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Solamente aquel que construye futuro tiene derecho a juzgar el pasado. (Friedrich W. Nietzsche)
 
De la desmembración de la sociedad civil y otras consecuencias de la “flexibilidad laboral” Imprimir E-Mail
escrito por Teodoro Mora Mínguez   

 

 

¿De qué va este artículo? Va de cómo las libertades sociales que tardaron años en hacerse realidad después de haber luchado contra pasados regimenes políticos no democráticos, se llegó a una glorificada democracia y ahora, más de treinta años después, llegándose a ejemplos, tan extremos, como que todavía no se hayan podido desenterrar a los muertos de la guerra civil, poniendo “peros” los que siempre pusieron sus “¡porqué sí!”.

 

 

Pero no es este el tema de que trata este pequeño artículo, para hablar sobre ello están las sociedades y asociaciones que están trabajando para que la “memoria histórica” sea algo más que una idea de los que aún no perdieron la memoria, y quieren tener el derecho, al menos de la justicia histórica debida a sus muertos y la dignidad para sus restos.

 

No, el tema toca más de cerca, en particular, a la situación social y económica circundante y trata de las consecuencias derivadas de la “flexibilidad laboral” debido a la globalización del mercado de trabajo y que lleva a la lenta y progresiva desarticulación social de toda forma de asociación, de reactivación y democratización de la sociedad actual. Esto es así, ya que, bajo el manto de la despreocupada sociedad del bienestar y en particular detrás de la política de privatización de los servicios públicos, consecuencia, a su vez, de la reforma laboral que nos han ido colando los respectivos gobiernos de uno y otro signo, desde la instalación de las E.T.T.’s como presunta solución provisional para la alta tasa de paro de los años 90 con el gobierno socialista de Felipe González, para luego llegar a la privatización de los servicios públicos con el gobierno abiertamente neoliberal de Aznar, con lo que se ve que en grados distintos el bipartidismo ha seguido una similar política, consistente en desarraigar sistemáticamente los derechos laborales, como si se tratara de la “tala de un bosque” que jamás hubiese existido. Esto ha sido llevado a cabo a partir de la puesta en precario de los puestos de trabajo para conseguir el objetivo central de la “flexibilidad laboral” que tan oportunamente fue presentada como panacea de los males del trabajo en este país, hasta convertirlo en uno de los que tienen unas condiciones laborales mas peores, al recortar los derechos de los trabajadores, por más que, este gobierno, en un gesto paternalista, no exento de buena voluntad, así como lo hizo con los “cheques bebé”, quiera ahora poner el salario interprofesional en la cantidad de 600 € de los 450 € actuales, cuando la mayoría de las empresas contrata a sus trabajadores a través de subcontratas por menos de esta cantidad de “salario mínimo” actual y a través de las E.T.T.’s, que se han convertido en el siglo XXI en las mayores “O.N.G. s del trabajo basura” en España.

 

El problema, no está en la cantidad, en el salario que nos quieran poner como mínimo, sino en la calidad del trabajo, en la regularidad y en las condiciones laborales, ahora que la implantación general de la “flexibilización del mercado laboral“, propuesto al nivel de convergencia económica europea, ha convertido a los trabajadores en una mercancía más que se traslada al lugar a donde tengan a bien los dueños o directores de las empresas, el llevar sus negocios.

 

Estas malas condiciones laborales, como se ha señalado, ha sido fruto del afán de “flexibilizar” el trabajo. Es decir, flexibilizar las condiciones de producción y del productor, teniendo que transigir con todo tipo de cambios en la empresa, entre ellos, la “movilidad”, que implica que el trabajador se halle siempre dispuesto a viajar a cualquier parte en donde la empresa decida trasladarse para el beneficio de ella, sea de una ciudad a otra o bien, incluso de un país a otro, cerrándose las empresas de forma unilateral, llevando al despido masivo de cientos de empleados, y todo porque las condiciones laborales en otro lugar, “dan más juego”, o sea, resultan más económicas a los empresarios, es decir les pagan unos salarios más bajos y las condiciones de trabajo son peores, con lo cual, el concepto de “progreso sostenido” o de “crecimiento endógeno”, sólo se cumple siempre y cuando la región no se halle demasiado desarrollada, para no tener que pagar unos salarios –que a su entender- resultan “demasiado caros”: ¡el beneficio de la empresa, ante todo!

