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El primer paso hacia la filosofía es la incredulidad. (Denis Diderot)

 
Gallardón como alcalde mola un montón Imprimir E-Mail
escrito por José Javier Torija Rodríguez   
Gallardón es un tipo que me cae bien –y no soy de derechas- tengo la impresión de que es alguien que se “salva” en el PP,

de que es un tipo honesto (lo contrario que me parece Zaplana), dialogante pero firme (algo que hecho en falta en Zapatero), dinámico y jovial (distinto de las carrozas del PP), imagen de la derecha del futuro (no como Fraga, que se le paró el reloj hace más de treinta años), fluido (no como Acebes, que parece un tartamudo mental), serio (no como Rajoy del que tengo la sensación de que no habla con seriedad, ¿qué es eso de que “quieren que Navarra deje de ser Navarra”?), apuesto (seguro que las mujeres se echarían antes en sus brazos que en los de Rajoy o en los de Mayor Oreja). En fin, muchos están convencidos de que es una excelente figura para ser presidente de los españoles, frente a una cohorte de candidatos del PP de la derecha más rancia que nos podemos echar encima.

 

Yo creo en la buena fe de Gallardón. Es tan bueno Gallardón, que me pregunto si acaso no es más que un espejismo.

 

Ahora, eso sí, me tiene muy “quemao” con el asunto de los parquímetros en barrios de trabajadores: 

En Madrid, se comenzó aplicando el sistema de parquímetros de pago en la zona centro de la ciudad.

Pero poner operativo un sistema de parquímetros de pago en una ciudad o parte de una ciudad puede tener las siguientes finalidades:

a – Es bien conocido el problema de afluencia masiva de vehículos en ciertas zonas de las grandes ciudades y en ciertas franjas horarias. La finalidad puede ser, en consecuencia, la siguiente: poniendo operativo un sistema de parquímetros de pago con regulación de franja horaria podría tener un efecto de disuasión para muchos conductores que, de no existir dicho sistema de parquímetros de pago, seguirían acudiendo masivamente a dichas zonas. De este modo, se atenúa el problema de aparcamiento en dichas zonas y a ciertas horas.

b – Debido a que el sistema de parquímetros es de pago, la recaudación misma puede ser la auténtica finalidad de poner operativo un sistema así.

c – Otros fines que desconocemos, pero que de seguro que el alcalde conoce perfectamente puesto que es el que actúa poniendo operativa la medida.

 

¿Cuál fue la finalidad de dicha aplicación en el centro de Madrid?

Podemos decir que la aplicación de la medida ha atenuado el problema de afluencia masiva en el centro madrileño, puede ser que, por (a), haya tenido una finalidad de resolución del problema circulatorio y de aparcamiento en dichas zonas y, por tanto, que el alcalde haya actuado de buena fe, entendiendo por buena fe en la actuación de un alcalde cuando la finalidad de su acción pretende el buen funcionamiento de y para su ciudad.

 

Sin embargo, sólo podemos afirmar que es posible que el alcalde haya actuado de buena fe, pero no definitivamente seguro porque por (b) -o incluso por (c)- también podría haber actuado con fines recaudatorios (sin negar el éxito en el problema circulatorio y de aparcamiento), y que hay mala fe, entendiendo por mala fe en la actuación de un alcalde cuando su acción pretende tener finalidad lucrativa o alguna finalidad oscura que se oculta a los vecinos

 

Si damos por cierto el dicho popular “sólo un idiota tira piedras contra su propio tejado”, el alcalde, si no es idiota, -tanto si ha actuado con buena o con mala fe- siempre afirmará que su finalidad la precede la buena fe y los madrileños jamás podremos saber –por su boca- qué es cierto. Depende de nosotros si le creemos o no, pero no es lo mismo creer que saber. Nunca sabremos la honestidad de dicha actuación. Aunque particularmente creo en su buena fe.

 

El caso que nos trae es que en Madrid se ha puesto operativo últimamente el sistema de parquímetros de pago en las siguientes zonas: Fuencarral, Carabanchel y Tetuán. El alcalde de Madrid que lo ha aplicado es A. R. Gallardón.

