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Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo. (Karl Marx)

 
Memoria histórica y amnesia colectiva Imprimir E-Mail
escrito por Juan Carlos Sáez Rodríguez   

              Estamos asistiendo en nuestro país a un debate social y político, sobre la ley de la memoria histórica, que coincide con la beatificación por parte de la Iglesia Católica, de cuatrocientos y pico religiosos asesinados en tiempos de nuestra última guerra civil,…

 

que creo exige una reflexión –no sólo a un nivel político- sino sobre todo existencial. Acerca del tema político, creo que la ley de MH, es meramente humana, en cuanto que los descendientes de las víctimas de la reacción fascista quieren únicamente saber cuál es el paradero de sus familiares, para poder poner unas flores en sus tumbas, pero no se sabe de nadie que quiera ejercer el derecho a defenderlos “legalmente”, es decir, averiguar quienes fueron sus torturadores/asesinos, y poder elevar una denuncia, y así obtener justicia. Nada de esto último lo exige nadie, lo cual suscita un inquietante planteamiento, al que accederé más adelante.

Sobre las beatificaciones de la I.C. de estas personas asesinadas por las “hordas marxistas” (cualquiera que haya visto Franco, ese hombre” sabrá a lo que me refiero), cabría plantearse una pregunta: porqué no se beatifica a los religiosos asesinados por los golpistas, tanto por el ejército franquista, como por las milicias fascistas, no sólo en el país vasco, sino en otras regiones del país. Creo que esto se debe a que la IC es la institución más hipócrita de la que tenemos constancia a niveles históricos, ya que no le preocupa el tema del martirio, sino que obedece a una ideología partidista y tendenciosa. Si hacemos “memoria histórica” sabemos que la IC intentó las beatificaciones de los asesinados por “los rojos” ya en tiempos de Franco, pero los vientos eran otros y en la IC mandaban otros ímpetus, provocados por el Concilio Vaticano II, sin duda suscitados por el hecho de que las dictaduras no son eternas, y siempre cabe la remota posibilidad que el régimen cambie, y alguien plantee recordatorios vergonzosos a la jerarquía católica. Recordemos la labor en nuestro país de monseñor Tarancón, fiel ejecutor de esta política vaticana de “nadar y guardar la ropa”. Hemos de tener en cuenta que estamos tratando con una institución que tiene una antigüedad venerable, y que esta antigüedad viene dada por la habilidad de sus jerarcas a la hora de hacerla inmune a cuantos cambios políticos se den en el seno de las sociedades donde medran. Siempre tengo en mi memoria la repuesta que me dio el cura de “religión” en mi instituto, a la pregunta de por qué la IC no condenó jamás las torturas y asesinatos de la “Santa Inquisición”, alegando de la forma más hipócrita que la IC no fue la ejecutora de dichas sentencias, sino el “brazo secular”, esto es, la justicia estatal. Cualquier comentario a estas alturas sencillamente sobra.

Sabemos también que cuando J.Pablo II accede al papado da luz verde a estas beatificaciones, que permanecían en punto muerto desde los tiempos del CVII, y que casualmente coinciden con la consolidación de la transición en España; recordemos que se ha superado otro golpe de estado, y que por primera vez en muchos años se ha producido un cambio de gobierno –hacia la izquierda-, sin mayores consecuencias por este motivo. Nos situamos en 1982, con la subida al poder político del PSOE. A partir de aquí, cualquier referencia a los hechos acaecidos antes, durante, y posteriormente al régimen de Franco cae deliberadamente en el olvido por parte de las fuerzas políticas que protagonizan la transición, con la “sana” intención de no remover el pasado, y concentrarse en el futuro, que es lo que verdaderamente importa al país. Así, desde Alianza Popular y UCD, como herederos políticos del franquismo; el PSOE, con sus proyectos arribistas, y hasta el PCE, que ya en 1956 introdujo el término “reconciliación nacional” en el eje de su política, acuerdan triunfalmente inducir un “borrón y cuenta nueva” al nuevo proyecto en el que, junto con la IC, y la monarquía salida de los designios de Franco, se determina que la justicia no existe como tal, tratándose a los ciudadanos que lucharon por la democracia, y a los que se rebelaron contra ella en igualdad de condiciones, lo cual, lejos de ser un hecho modélico, es una injuria para todos los que defendieron la legalidad. Así, asesinos y asesinados son equiparados en el mismo nivel.

Hemos sido testigos históricos del final de dictaduras –no sólo de la nuestra-, sino las de otros países, como Chile, Argentina, etc. Hemos presenciado las mismas actuaciones por parte de sus clases políticas, pero no únicamente de éstas, sino también algunos de los descendientes de las víctimas de esas dictaduras, que manifiestan en los medios de comunicación su afán de olvidar y perdonar a los asesinos, y eso cuando manifiestan algo, ya que por lo general, se niegan a recordar aduciendo que el pasado, pasado está, bien por miedo u otras razones más horribles, como que en el fondo “se lo habían buscado” etc.

Lo que merece una reflexión aún si cabe más tremenda, es que estas víctimas de las dictaduras que han sufrido torturas y muerte, ni siquiera sus propios conciudadanos les quieren recordar. Da toda la impresión de que el hecho de haber dado todo lo mejor de sí mismos no sirvió para nada; que en el fondo nada va a cambiar; que la existencia no deja de ser un mero trámite entre el nacimiento y la muerte. Hagas lo que hagas.

Por eso, y otros motivos de los que es posible hable algún día me siento desolado, y profundamente decepcionado de la condición humana.

 
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