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El hombre ha nacido libre y por doquiera se encuentra sujeto con cadenas. (J. J. Rosseau)

 
La nueva Edad Media del capitalismo feudal Imprimir E-Mail
escrito por Teodoro Mora Mínguez   

Muchos nos preguntamos: ¿porqué estamos en crisis?, ¿qué es lo que ha pasado para que hayamos llegado a la situación en la cual nos encontramos? Pues bien, a estas preguntas se suelen responder con algún tipo de explicación sencilla, normalmente basada en los usos ilícitos hechos por el Capital, algo que es, de algún modo cierto, pero, sin embargo, quizá podamos aclarar algo más estas cuestiones si las contemplamos a la luz de una serie de paralelismos que difieren de todo aquello que en principio nos explican en relación a este caso.


 

Un importante pensador y literato italiano, Umberto Eco, escribió un artículo a finales del siglo XX, La nueva Edad Media, en el cual recopilaba, además artículos de otros autores italianos contemporáneos que hablaban del tema en la misma línea. En éste artículo Eco calificó a esta época, tiempo antes de que se llegara a esta situación de crisis, como la vuelta a un nuevo mundo feudal, a una nueva Edad Media globalizada.

¿Qué llevó a Umberto Eco, antes de llegar a esta situación de crisis, a que pronosticara una nueva Edad Media? ¿Qué tiene que ver la  Edad Media con la actualidad? Pues aunque no lo parezca, mucho más de lo que podríamos en principio creer.

 

Se ha considerado a la Edad Media como una edad de ignorancia y de superstición en las ideas, marcada por un sistema feudal en cuanto a lo político y económico, pero, es que, bien mirada, nuestra época actual, independientemente de los sucios manejos económicos de la especulación financiera e inmobiliaria que han llevado materialmente a la situación de crisis económica actual, en su conjunto, nuestra época también participa de las características de la Edad Media histórica. Por eso, a la conclusión a la que me lleva la lectura de este texto de Umberto Eco sobre la Nueva Edad Media actual, más que por el contenido o la conclusión a la que llega el propio Eco, sino, en general, por el dictamen y diagnóstico que ofrece hacia el futuro, me conduce, a su vez, a adelantar la siguiente tesis que expondré en este artículo: ¿No será posible que, esta crisis actual, más que una crisis económica y ecológica, características que, por supuesto, le son propias, sea, visto en profundidad, un síntoma de algo más, algo así como la convulsión que antecede a una metamorfosis global, que lleva, irremisiblemente, desde la disminución de los derechos individuales y sociales y el desmembramiento del estado del bienestar actual garantizado por los estados nacionales, hacia una Nueva Edad Media feudal capitalista globalizada?

 

En primer lugar, la Edad Media, como dijimos, ha sido considerada desde la Ilustración filosófica moderna como una edad oscura, en la que primaba la ignorancia y la superstición, en cambio, se nos dice que nuestra época está caracterizada por la información global. Pero si se mira más en detalle, ambas se parecen más de lo que a simple vista podemos apreciar.

Todo se ha convertido en información, ya que estamos intercomunicados a unos niveles que jamás se pudo ni siquiera soñar: redes de comunicación a distancia, medios de transporte e información de todo tipo: terrestres, aéreos, marítimos, autopistas de la información virtual: “Messenger”, “Twitter”, blogs personales, etc,…

Pero si nos fijamos en el tipo de información que transmitimos y en general, en el tipo de información que se aglutina en la red global, vemos que gran parte es información espuria, innecesaria, incluso mucha de ella está construida mediante rumores, y en conjunto constituye, además de la información seria y veraz, tanto en contenidos de conocimiento como de información sobre sucesos actuales, una gran cantidad de “ruido informativo” que dificulta la llegada desde estos canales de una información seria y rigurosa y su distinción de lo que únicamente son rumores e información sesgada y manipulada por los ideólogos del sistema actual, como posteriormente expondremos.

 

En segundo lugar, la Edad Media fue una época en la que primaba sobre todas las cosas la concepción teocéntrica de las grandes culturas: Cristianismo, Judaísmo e Islam, todos ellos estaban volcados en el culto a un solo Dios, eso sí, cada uno tenía su punto de vista dogmático y excluyente, de ahí que se dieran tanto las guerras de religión exteriores entre Occidente y Oriente Próximo con las Cruzadas como máximo exponente, como, por otro lado, las persecuciones dentro del interior de Occidente a los judíos.