 

Examinemos este caso:

 

Fuencarral, Carabanchel y Tetuán son barrios con varias características comunes:

d – Son barrios que tienen mucha población residente trabajadora.

e – En la franja horaria laboral hay más coches que desalojan la zona que coches que vienen a estacionar en ella (Esto es debido a la desproporción real que hay menos puestos de trabajo en comercio, servicios, por ausencia de industrias también, que población activa)

f – Antes de la aplicación del sistema de parquímetros de pago,

f.1 – en horario no-laboral ya había una masificación en los aparcamientos y

f.2 – en horario laboral muchísimos huecos libres para aparcar.

f.3 – el espacio que disponían los vecinos para aparcar era todo el disponible, regulado por el código de circulación.

g – Después de la aplicación del sistema de parquímetros de pago,

g.1 – en horario no-laboral no ha mejorado las condiciones de aparcamiento puesto que no aplica en dicha franja horaria, sino que la ha perjudicado, ya que los vecinos que aparcan por la noche (por ejemplo) deben tratar de aparcar en zona verde, pues si lo hacen en zona azul serán multados al día siguiente, y, además, tiene que pagar su estacionamiento residente anual. 

g.2 – en horario laboral no ha mejorado tampoco, porque el vehículo que venía de fuera del barrio ya encontraba los huecos para aparcar en dicho horario pero que ahora tiene que pagar, para colmo se ve restringido a aparcar en zona azul pues la verde es mucho más cara.

g.3 – el espacio disponible para aparcamiento de los vecinos ahora es mucho menor, ya que ahora un porcentaje importante del espacio se ha reservado como zona azul.

 

¿Cuál es la finalidad de la aplicación de esta medida?

 

De (b), (e), (f.x) y (g.x) se demuestra que la vigencia de esta medida no tiene un resultado de mejora en los aparcamientos de dichas zonas. Aunque, sin embargo, también puede ocurrir que la finalidad que esperaba el alcalde -con su acción- no la hubiera conseguido tras el resultado. Lo que quiere decirse que el alcalde pudo tener la finalidad honesta de atenuar el problema de aparcamientos con la aplicación de la medida pero que la aplicación de esta medida no ha conseguido dicha finalidad. Pero de ser cierto, el alcalde pondría fin a la aplicación de la medida porque no ha conseguido lo que él honestamente pretendía.

 

Puesto que continúa con la aplicación de la medida, piensa el alcalde que sí ha conseguido su verdadera finalidad, y ésta no es precisamente la de mejora en los aparcamientos de dichas zonas. En consecuencia, la finalidad sólo puede ser recaudatoria o alguna finalidad oscura que no hemos contemplado.

 

Sin embargo, sabiendo que la medida que no contiene ninguna bondad para dichos barrios, ¿por qué se aplica a Fuencarral y no a la Alameda de Osuna (tan citada en las inauguraciones de Metro por Esperanza Aguirre), por qué a Carabanchel y no a Mirasierra, por qué a Tetuán y no a Puerta Hierro?

 

Dejando claro que la medida, socialmente hablando, sería tan estéril en Fuencarral, Carabanchel y Tetuán como en la Alameda de Osuna, Mirasierra y Puerta Hierro, y que si la finalidad fuese exclusivamente el fin recaudatorio por sí mismo no distinguiría a un grupo de barrios del otro, cabe  la pregunta de por qué el alcalde recauda de los primeros con esta medida y no lo hace con los segundos.

 

La respuesta probablemente sea la misma para las siguientes preguntas: ¿Por qué las calles no han sido asfaltadas desde hace varios años en los primeros y están impecables en los segundos? ¿Por qué se invierten más recursos en conservar el espacio público en los segundos que en los primeros?

 

Es obvio para cualquier madrileño que estos nombres de barrios no son aleatorios que los primeros son de población abrumadoramente trabajadora y los segundos de población económicamente favorecida.

 

Bueno, y ¿por qué el alcalde A. R. Gallardón favorece a los ricos y perjudica a los pobres? ¿Quizás porque el partido popular (PP) representa los intereses de los ricos y poderosos, y es absolutamente normal que Gallardón haga lo propio?

 

Está claro que todo ayuntamiento necesita recursos monetarios para emprender políticas municipales, pero mientras saca dinero de los trabajadores, no lo tiene que sacar de los más favorecidos.

