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Es prudente no fiarse por entero de quienes nos han engañado una vez. (Descartes)

 
El futuro del movimiento 15-M Imprimir E-Mail
escrito por José Javier Torija Rodríguez   

Por fin ha pasado el evento electoral. El movimiento 15-M ha cojido desprevenido a todos, a los medios de comunicación y al Estado, y también a nosotros mismos que terminamos asistiendo. El Estado empezó haciendo lo de siempre (esto es, reprimir), y en los primeros días (hasta el 15 de Mayo) forzaron el desalojo la Puerta del SOL (en youtube hay algunos videos de la represión policial).

No es necesario detallar links porque se encuentran fácilmente con el buscador.

 

El efecto llamada a la indignación creció de forma necesaria debido a dos factores (1) la represión y (2) la divulgación en los medios de comunicación de que la protesta era pacífica.

 

Probablemente sin la concurrencia de ambos factores la protesta no hubiese adquirido las dimensiones que llegó a tener. Así pues, un movimiento pacífico tomó la plaza por miles y miles de personas, y de forma reflejada en cientos de lugares en todo el país, así que el Estado se vio en el dilema si volver a reprimir una protesta creciente o dejarlo estar.

 

Primer dilema del Estado

 

«Si reprimo, causaré el pánico y de seguro una estampida de miles de personas que tratarán de escapar por las calles que desembocan en la Plaza, el efecto embudo causará a su vez que miles de ellos queden aprisonados y muchos de ellos serán pisoteados, luego habrá decenas de muertos.»

 

«Si no reprimo, estoy permitiendo que haya una manifestación ilegal, aunque si la movilización sigue siendo pacífica, parecerá razonable que no reprima.»

 

Rubalcaba optó –no creo que le fuese muy difícil la decisión- por no desalojar (esto es, el no reprimir), advirtiendo que esta sería la opción oficial mientras la protesta no derivase en violencia contra las personas o contra los bienes.

 

Así pues, el movimiento 15-M se apuntó como ganador en el primer round. Pero, una cosa es permitir una manifestación ilegal y que no atenta contra ninguno de los derechos fundamentales, y otra cosa muy distinta permitir la manifestación ilegal y que además atente contra algunos de estos derechos (por ejemplo el recogido en la normativa acerca del período de reflexión en las votaciones). Son cosas muy distintas.

 

Por eso, y según avanzaban los días, se abría una incertidumbre acerca de la posible actuación del Estado durante el período de reflexión que comenzaría a las 0:00 horas del sábado 21 de Mayo.

 

La tensión subió cuando la Junta Electoral Central prohibió dichas manifestaciones, basándose en que dichas manifestaciones provocaban interferencias en la votación.

 

Estoy de acuerdo con los presupuestos de partida de la Junta Electoral Central: efectivamente, las manifestaciones seguro que deben tener algún impacto en las votaciones, parece “de cajón”, una concentración para ver cantar a David Bisbal u otra para ver una corrida de toros, probablemente no deban tener interferencias en la votación, ahora bien, por el contrario, que alguien reflexione para decir que es mejor no votar que votar, impulsará la abstención, que alguien reflexione para decir que es mejor un voto en blanco que un voto a partidos particulares, impulsará el voto hacia el voto en blanco, que alguien reflexione para decir que es mejor una circunscripción electoral única, impulsará el voto hacia los presupuestos de ciertos partidos que, por perjuicio en el reparto electoral de la ley D’Hont, sostienen la circunscripción única, esto es, principalmente, IU y UPyD.

 

Ahora bien, aunque pueda estar de acuerdo con que las manifestaciones pudieran tener algún tipo y cantidad de interferencia en el proceso electoral, eso no significa que esté de acuerdo en la prohibición. No, no lo estoy.