 

Mientras en el Próximo Oriente sigue en píe el monoteísmo político y religioso en bloque del Islam, actualmente, en Occidente, esta concepción ha dado paso a partir de la Ilustración filosófica de la Edad Moderna, a la desacralización de la sociedad, lo que se ha dado en llamar, la secularización de Occidente. Ahora bien, dicha secularización ha llevado a una visión del mundo circundante basado en lo contingente y lo finito, en la limitación del conocimiento humano y en el arrumbamiento de todo lo trascendente. Por ello, se ha colocado en el ámbito de la creencia, al “éxito” personal como el valor fundamental de la vida, tal como ya señalara Max Weber en su obra fundamental: La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Tanto es así que, hoy en día, dependiendo de dicho éxito personal, se ha tomado por principio la regla económico-política no escrita del Homo Oeconómicus que rige el universo que gira en torno a su propiedad: “A más, más”: cuanto más dinero, más poder y viceversa, en la cual se basa la sociedad capitalista consumista contemporánea.

 

Con ello se ha sustituido el valor del Dios suprasensible y trascendente por el dios contingente del “éxito” personal que supone el binomio reforzado mutuamente entre el dinero y el poder. Ya no hay noción de un “paraíso” o de un “infierno” ultraterrenos porque el cielo y el infierno, están aquí, en la Tierra y se miden por la calidad del tiempo que consumimos. A más dinero y a más poder, más tiempo de descanso, hasta tal punto, que a los lugares a los cuales se transfieren grandes cantidades de dinero que acumulan aquellos que no quieren hacer pasar dicho dinero por el ciclo de redistribución de los impuestos y las cargas a pagar para el mantenimiento de los estados nacionales y de los bienes públicos, se les llama a estos “no-lugares”, pues no existen oficialmente, ya que están a las afueras de toda norma establecida: “paraísos fiscales”, es decir, son el “no-lugar” en el que se goza de la propiedad del dinero sin ninguna obligación ni carga en relación con el conjunto de la sociedad.

La regla también funciona en el sentido contrario: a menos dinero y menos poder, menor calidad en el descanso, menor tiempo de descanso, de ocio y de vacaciones y un trabajo más duro, y si no lo tienes, terminas por vagar en esa especie de “purgatorio” laboral que son las oficinas de empleo, y si no tienes ni siquiera una ayuda o subsidio ofrecido por los estados nacionales con el cual poder satisfacer las necesidades mínimas de subsistencia, entonces la pobreza y la miseria económicas se agudizan, aumentando así la crudeza del infierno capitalista consumista actual.

 

En tercer lugar, una característica primordial, desde el estudio de las llamadas clases sociales, podemos ver cómo hay un fuerte paralelismo que nos indica el parecido que guardan entre sí ambas épocas tan lejanas en el tiempo y tan cercanas en el fondo y que nos llevan a hablar de un nuevo feudalismo propiciado por el desmantelamiento progresivo de los estados nacionales desde la privatización masiva de los servicios esenciales para la ciudadanía. Precisamente, fue la aparición de estos estados nacionales a partir del Renacimiento, junto con el surgimiento de las lenguas propias de cada estado, lo que a la larga supuso la caída del feudalismo medieval en el camino a los estados del bienestar social actuales, basados en la declaración de los derechos universales del hombre y que llevaron a la retirada, en parte, de los privilegios de la Nobleza y del Clero.

Hoy, con la construcción de conjuntos de múltiples estados nacionales unidos por una Economía Única, el caso de la U.E. (que aunque no lo parezca significa: Unión Europea) actual, se está desmantelando la estructura de dichos estados nacionales, sin llegar a constituir, como contrapartida, un verdadero Estado conjunto, lo que hace un gran servicio a estos grandes intereses neofeudales, con ello me refiero, no sólo a los anteriormente citados estamentos del feudalismo medieval (Nobleza y Clero), sino también a los nuevos y más fuertes posibles feudatarios que se incorporarían, como son los grandes intereses económicos y financieros de las grandes empresas multinacionales e intercontinentales y de los bancos y entidades financieras que organizan precisamente, las estructuras de esos “paraísos fiscales” para los nuevos feudatarios.