 

A ello hay que añadir además, otro tema que, no estando directamente relacionado con la “flexibilidad laboral”, incide también de forma directa sobre las condiciones de vida generales, es el caso de la especulación de los terrenos urbanísticos en las grandes ciudades, que partiendo de ser un bien necesario ahora se trata como si fuera un bien de lujo, aumentando artificialmente los precios de modo astronómico en relación a su localización. La falta de una política que contrarrestara el encarecimiento de los terrenos desde una decidida política de vivienda de alquiler, ha generado el que la gran mayoría de la población se halle endeudada por décadas para poder pagar su vivienda a través de hipotecas sobre éstas o les ha obligado a tener que trasladarse a otras ciudades, también acorde a la “movilización laboral” en lugares de trabajo distantes del foco de población de donde partieron. Como vemos, las cuentas siempre les salen bien a los empresarios, ¿por qué será? Buscan así, estos trabajadores, el derecho a vivir en unas condiciones mejores o con unos precios de vivienda más bajos, cosa, muchas veces, difícil de hacer compatible.

 

No es de extrañar que en estas condiciones pésimas de trabajo y de vida, la tan nombrada “sociedad del bienestar” se convierta en una mera ilusión y un cada vez mayor sector de la población se vea progresivamente, o más bien, regresivamente, empobrecido. Pero las consecuencias de la “flexibilización laboral”, van mucho más lejos que lo que aspira éste país o puedan pensar las políticas económicas conjugadas en Europa, no, esta “flexibilización laboral” es la consecuencia más palpable de la “redistribución del trabajo a nivel mundial”, o sea de la “globalización económica”.

 

Por ello vemos día a día que la tasa de emigración aumenta, ya que, si bien la población emigrante actual no viene de forma esclavizada, sí lo hace forzadamente por las condiciones de penuria económica de sus países.

 

Esta mayor tasa de emigración económica hace, por otro lado, posible el caldo de cultivo de todo tipo de pensamiento y movimientos xenófobos, racistas y, en definitiva de toda visión simplista de los problemas sociales y culturales, que echan la culpa de todos los problemas económicos y sociales a los recién llegados.

 

Así se ve reflejado en los medios de comunicación, en los cuales se destacan todas las noticias que tengan que ver con inseguridad ciudadana o con delitos que hayan cometido ciudadanos extranjeros, sin informar también que esta política de permisividad con la emigración ilegal es una consecuencia, la más extensiva, quizá, de la “globalización laboral” a nivel mundial y que hace que la práctica oportunista de los empresarios españoles, los cuales prefieren tener mano de obra en condiciones de semí-esclavitud y trabajando con pésimas condiciones laborales; que el mejorar las condiciones de todos los trabajadores y admitir a los inmigrantes sólo en igualdad de condiciones, es por la codicia de estos empresarios, -y  que acaba por convertirse en una práctica generalizada- por la que contravienen las leyes comunitarias. Pero éstos se arriesgan pese al castigo de las multas, ya que les resulta harto provechoso, pues gracias a estas prácticas ilegítimas e inhumanas incrementan sus ganancias al contratar a los trabajadores inmigrantes sin derechos, lo cual, después de todas las otras consecuencias que hemos rastreado a partir de la “flexibilidad laboral”, son los factores que desestabilizan el “mercado laboral” y hacen que los derechos laborales se vayan al traste.

 

Para ello no hay que seguir la visión simplista que achaca a los inmigrantes todos los males y que no quiere a ningún extranjero, pero sí poner los medios de vida, para que los ciudadanos que vivan en este país, sean inmigrantes o no, tengan un trabajo y una vivienda dignos, tal como se indica en la Constitución española del 78, y no se quede todo en ser una glorificación de la transición y la democracia.

 

Si nos quedamos en el espíritu vacío, hueco de la forma de la transición y de la democracia como el “mejor camino posible” sin articular propuestas que democraticen la sociedad, y en particular, que den un lugar a los ciudadanos como partícipes de la sociedad y de sus derechos recogidos en tal documento, el camino que nos llevará a todos, tanto a los de fuera que vienen aquí a buscarse la vida (inmigrantes) como para los de dentro que tienen que irse a otro lugar para vivir mejor (emigrantes internos) o para los que se quedan y ven enterradas sus ilusiones entre las cuatro paredes de su hipotecada casa, estaremos caminando conjuntamente, que se podría decir parafraseando al gran comediante y escritor que nos ha dejado recientemente, Don Fernando Fernán Gómez, en un “viaje hacia ninguna parte”.

 
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