 

Además, esto es siempre discutible, y la JEC tiene una interpretación que a mí no me parece neutral, todo lo contrario, tiene sesgo, es un aparato conservador del (sub-)sistema político. La demostración es muy sencilla porque es fácil. Podemos encontrar abundantes ejemplos, como en las declaraciones que hacen muchos políticos en los medios de comunicación durante la jornada electoral, mientras los propios comicios están abiertos, acerca de las bondades del juego electoral, y animando a los electores a votar, diciendo que si “esto es la fiesta de la democracia” y cosas por el estilo. En esos casos, que son abundantes y reincidentes en otras votaciones (ya que siempre pasa lo mismo), la JEC no sólo no hace nada contra ellos, es que tampoco dice nada. Pero si los manifestantes dicen lo contrario (esto es, las maldades del juego electoral), ¿por qué deben ser prohibidas sus declaraciones? Las interferencias son producidas por unas opiniones tanto como por las contrarias. Pero, hay interferencias e interferencias. Como las clases de interferencias son claramente distintas en ambos casos, es fácil advertir que la JEC, como aparato conservador, se inclina a prohibir no sólo a –lo que es claro de prohibir en estos casos- la propaganda de un partido concreto, sino cualquier manifestación que ponga en cuestión el modelo político, aunque no se cite a ningún partido. En cambio, los ciudadanos electores que queremos abstenernos tenemos que tragar con tener que escuchar esas arengas a votar y el beneplácito del órgano “imparcial” que vela para que no haya interferencias en el proceso electoral.

 

Segundo dilema del Estado

 

«Si reprimo, causaré el pánico y … habrá decenas de muertos.»

 

«Si no reprimo, estoy permitiendo que haya una manifestación ilegal, que está interferiendo en el proceso electoral y, aunque la movilización siga siendo pacífica, parece razonable que se sentará un precedente de agresión tolerada a nuestras reglas del juego electoral.»

 

Así pues, Rubacalva, tuvo que decidir nuevamente el dilema del Estado. Pero este dilema fue más difícil de decidir que el primero.

 

Esperábamos las 0:00 del sábado 21 de Mayo en las distintas plazas de España a ver qué pasaba, si el Estado intervendría o no.

 

Bien, no hubo intervención, luego el movimiento 15-M se apuntó como ganador en el segundo round.

 

Luego vino la jornada electoral y vinieron… los resultados.

 

Sobre los resultados electorales

 

Hay quien se sorprendió: «hemos luchado contra el bipartidismo y hemos producido algo peor, hemos dejado sólo uno, como en Los inmortales.» La derrota tan brutal del PSOE ha causado sorpresa. ¿De verdad, alguien esperaba otra cosa? En la derrota descomunal del PSOE creo encontrar 2 factores: (1) La crisis económica y el papel del gobierno de Zapatero en ella, habían ido reflejando –en la serie de encuestas- la degradación porcentual del electorado del PSOE y el aumento del diferencial respecto del PP. Esto parece innegable, y tan claro que hay quien sostiene que es la razón necesaria y suficiente para hacer la lectura de esta derrota del PSOE. (2) El movimiento 15-M si ha desanimado a algún electorado ha sido precisamente el del PSOE, que ha tenido que ver cómo este movimiento espontáneo expresaba su indignación acerca de la connivencia de los bancos y el gobierno, a la vez que este movimiento se apropiaba de obstentar valores democráticos de los que el mismo PSOE había hecho gala en un pasado no tan lejano. En cambio, el electorado del PP ha tenido un balance positivo, pues estaba más motivado porque era el momento más adecuado de dar una lección a Zapatero, que desanimado con los casos de imputación a sus líderes. Este factor también ayudaría a comprender el ascenso de UPyD e IU, que sostienen posturas de la ley electoral que se han escuchado en el movimiento 15-M.  