 

A partir de esta base de ideas y creencias, pasemos a analizar en detalle el posible paralelismo entre los estamentos medievales y las actuales diferenciaciones sociales por funciones, vamos las “clases sociales” actuales.

Veamos primero a que estamentos se consideraban fundamentalmente en la Edad Media como el exponente de la sociedad de esta época:

-“Oratores”, los clérigos, sacerdotes y monjes que se dedicaban a orar. Eran los que organizaban la sociedad desde la centralidad del culto monoteísta, en suma, eran los guardianes espirituales de la fe, fundamento, a su vez, de la sociedad feudal medieval.

-“Bellatores”, eran los caballeros, soldados y guerreros que imponían el orden dentro de una sociedad inculta, casi ágrafa y, en la cual sólo tenía cabida la ley del más fuerte, ya que las normas sociales no tenían ninguna validez si no eran respaldadas por las armas.

-“Productores”, formaban este conjunto la mayor parte de la población, tanto los productores, propiamente dichos, que eran los campesinos y granjeros, como también los pequeños propietarios y comerciantes, de los cuales, andando el tiempo, saldrían como clase social emergente: “los burgueses”, habitantes de los Burgos o ciudades bajo-medievales. Este último grupo sería fundamental en la constitución de lo que se llamaría con el tiempo el Tercer Estado, (los otros dos Estados son, a saber, los estamento de Nobleza y Clero). Pues bien este Tercer Estado que, no conformándose con los derechos y deberes de su estamento en la sociedad absolutista de las monarquías nacionales modernas, llegarían, al menos en Francia, y también en los Estados Unidos de Norteamérica, desde el movimiento de independencia contra Gran Bretaña, a la Revolución y a la implantación de unos Derechos Universales del Hombre, base de nuestra sociedad democrática actual.

 

Ahora bien, si consideramos que una de las diferencias teóricas entre la sociedad feudal y la sociedad post-moderna y supuestamente post-revolucionaria (ya que se supone que ha terminado el tiempo de las grandes revoluciones modernas y contemporáneas), es una estructura de clases estanca propia de la sociedad feudal versus una estructura de clases permeable, y observamos cómo se han desarrollado las capas o clases sociales en la nueva sociedad, vemos que, aunque los estamentos ya no son impermeables e infranqueables, sin embargo, de facto, los estratos sociales actuales, tienen bastante que ver con aquellos estamentos cerrados feudales, pues evidenciamos, cada vez con un número mayor, que aquellos miembros de una numerosa clase media que constituían el sector de influencias más permeables y un amplio sector de la población, así como el soporte y freno entre las disputas de los más ricos y los más pobres, (lo que en la literatura social marxista se consideraba, “lucha de clases”), en las condiciones actuales de crisis, dicho sector se halla en franco retroceso y, en general, en un proceso de disminución progresiva tanto en su número como en su influencia social, de ahí, que si desplegamos las llamadas: “clases sociales”, centrándonos en las funciones que cada individuo cumple en relación con el conjunto social, hallaremos, mirándolas en relación con los antiguos estamentos ya mencionados, como si se tratase de un efecto espejo, realidades muy cercanas a dicha antigua sociedad feudal, maquilladas, eso sí, levemente por un aura de pensamiento liberal basado en la idea moderna de la libertad individual, recogida en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero, libertad que cada vez, tiende a un mayor repliegue junto con el desmantelamiento progresivo de las estructuras, infraestructuras, de los llamados estados del bienestar, sobre todo, en la Europa occidental, que habrían pretendido, posteriormente a la Segunda Guerra Mundial, ser una auténtica “tercera vía” entre el ultracapitalismo norteamericano y el socialismo real soviético.

 

Hoy en día podemos distinguir por orden de mayor población y menor influencia política y económica los siguientes grupos sociales, es decir, de las antiguas clases sociales:

 

-“Productores”: son todos aquellos que trabajan por un salario, ya sean pertenecientes al sector primario (agropecuario), al sector secundario (industrial) o al sector terciario (productos y servicios).

