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Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo. (Karl Marx)

 
Navidad: estas fechas tan entrañables Imprimir E-Mail
escrito por Juan Carlos Sáez Rodríguez   

 

Hola a todos ¡ya llegó la Navidad! ¡Qué alegría, qué ilusión! y no lo digo sólo yo, sino todas las marcas comerciales de lo que sea.  Ya ni la Iglesia nos lo recuerda; se ve que les hace falta un experto en marketing. ¡Ah! qué tiempos aquellos de mi tierna infancia en que salíamos todos los niños del barrio a pedir el aguinaldo por todas las puertas; cantábamos el villancico y nos soltaban unas pesetillas, que gastábamos alegremente comprando caramelos al  viejo pipero de la esquina… dios mío cuánta austeridad.

 

 

Cuando el cura que nos daba la catequesis nos recordaba lo que significaba la Navidad: la paz en la tierra, el Señor que ha nacido… y todo ese tostón.

 

Cómo pasa el tiempo. Ahora, si vas a la compra en cualquier gran almacén estás condenado con toda seguridad a sufrir el empacho de los villancicos que te torturan por los congelados, los aceites, las conservas, en fin, por toda tu compra, con la sana intención de que hagas tus compras más en situación, o que te acomodes a lo que hay y sobre todo te recuerdan que en Navidad se compra más, sin que nadie se plantee si a algún cliente le puede molestar ese eterno runrún del jodido villancico. Más regalos para tooooodo el mundo: los papás, hermanos, hermanas, cuñados, primos, compañeros de oficina, vecinos enrollados, amigos… Estas fechas tan entrañables te sacan de casa para que agotes tu tiempo libre, tu energía y tu dinero en regalos para todos, y que no se te olvide nadie. Vaya cara que se te pondría si todos te regalaran y tú no llevaras nada la nochebuena en casa.  Para fulanita un bolso, para menganito un disco, para zutanita una prenda y un largo etcétera, que te sacará de tus casillas muy expuestas a tanto desfase agónico. Y para más inri después vienen los reyes magos… Es el nuevo culto que ha sobrepasado al anterior, tan católico. Ahora es bastante catódico; la tele desde recién estrenado el otoño ya te golpea machaconamente con juguetes, turrones y mil cosas hasta el absurdo. Incluso el sempiterno décimo de lotería de navidad se empieza a vender en el verano, no sea que te quedes sin él. El culto al consumismo per se. El atracarse en mogollón de comidas de empresa, y de la familia, que en lugar de recordar a los que se han quedado en el camino, y celebrar sencillamente el hecho de vivir se convierte en una competición a ver quién puede comer y aparentar más… y a beber pastores, como si se fuera a acabar el mundo mañana. Hay que divertirse, es una obligación social más,  porque es navidad.

 

En fin, cada vez que vienen estas entrañables fiestas me siento menos de este mundo tan prefabricado, vacío y mercantilista, así como de aquél de mi infancia tan católico, tan timorato, tan hipócrita…

 

 
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