de plenitud y sanación. La Puerta del Venusberg que Tannhauser traspasa para dar un paso hacia la salvación. En general, el Romanticismo tuvo la redención, la salvación, como uno de los temas principales (recordemos la condena en el Barroco de don Juan por Tirso de Molina, y su redención a través del amor en la época romántica por José Zorrilla, así la leyenda medieval de Tannhauser consigue la salvación a través de Wagner).

[3] O dicho de otra forma, el martillo es un medio con un abanico de posibles finalidades.

 

[4] Conocemos por la Arqueología que el hombre tallaba piedras punzantes y cortantes, como antecesores de hachas y cuchillos. Esta industria lítica se pudo dar como resultado de un proceso retroalimentado entre experiencia y conocimiento. El hombre podía darse cuenta que objetos con la punta más afilada podía desgarrar mejor (la carne de una pieza cazada, por ejemplo) que los objetos con la punta más roma. Asimilar este conocimiento de formas ha sido decisivo para proyectar herramientas.

 

[5] Cuando uso la expresión “formal” en este momento no estoy tratando de entrar en si dicho conocimiento se adquiere por inducción a través de los sentidos, como podría sostener Aristóteles o si es un conocimiento que se adquiere por la razón, como podría sostener Platón. Ése sería un problema filosófico de primer orden al que no quiero entrar, tan sólo quiero decir con ello que el hombre, en este momento, ya maneja ese conocimiento formal.

 

[6] Un tigre, como ejemplo, posee unas garras que cumplen su misión eficazmente, pero es el fruto de una evolución de miles de generaciones. En cambio, la mano humana, con su dedo oponible para poder asir, puede tomar eventualmente el instrumento adecuado para desgarrar, o el de cortar, o el que fuera necesario. El desarrollo de la instrumentación representa la destrucción del equilibrio ecológico para siempre, ningún animal potencialmente presa de humanos puede competir para librarse por medio de la evolución genética a la evolución tecnológica del hombre.

[7] Luís XIV, el rey Sol: «El Estado soy yo».

 
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