Los productores, en principio, se contraponían a los burgueses capitalistas, así, Karl Marx, puso como ejemplo, sobre todo a los productores fabriles a finales del siglo XIX, ya que, dado su gran número, podían en los países occidentales industrializados, servir para contrarrestar el poder de los burgueses capitalistas propietarios de los modos de producción. ¡Que luego donde triunfara la revolución de los productores fuera en los países no industrializados: Rusia, China,… resulta una de las grandes ironías del marxismo histórico!

 

A estos trabajadores industriales los llamó Marx: “proletarios”, pues una de sus características mas destacadas y que los definían, era que tenían muchos hijos, en gran parte, debido a la gran mortalidad infantil de esta época de finales del siglo XIX, cuando todavía no se había generalizado la sanidad pública en Europa occidental, de tal modo que cuantos más hijos se tuvieran, más jornales podrían llevarse a casa, en caso de que no se muriesen de muy pequeños, antes de poder ponerse a trabajar, en una época en la que, hay que señalar que la explotación infantil se hallaba en todo su apogeo y que los niños podían empezar a trabajar a los ocho años.

En la actualidad, los “proletarios”, es decir, aquellos trabajadores asalariados que tienen un mayor número de hijos para ayudar a la economía familiar, lo constituyen las familias amplias de trabajadores, sean del sector productivo que sean, que procedentes, en su mayor parte, de países no occidentales, tienen arraigado, por una cuestión cultural y fundamentalmente religiosa, la costumbre de formar familias a partir de edades muy tempranas y acostumbran, por ello mismo, a tener muchos hijos, precisamente porque siguen teniendo la misma mentalidad de la ayuda conjunta a la familia que había en Occidente anteriormente a nuestra época, es decir, en los tiempos en los que, como hemos señalado había una mayor mortalidad infantil.

 

En cambio, los trabajadores asalariados occidentales, al estar acostumbrados a una baja mortalidad infantil y a unos mayores cuidados sanitarios en el periodo de la infancia, precisamente por la prestación de servicios sociales de calidad gratuitos a toda la población, cuando forman parejas, no tienen un gran número de hijos, pues prima en ellos la mentalidad secularizada, no de la cantidad de hijos, visión promocionada por el fundamentalismo religioso de a cuantas más vidas procedentes de parejas religiosas, más individuos y por tanto, mayor número de creyentes y mayor poder virtual de dichas religiones, lo que parece ser el leit motiv del catolicismo actual y del evangelismo imperantes, sino que este pensamiento laico, heredero de la Ilustración filosófica moderna, parte, en cambio, de un criterio de calidad de vida, que supone tener tantos hijos como posibilidades de un pleno mantenimiento por parte de los medios de vida de la pareja, pensamiento del todo ajeno a cualquier consideración o manifestación religiosa y si en concordancia con la mentalidad secularizada que apoya la universalidad de los servicios públicos de sanidad y educación para toda la población.

 

Los productores, independientemente del modelo de familia que representen por sus ideas y creencias y del nivel de vida que lleven, siempre se mantendrán como productores, a no ser que opten, libremente a ascender en el sistema social actual basado en la competitividad económica, esto es, en lo que se traduce la norma no escrita a la que hemos hecho referencia anteriormente como: “a más dinero- más poder”.

 

-Los “comerciales”, ya que en la sociedad occidental globalizada actual todos los individuos son presuntos compradores y consumidores de la mercancía que los productores mediante su trabajo, producen, por ello la importancia de los comerciales es muy grande, ya que ellos son los encargados de comercializar, poner en el mercado de la compra-venta todos los productos y mercancías.

 

Son “comerciales” y ya no tan solo, comerciantes como se les conocía en tiempos anteriores, ya que en su gran mayoría cobran un sueldo por su trabajo más las comisiones y otros beneficios asociados a las ventas que realicen. Los comerciantes, en cambio, son, en su mayor parte, pequeños propietarios con negocios propios, estos no interesan dentro del entramado del mercado mundial de comercialización de los productos manufacturados y estandarizados comercialmente, ya que llevan a cabo dicha comercialización de manera distinta, incluso personalizadamente, y por ello, interesa más a esta comercialización global cada vez más homogeneizada, el que éstos desaparezcan progresivamente, debido a que las condiciones de liberalización de los horarios hacen que éstos no puedan competir con las grandes superficies comerciales.