 

De todos modos, un estudio económico del negocio tendría como gastos:

- la pintura gastada en parcelar las zonas azules y verdes del barrio,

- la mano de obra barata de los pintores,

- la instalación de las maquinitas y

- el salario de los controladores

y como ingresos:

- cuota anual pagada por los vecinos por su coche (zona verde),

- los "papelitos" de amigos y familiares que se desplacen de otros barrios -a los que hay que añadir de aquellos que por otras razones también se desplacen a dicho barrio por cualquier razón

- las multas que se generan por coches aparcados que, o bien no tiene el "papelito" o se ha pasado de tiempo y el controlador ha llegado antes que el propietario del vehículo

- los ingresos generados por la zona azul que sustrae un 35% de la superficie disponible en estos barrios.

 

En fin, un estudio económico, considerado así, sin profundizar más, se obtiene del orden de un 40% de beneficios: ¡un “chollo” de negocio!; clientes asegurados de por vida, no tener que luchar para conseguir el cliente, es decir, sin competencia, beneficio 8 veces superiores a beneficios de las empresas industriales.

 

Pero, ¿quién es el mayor beneficiario? De los gastos, el ayuntamiento sólo absorbe apenas el 20%, el 80% restante es el negocio de las maquinitas. La explotación la tiene aquella empresa privada al que se le adjudica como concesión de la explotación. Si el vecino que se siente indefenso y harto le dá por romper una maquinita, el ayuntamiento paga a la empresa de las maquinitas la reposición. Cada vez que ocurre esto disminuimos la cifra de beneficio del ayuntamiento y aumentamos la cifra de negocio de la empresa de las maquinitas. ¿Y si, en realidad, no siempre fuese el vecino harto e indefenso el que rompe la maquinita?, ¿quién puede convencerme -entonces- de que el que rompe la maquinita no está pagado por los interesados? Al fin y al cabo el mantenimiento y reposición tiene más envergadura que la propia instalación. Dicha empresa es la mayor beneficiaria del negocio, de los que habrá que descontar –si es que así lo hace- el regalito por el “tongo” en la concesión. Porque un chollo así es un pastel que atrae a muchas moscas dispuestas a participar del festín ¿O tengo que estar forzado a creer que todo es limpio cuando no hay interés social en la medida? Todo me lleva a creer que Gallardón no ha actuado limpiamente y que él es tan sólo la cabeza visible. ¡Cuántas veces manifestantes han coreado frente al ayuntamiento: "ahí está la cueva de Alí-Babá"!

 

 Todo ladrón, lo es porque roba. ¿A quién roba? Con esta medida es una forma de robar sobre todo vecino que tiene vehículo o en alguna ocasión amigos o familiares vienen a verle con vehículo. Como en las últimas elecciones dichos vecinos votaron mayoritariamente al PP, significa que Gallardón perjudica económicamente a sus votantes pobres (aunque también a aquellos que no le votaron). ¿Indiscriminadamente? No, no seamos cretinos, lo hace a aquellos votantes trabajadores “fachas” que, por convencimiento o por ignorancia le han votado, pues al que no le ha votado sufre la medida a su pesar. De este modo, Gallardón ofende a los vecinos de estos barrios, a sus votantes porque les desprecia lo suficiente como para sacarles el dinero mintiéndoles (perjuicio económico disimulado), y a sus no-votantes porque los desprecia lo suficiente como para sacarles el dinero a la cara (perjuicio económico descarado)

 

Como no-votante del PP no puedo impedir que nos haya hecho esto, tiene el beneplácito de la mayoría en las últimas elecciones, y a regañadientes pago para que no me multen y tener que ser "espoleado" económicamente aún más, pero en cierta medida alerto al votante del PP que es “facha” pero “currito” que se de cuenta de hasta qué punto los representantes en el poder político de los ricos pueden reírse de sus votos al PP, cuando lejos de darles ningún beneficio social se “orinan” sobre ellos con todo desprecio.

 

Después de todo, puedo estar equivocado, y Gallardón sea honesto, quizás él haya terminado por comprender que la medida no sirve a los vecinos y está a punto de retirarla. Por mi parte, estoy dispuesto a creer en esa imagen de honestidad lanzada por los medios, pero –como dijo Jesús- “por sus obras los conoceréis”. Así que, Gallardón, si no retiras la medida seguiré pensando que no eres honesto.

 

 

 
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