 

Pero a eso habría que considerar lo siguiente: El movimiento 15-M es plural, no entra en consideraciones de las intrigas palaciegas entre el PP y el PSOE. Probablemente este movimiento no desee más la derrota del PSOE que la del PP: la mayoría de consignas eran contrarias a la actuación y a lo que representan ambos partidos. Si, de alguna manera, debido a estas manifestaciones hay una consecuencia de mayor derrota electoral del PSOE y triunfo del PP, ésta no ha sido deseada por el movimiento. Si la tesis es: «para no permitir que el PP haya tenido una victoria así, hubiese sido preferible que el movimiento 15-M tendría que haberse disuelto y no afectar en las elecciones, o al menos, no en ese modo», creo que no hay que entrar en esas consideraciones, pues sería como preferir claudicar en las justas protestas a la derrota del PSOE.

 

Sobre la derrota del PSOE y el escaso ascenso de IU

 

Probablemente la gran derrota del PSOE produzca una conmoción estructural dentro de este partido. Es posible que haya ruidos de fragmentación del partido. Sin embargo, creo que es remota esta posibilidad de fragmentación porque todavía hay intereses creados, han perdido muchas alcaldías y gobiernos, pero todavía quedan muchas, y, en cualquier caso, formar parte de la oposición también tiene algún rédito. Por eso no creo que se fragmente, como el caso de IU/PCE, que han estado perdiendo parte de las personas de su organización, como un herido pierde su sangre, como un ejército desmoralizado abundan las deserciones, y todo ello a medida en que el PSOE iba captando a la mayoría de ellos. Ahora, si se confirmara el caráter crónico de la hemorragia de los votantes del conjunto PSOE + IU iría a parar, básicamente, a la abstención.

 

No habrá fragmentación, pero es seguro que se azuzarán las luchas intestinas. Ya se sabe, cuando no hay para todos, algunos sacan lo peor de sí mismo.

 

El caso de IU es que ahora ha conseguido un puñado de votos a la sombra del cataclismo del PSOE. Debería ser triste para IU que consiga leves ascensos cuando el conjunto de las fuerzas políticas que llaman “de izquierda”, esto es, la izquierda domesticada (conjunto del PSOE e IU), pierda su pugna política. Lejos parecen aquellos tiempos en que Julio Anguita anhelaba un pequeño esfuerzo más para conseguir el sorpasso por la izquierda, y que yo mismo hubiese visto con agrado.

 

Sin oídos en la sociedad dispuestos a escuchar al PCE, no estaría de más que hubiese un debate interno en esta formación para su disolución como fuerza electoral, con aspiraciones al poder político. Hoy por hoy, me parece que estas aspiraciones están fuera de lugar, y en cambio me parece que su permanencia en las instituciones es un mecanismo de freno a nuevas fuerzas de izquierda nada universalistas, que nunca admitirían ser patrocinadas, ni manipuladas por el PCE.

 

Algo parecido debiera suceder con el PSOE, pero esto es casi imposible, porque, hoy por hoy, algún trozo de la tarta llegará siempre al PSOE. El PSOE corre el riesgo de convertirse en el partido disculpa de un (sub-)sistema político bipartidista, al estilo gringo. Por eso es necesaria su presencia.

 

A ver cómo sigue el movimiento 15-M

 

El movimiento 15-M es un movimiento plural, pero puede ser tentado a la reducción, a la simplicidad. Se le ha pedido concreción en sus propuestas, una especie de decálogo con las reivindicaciones más comunes o consensuadas. Para producir un encuentro con las fuerzas vivas de las instituciones. Si el poder o algún partido representante del poder lo consigue, desde mi punto de vista, el movimiento se habrá envejecido en el acto, porque si algo definió al movimiento es que no había definición, si cada propuesta era una definición, las miles de definiciones suponen la definición múltiple, y la concreción es la bajada a los infiernos, la adulteración y perversión de la pluralidad, ya sea con el más noble de los motivos. Ése es el juego de reconducción del movimiento periférico al Sistema, su recuperación, su domesticación, su caída al consenso habermasiano y de donde saldrían, probablemente, líderes de segunda fila que aportarán sangre nueva a los partidos, sin que por ello los partidos rejuvenezcan.