 

 Las superficies comerciales son uno de los mayores exponentes geográficos de la sociedad consumista capitalista actual y están absolutamente en manos de los comerciales, que contratan a grandes contingentes de trabajadores asalariados para su mantenimiento. De hecho, la retórica de los comerciales imita también a la jerga militar, conceptos tales como: “fuerza de venta”, “idea-fuerza”, “marketing directo” nos recuerdan con sus connotaciones impositivas y coercitivas el lenguaje de la guerra.

Para darse cuenta del peso que los comerciales tienen en la sociedad actual, y en particular, los centros comerciales como topografía propia de un ámbito privado totalmente regido por las reglas sin-ley del capitalismo consumista, no hay más que leer la novela del escritor portugués, recientemente fallecido, José Saramago, este autor en La Caverna, refiere mediante la reminiscencia hecha a la metáfora platónica de la vida inauténtica de los sentidos, a la nueva Caverna vista como el centro comercial en tanto que nuevo ámbito totalizador de la producción y el consumo, el cual en su implantación elimina progresivamente toda pequeña competencia tanto de los comerciantes como de los productores de la zona en la que se instala, haciendo girar a partir de entonces, toda la vida social en torno a su oferta de consumo y ocio, tiempo el cual, como ya hemos dicho, ocupa el lugar del paraíso, del cielo material de la edad consumista actual.

 

-“Guardianes”: son aquellos que se ocupan de mantener el orden en la sociedad actual. No sólo forman parte de este sector las fuerzas de seguridad de los estados nacionales, sino también todos los organismos y organizaciones tanto públicas como privadas que se ocupan en la tarea de que no se produzcan alteraciones del orden, alteraciones en la libre transacción económica, en la transmisión y mantenimiento de la propiedad privada de los individuos y, más aún, cuanto mayor sea la escala social de los individuos cuya propiedad se ha de proteger. Esta clase o función social, ocuparía el lugar de los “Bellatores” de la sociedad medieval feudal,  y no solo serían, como hemos señalado, aquellos a los que, según las constituciones democráticas contemporáneas, tienen el derecho del monopolio de la fuerza: cuerpos de seguridad del Estado y ejército, sino también todos los organismos privados de seguridad que forman un conjunto de cuerpos parapoliciales. La demanda de estos nuevos cuerpos, aumenta en relación con el aumento de las desigualdades sociales y económicas y la disminución de clases medias que sirvieran de freno a la lucha entre los más pobres y los más ricos, en un sistema cada vez más recrudecido de ganancia sin límite, los que más tienen, cada vez tienen más miedo de todos los demás. De ahí, la proliferación, a nivel mundial, de las empresas de seguridad privada, así como la militarización de los recintos residenciales de las clases más altas, que resultan tanto más militarizados, cuanta mayor riqueza de los moradores.

 

-“Ideólogos”, esta es una nueva categoría que no estaba presente en la sociedad feudal medieval, y que sólo apareció como una clase social influyente a partir de la Ilustración moderna con la secularización de la sociedad contemporánea. Ideólogos no son sólo los partidarios de un sistema social y político determinado, como ha quedado expuesto por la tradición social y política, ideólogos son también aquellos ciudadanos que por su nivel de estudios, por su ocupación o por pertenecer a las llamadas: “profesiones liberales” pueden tener la capacidad de realizar aquello a lo que Kant se refería como “uso público de la razón práctica”, esto es, a tener una opinión propia y poderla manifestar ante los demás.

 

De ahí que podamos distinguir en este uso ideológico sin connotaciones, a dos tipos fundamentales, según el uso que hacen de sus ideas, de su pensamiento crítico hacia la sociedad:

· Ideólogos “de iure”, son todos aquellos profesionales liberales que mantienen a partir del ejercicio de su profesión la imagen de un funcionamiento adecuado del estado social democrático actual.

· .Ideólogos “de facto”, son aquellos que tienen una opinión y que la manifiestan públicamente, participando así del proceso de formación de la opinión pública, y de entre ella, de los medios de comunicación y de expresión: cultural, informativa, artística,…

 

Dentro de estos medios variados que constituyen el reservorio de la cultura occidental actual, hay unos que son los más influyentes, que lo son por los medios de comunicación de masas que tienen a su servicio, y que aumentan su influencia cuanta mayor cercanía tengan en sus puntos de vista con respecto a la defensa de los intereses de la clase superior a todas, es decir, de los “Gestores”, que son aquellos que gestionan los recursos públicos y privados indistintamente de la misma manera, a partir de una tecnocracia totalizadora.

 

Por ello, son estos ideólogos “de facto”, aquellos que defienden los intereses de los “Gestores” y basan todo su discurso en el ejemplo de la inoperancia de los totalitarismos comunistas y de las dictaduras no democráticas, para ocultar el manejo también tecnocrático pero conducido desde el liberalismo neoconservador actual, basado en el discurso único del utracapitalismo consumista. Y esta composición de términos de “ultraliberalismo” y “neoconservadurismo” parece antitética o incluso contradictoria, ya que afirma que lo mismo es ser “liberal”, es decir, dar libertad al respecto de las cosas, a los individuos, a la circulación de los productos y las mercancías que ser “conservador”, que es lo contrario, ya que consiste en apropiarse primero y posteriormente en conservar dicha propiedad, y de este modo no permitir dejarla en un libre juego de relación. Sin embargo, la retórica neoconservadora tiene su propia lógica, y ésta consiste en ser conservadores de la propiedad privada, de su patrimonio a ultranza, de ahí su “ultraconservadurismo”, y, de otro lado, querer liberalizar, es decir, dejar en libertad de libre juego de compra y venta, convirtiéndola en mercancía, ya sea a los productos producidos industrialmente, a los bienes y servicios, sean en principio, públicos o privados, los terrenos y espacios e incluso, si llega el caso, a los propios individuos, ya que para esta mentalidad todo se convierte en mercancía, de ahí, su también “ultraliberalismo”. De tal modo que la ideología “neoconservadora” consiste, en definitiva, en conservar lo propio, lo privado y comprar y vender lo público para obtener mayores beneficios privados y aumentar así el patrimonio propio. Por eso podemos aducir que su única lógica es la de la acumulación y concentración del poder y el dinero, luego: “a más, más”, es decir, la lógica de la avaricia compulsiva.

 

-“Gestores”: finalmente, en la cúspide de la sociedad actual nos encontramos a los compradores y vendedores que lo son, no de ningún producto en especial, sino del conjunto de todo el juego de compra-venta. Gestores no son sólo los altos funcionarios de los estados nacionales y de los organismos internacionales, sino también, sobre todo, aquella clase social que desde los años 50 del pasado siglo XX fue tomando protagonismo tanto en los gobiernos de los estados nacionales como en las grandes corporaciones económicas multinacionales e intercontinentales, estos, a los cuales se les califica como: “los expertos”, son los tecnócratas a los que se les suman, a partir de los años 80 del siglo XX, los grandes especuladores de los mercados económicos bursátiles, conformando así, las verdaderas clases dirigentes de los países industrializados occidentales por encima de los políticos supuestamente elegidos por la voluntad soberana de sus ciudadanos.

El problema que está a la base de la dificultad de la resolución de la crisis actual está en que todos estos profesionales y expertos se rigen, no por la veracidad de sus informaciones, sino por la capacidad de producir grandes efectos, sean verdad o no las informaciones que manejan, por ello, cuanto mayores efectos y más catastróficos sean, mayor margen de maniobra y de ganancia tienen en un mercado más arriesgado y con mayores movimientos de capital generados, aunque sean capitales únicamente virtuales, es decir, no basados en un producto real, sino sólo en la pura especulación, en fantasmas de futuros posibles, no avalados por tanto por ningún valor real, ni posiblemente pudieran avalarse en términos de la riqueza de ninguna nación.

Por esto, es por lo que es tan difícil salir de la crisis, ya que, como muy bien dicen los ideólogos del “neocon”, “la crisis también es una oportunidad”, por supuesto que lo es, para aquellos que juegan con capitales de productos inexistentes y ganan en su especulación las riquezas reales de las naciones y con ello, la deuda de las naciones, empobreciéndolas de la noche a la mañana, éstos son los verdaderos responsables de la crisis, una crisis inducida por el absurdo de una codicia sin fin, que a mayor situación de crisis y a mayor miedo infundido en la población mundial ve mayores posibilidades de ganancia, ya que al aumentar el riesgo, aumenta el valor total de las apuestas en juego.