 

El movimiento 15-M debería buscar y proponer otra cosa. Algo distinto, algo alternativo, no exponer la pluralidad. En el fondo, ¿de dónde surge y cómo se forma este movimiento? Hay elementos comunes con las movilizaciones contra nuestra participación en la guerra de Irak, y con las manifestaciones en el 14-M, frente a la sede del PP. Surgen como movimientos ciudadanos a partir una información que “corre como la pólvora” –la transmisión por el canal de las nuevas tecnologías- en situaciones que se perciben como injustas. También en éste es así. Es ahora que, por primera vez, adquiere conciencia de sí y, por eso, es primera vez que quiere no disolverse. El problema es identificarse, el problema es la identidad, y la identidad acaba con el polimorfismo del movimiento. En cambio, tiene la oportunidad de constituirse como movimiento, movimiento cívico, y no como un desvío a movimiento puramente político. Su fuerza es lo disidente, lo plural y no tal disidencia o tal particularidad sea o no consensuada, sea más o menos común. La fuerza está en su espontaneidad, en que puede colocarse –con sorpresa- en cualquier lugar, en cualquier momento, con el pulso de la disidencia, de la indignación. Si se canaliza, la vía de acción será la vía del diálogo con los partidos, y la espontaniedad se perderá, y la mayoría de los simpatizantes volverán a la frustración inicial, volverán al redil, donde el descontento sólo está organizado con las organizaciones tradicionales.

 

El problema espontaniedad versus partido no es un problema nuevo, Claude Lefort, Jean-Paul Sartre, Rosa Luxemburg, Lenin y Trosky, entre otros muchos lo trataron en el pasado, pero sí debemos darnos cuenta de que ahora se da en un marco completamente nuevo, debemos revisar lo que dieron de sí aquellas polémicas y reconsiderar sus resultados como provisionales, hasta examinar el novum de esta situación. En el pasado la organización del partido fueron en la praxis las tesis hegemónicas. Pero se están dando momentos históricos que podrían apuntar a un cambio táctico, e incluso estratégico, muy importante, pues se puede ver que es posible una organización espontánea y horizontal, ahora hay medios que lo posibilitan, sin perder la pluralidad. Aquel minuto de silencio, mientras esperábamos las 0:00 del sábado, día de la reflexión, fue una muestra de que tenemos verdaderos deseos de organizarnos, aún conscientes de nuestra heterogeneidad.

 

Creo que debemos entender nosotros mismos que lo que nos ha unido no es algo único sino múltiple. Que el movimiento necesita tiempo y espacio para concretar las propuestas, para compilarlas si se quiere, pero no para resumirlas. Aquí hay pluralidad, y la pluralidad no se representa, no debemos caer en la representatividad, y en cambio estaremos alerta.

 

Aparte, corremos otro riesgo, tratarán de manchar el movimiento, si no accedemos a que se reconduzca como un movimiento adocenado y controlado. Es demasiado peligroso para ellos porque queremos otra sociedad. Los corruptos deben de ir a la cárcel, lo mismo que los chorizos, y los verdaderos responsables de la crisis que han enviado a la ruina a millones de familias.

 

Ahora se trata de ver cómo sigue el movimiento. No me cabe dudas de que existen riesgos reales de que el movimiento sea como un tapón descorchado y se desvanezca como un sueño de ayer. El movimiento, que ha adquirido la conciencia de sí, que ha notado su propia fuerza, para evitar que todo sea un espejismo querrá perpetuarse. Es lógico, pero “podría ser peor el remedio que la enfermedad”. Por eso, no se trata de apurarnos y elegir mal, quizás no sea el momento de la constitución de este movimiento cívico o quizás sí, pero me parecería inadecuado por tener prisa la improvisación nos lleve a lo fácil, al diálogo con los partidos, y terminar dando un giro hacia la domesticación, el Sistema tratará de recuperar-nos, de asimilar-nos, de negar-nos. En cualquier caso, parece que en el futuro más o menos cercano un movimiento nuevo va a terminar por cristalizar, no creo que debamos forzarnos a tomar soluciones no-plurales, por consensuadas que fuesen.

 
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