 

Todo esto ya lo puso de manifiesto hace algunos años la socióloga, Naomi Klein en su libro: La doctrina del Shock libro en el cual señalaba que son precisamente estos poderes económicos en la sombra los que manejan los hilos de las políticas neoliberales y que aprovechan grandes acontecimientos traumáticos para la sociedad para aplicar mediante el miedo a la desprotección y poniendo como pretexto la necesidad del aumento de las medidas de seguridad de las naciones, para poder implantar medidas que en condiciones normales la sociedad civil se negaría a considerar, y así socavar las libertades civiles de los ciudadanos en los sistemas democráticos occidentales. De este modo se consiguen así sociedades más vigiladas y con menos libertades y que ponen menos trabas a la liberalización de todos sus servicios públicos.

 

Asimismo, si hacemos un repaso histórico de todas las guerras en el mundo a partir de los años 70 desde la finalización de la guerra del Vietnam, última guerra exponente de las luchas geoestratégicas entre el Occidente capitalista y el Oriente comunista, veremos que en todas las guerras posteriores a ésta han estado implicados los Gestores y sus intereses. Han sido guerras para someter de nuevo el control de los recursos de loas antiguos países coloniales al poder de las metrópolis, por medio de los Guardianes externos, es decir de los ejércitos de las grandes potencias neocoloniales, los ejércitos occidentales sobre todo. De este modo, han puesto en manos de estos grandes Gestores las últimas reservas de petróleo, gas natural y combustibles fósiles que hasta esos momentos escapaban a su directo control económico, haciendo dichas guerras llamándolas: “conflictos armados” bajo pretexto de democratizar, si hacía falta, por la fuerza, sociedades que se hallaban carentes de las más mínimas medidas democráticas ni libertades individuales. En realidad, los tiranos que pretendidamente han querido combatir, han sido puestos por estos mismos intereses económicos y compañías trasnacionales, como gobernantes-títere, hasta que ha llegado el momento en que han preferido tomar el control absoluto de tales recursos. De esta manera, utilizando la guerra para el comercio, se han generado ingentes mercados para la explotación de los Gestores ya que después de destruir todas las infraestructuras de los países en guerra, llega el pingüe negocio de la reconstrucción.

 

Son estos Gestores los que actualmente se dedican concienzudamente a la tarea de desmantelar progresivamente las economías de los países occidentales más débiles, aplicando para ello, las mismas políticas de usura y de privatizaciones masivas que ya habían puesto en marcha en todos los demás países del mundo, en los reconstruidos por las “guerras de liberación” y en los países en proceso de industrialización. Los expertos del B.M., del F.M.I., del B.E. únicamente están aplicando las mismas políticas de gestión que llevan aplicando al resto del mundo desde hace 50 años en el ámbito capitalista, únicamente que, a más alta apuesta, es decir, cuanto mayor es la cantidad de capital especulativo en juego, mayor es el riesgo de bancarrota para todas las economías del mundo. Es la lógica del casino aplicada al conjunto de la Tierra.

 

Por eso, en definitiva, consideramos que hoy por hoy, ya no hay vuelta atrás, la nueva Edad Media feudal del capitalismo global ya está llamando a las puertas con fuertes aldabonazos que presagian un tiempo de oscuridad para casi todos. El humanismo y la lucha por la dignidad del hombre viven sus horas más bajas desde el final de la Segunda Guerra Mundial, ya que esto también es una guerra, pero una guerra económica global en la que no hay bandos nacionales, sino una lucha de clases encarnizada como pocas se han visto hasta la actualidad. Que verdaderamente ésta pueda llegar a ser una Edad feudal capitalista sin ninguna alternativa o bien constituya una etapa de transición hacia un nuevo modelo de redistribución de la riqueza global, depende de todos nosotros, ya que, desde luego, ellos desde su pensamiento único de: “a más, más”, celebran ya el lema que impulsa su divisa: “¡El hombre ha muerto, viva el Capital!”.

 
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